Crisis económica e ideológica

Aquel año de 1973 marcó un antes y un después en el devenir de los acontecimientos económicos a nivel mundial. Fue la primera crisis que produjo el petróleo y, a su vez, la década de los 70 representó para España una tasa de parados superior a los 3.000.000; con una economía sumergida que mitigó algunos efectos perniciosos para algunos extractos de la sociedad. Desde entonces, España, en los últimos 35 años, ha ido manteniendo tasas de paro superiores a los 2.000.000 de desempleados, y en la última década, con un crecimiento importante en el PIB, ha permitido, en algún momento, bajar hasta 1.800.000 parados; pero no se ha logrado, a nivel nacional, llegar al porcentaje del 5% - que es la referencia- para que algunos analistas hablen del pleno empleo.

Aquel año de 1973 marcó un antes y un después en el devenir de los acontecimientos económicos a nivel mundial. Fue la primera crisis que produjo el petróleo y, a su vez, la década de los 70 representó para España una tasa de parados superior a los 3.000.000; con una economía sumergida que mitigó algunos efectos perniciosos para algunos extractos de la sociedad. Desde entonces, España, en los últimos 35 años, ha ido manteniendo tasas de paro superiores a los 2.000.000 de desempleados, y en la última década, con un crecimiento importante en el PIB, ha permitido, en algún momento, bajar hasta 1.800.000 parados; pero no se ha logrado, a nivel nacional, llegar al porcentaje del 5% - que es la referencia- para que algunos analistas hablen del pleno empleo.

La década de los 70, y principios de los 80, supuso en la cornisa cantábrica una masiva destrucción de puestos de trabajo. Asturias vivió la reconversión minera, naval y siderúrgica, con una pérdida de empleo cercano a los 300.000 puestos de trabajo. Fue una verdadera sangría, amparada con la entrada en la Unión Europea.

La crisis económica actual denominada, por algunos, como financiera, está destruyendo miles de empleos. Los esfuerzos del capitalismo se centran, con algunos apoyos mediáticos y políticos, en hacernos ver que inyectando dinero vamos a remontar y regenerar los cimientos del sistema capitalista.

La actual crisis, de falta de liquidez, producida y potenciada por las hipotecas basura y otros artilugios de ingeniería económica, va acompañada de una crisis alimentaria que está produciendo desnutrición y muerte en los países menos desarrollados. Por si fuera poco, asistimos a otra gran crisis: la del medio ambiente, con efectos devastadores, por las lluvias torrenciales y zonas desforestadas que contribuyen a empobrecer nuestro planeta Tierra.

En este estado de cosas, y con un maremágnum impresionante de noticias, adquiere gran trascendencia la crisis humanista, el olvido del ser humano. El humanismo debería jugar un rol más importante en la sociedad. Una sociedad consumista que produce un vacío existencial, rompiendo el equilibrio, necesita la humanidad para corregir tanta locura existente: una huída hacia ninguna parte.

Se necesita una revolución cultural que recupere al hombre, en la dimensión que le corresponde, y necesitaríamos establecer unas bases sólidas, donde no sólo la economía sea global; también debe de adquirir una dimensión global el reparto de la riqueza.

Los llamados formatos de los G-8 y G-20, u otros que surjan, son plataformas de imagen y buscan el impacto mediático, siendo poco resolutivas. Pero si de formatos hablamos, existe uno: todas y cada una de las naciones del mundo. Contando con ellas debemos enfrentarnos a los problemas dando solidaridad a la globalización y ofreciendo soluciones a la humanidad. Ese debería ser nuestro norte.