1994
Que el empobrecimiento de los trabajadores es alarmante es una realidad puesta de manifiesto por muchas entidades y organismos públicos, así como por los datos elaborados por el Gobierno de España y de las comunidades autónomas.
Uno de los indicadores de la pobreza es el elevado porcentaje de personas paradas y de aquellas que no cobran ninguna prestación. Paralelamente los salarios reflejan la capacidad de compra de los ciudadanos.
En el año 1994, un peón en GM España tenía una retribución bruta anual de 2.053.000 millones pesetas (algo más de 12.300 euros) y un oficial administrativo de primera 2.817.136 millones de pesetas (unos 16.100 euros aproximadamente).
Han pasado veinte años y aquellos jóvenes, que tienen suerte de entrar hoy en la planta de GME en Figueruelas trabajan con un salario de unos 17.000 euros brutos anuales. Estos datos demuestran – de forma contundente – el retroceso de los salarios y, por consiguiente, del impacto que tiene en el poder adquisitivo.
En este contexto, después de las últimas elecciones al Parlamento Europeo, del día 25 de mayo, algunos líderes políticos de los partidos mayoritarios siguen equivocándose cuando manifiestan que la pérdida de votos ha sido debida a que no han sabido explicar lo que están haciendo y que no han transmitido credibilidad.
La gran mayoría de la ciudadanía sabemos lo que está haciendo el Gobierno de España y la oposición y, también, sabemos lo que ocurre en Aragón, donde el gobierno del PP de la Comunidad Autónoma no corrige los desequilibrios ni crea las condiciones para la generación de empleo y, donde, a su vez, el Ayuntamiento de Zaragoza es gobernado por el PSOE que ha propiciado un agujero económico impresionante ¿más de 300 millones de euros?
Todo ello ha representado que tanto el PP como el PSOE hayan sido castigados fuertemente.
El esfuerzo que deben hacer es corregir el desaguisado que han ocasionado en la sociedad española, tan grande que todo indica que no llegarán con suficiente oxigeno a las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales, entre otras razones, porque han desaprovechado las múltiples oportunidades que, durante muchos años, les ha concedido la ciudadanía. Y porque se han ocupado - una mayoría de la clase política – a los menesteres del robo y de la corrupción contribuyendo con energía a la perdida de credibilidad.
No sirve solo un Congreso Extraordinario como ha comunicado el PSOE o de mandar mensajes o de guardar la cabeza como el avestruz que es lo que esta haciendo el PP, ni de que participe toda la militancia (que está bien).
La ciudadanía ha votado cambio, no el que todos prometen y luego no cumplen, y espera que lo ocurrido el pasado 25 de mayo no sea flor de un día.