El contrato social

Las voces, para negociar una nueva reforma laboral, suenan cada día con mayor intensidad. Son voces de altos representantes: el Sr. Trichet del Banco Central Europeo (BCE) o el insistente gobernador del Banco de España, el Sr. Ordóñez, por citar dos de los actuales portavoces, que no tienen ningún rubor en manifestar y declarar, desde posiciones privilegiadas, los parabienes que en la actualidad representaría una reforma laboral, que flexibilizaría las condiciones de trabajo e introduciría modificaciones muy importantes en el tratamiento de los despidos.

Las voces, para negociar una nueva reforma laboral, suenan cada día con mayor intensidad. Son voces de altos representantes: el Sr. Trichet del Banco Central Europeo (BCE) o el insistente gobernador del Banco de España, el Sr. Ordóñez, por citar dos de los actuales portavoces, que no tienen ningún rubor en manifestar y declarar, desde posiciones privilegiadas, los parabienes que en la actualidad representaría una reforma laboral, que flexibilizaría las condiciones de trabajo e introduciría modificaciones muy importantes en el tratamiento de los despidos.

En España, al menos, se han negociado siete reformas laborales – todas ellas – con un objetivo común – teórico – mejorar la calidad del empleo y la creación de puestos de trabajo; al contrario la realidad es tozuda: más precariedad, que nunca, en los sectores productivos.

Abaratar el despido no resuelve nuestro problema como trabajadores ni contribuye a la generación de empleo ni evita la destrucción de miles de puestos de trabajo, como en la actualidad ocurre; ya que la crisis financiera, que vivimos, deja claro, que los grandes empresarios no tienen ningún problema a la hora de despedir – en algo más de un año – más de dos millones de trabajadores han pasado a engrosar las filas del paro. Aragón es una comunidad que refleja, con claridad, la destrucción de empleo; hemos pasado de los 35.000 parados, de hace un año, a más de los 80.000 parados en la actualidad, lo que ha representado, más que, doblar el porcentaje (del 6% al 14%).

La negociación de una reforma laboral clásica no sirve, para afrontar el cambio, en el modelo de producción, y tampoco sirve, ante la mundialización de la economía.

Más que una nueva reforma laboral necesitamos reformular o diseñar un nuevo “contrato social” que afronte, con garantías y calidad, la dimensión del estado de bienestar. Se requiere ante la situación de crisis generalizada y se necesita, para que la sociedad y los trabajadores no paguemos las consecuencias que, hoy, son palpables y se iniciaron con las políticas, de Ronald Reagan y Margaret Thatcher (conocida como la dama de hierro), de que el mercado se regulaba por si solo y lo resolvía todo; creando permanente riqueza y bienestar. Pues las cosas no han sido y han tenido que intervenir los diferentes estados, con ingentes cantidades de euros de todos los contribuyentes.

Necesitamos el diseño de un nuevo “contrato social”, que afronte la dimensión de los problemas a nivel global y contribuya con fuerza a evitar el desmantelamiento del estado de bienestar y de las conquistas sociales, que tanta lucha y esfuerzo han costado. Es posible hacerlo. Después de la segunda guerra mundial se hizo; ahora estamos en otra guerra: la económica. Tiene que ser posible ponerse de acuerdo.

El gobierno español insiste que somos una potencia mundial. Actuemos como tal, no solo fuera de nuestro país. Hagámoslo en nuestro propio territorio.