Aragón y Ohio

Desde hace unas semanas circula por ahí, bajo el título Aragón es nuestro Ohio, un estudio sobre el voto de los españoles durante esta etapa democrática. Aunque el título lo sugiere, el libro de Piedras de papel, un equipo de once politólogos y sociólogos con blog en Internet, no hace ninguna referencia explícita a cómo votan los aragoneses. Han aprovechado que, desde las primeras elecciones generales de 1977, el partido que gana más escaños en Aragón vence también en el conjunto del Estado, algo que también sucede con Ohio en las Presidenciales norteamericanas, para hacer marketing con su portada y su libro.

Desde hace unas semanas circula por ahí, bajo el título Aragón es nuestro Ohio, un estudio sobre el voto de los españoles durante esta etapa democrática.  Aunque el título lo sugiere, el libro de Piedras de papel, un equipo de once politólogos y sociólogos con blog en Internet, no hace ninguna referencia explícita a cómo votan los aragoneses. Han aprovechado que, desde las primeras elecciones generales de 1977, el partido que gana más escaños en Aragón vence también en el conjunto del Estado, algo que también sucede con Ohio en las Presidenciales norteamericanas, para hacer marketing con su portada y su libro.

Si seguimos su lógica, toda España debería estar pendiente de lo que ahora mismo pasa en el interior de los partidos políticos y en el electorado de Aragón. En ese supuesto, debería ser noticia nacional el desencuentro continuo que viven Podemos o Zaragoza en Común y el PSOE desde las Elecciones autonómicas de mayo, pero el único titular que se ha colado estos días en los principales medios nacionales ha sido la deuda de 200 millones del tranvía aflorada por la Unión Europea. Sin duda, también debería interesar en Madrid si el PP concurre solo a las urnas o lo hace con el PAR de la mano, decisión que puede condicionar el resultado electoral en Teruel y Zaragoza.

Es difícil ahora mismo predecir cómo pueden votar los aragoneses el 20 de diciembre. No sería sorprendente que el castigo electoral al PP fuera menor que en el resto de España. Y parece atrevido pensar en que Ciudadanos alcance aquí la media española que le atribuyen las encuestas. Desde luego, si obtuviera en Teruel el 17 % del voto, ese sería el mejor aviso de que se va a romper el bipartidismo en España. Pero basta fijarse en la debilidad orgánica y de líderes que ha mostrado hasta ahora el partido de Rivera en Aragón para imaginar esa posibilidad como más que improbable.

De todo lo sucedido hasta hoy en tierras aragonesas, lo más transcendente a nivel electoral parece la división de la izquierda, la pugna soterrada, pero casi encarnizada, que vienen sosteniendo Podemos o Zaragoza en Común y el PSOE en el Ayuntamiento de Zaragoza y en las Cortes de Aragón. Hasta hace unos días podía interpretarse que escenificaban conflictos más aparentes que reales, de hecho los hicieron visibles en cuestiones protocolarias o simbólicas. Sin embargo, las ordenanzas fiscales del Ayuntamiento de Zaragoza y los presupuestos del Gobierno de Aragón son la herramienta básica de gestión para el futuro.

Sorprendió que, habiendo dejado claro Podemos desde el principio que venía a sustituir al PSOE, ambos partidos se sintieran obligados a gobernar cada uno una institución aragonesa con el apoyo del otro. Se interpretó que iban a funcionar mediante el mecanismo de compensación mutua, pero cuando Echenique ha hablado de que no habría apoyo en las Cortes de Aragón si no había reciprocidad socialista en el Ayuntamiento de Zaragoza, le han caído encima las acusaciones de chantaje. Es lo que tiene usar estrategias de la vieja política cuando se ha anunciado que se traían nuevos códigos.

Más allá de la retórica política, la relación del PSOE y Podemos quedó negativamente condicionada cuando Pablo Iglesias repitió que su objetivo no era ocupar el espacio de Izquierda Unida, sino ser un partido transversal, a la manera del PSOE hasta hoy.  Hace apenas una semana le oí decir lo mismo a Luisa Broto en La Rebotica y me imagino que se debe hacer difícil apoyar a quien anuncia que lleva colmillos de lobo para comerse tu electorado, es decir tu futuro.

Es posible que esta compleja dialéctica entre las dos fuerzas de la izquierda se repita en otras autonomías. Donde esté pasado algo parecido, el PP se estará frotando las manos. Más aún, si en esas zonas se han roto, como en Zaragoza, las plataformas de convergencia que les hicieron ganar muchos ayuntamientos.  Quedan dos semanas hasta que se cierre el plazo para presentar candidaturas y coaliciones, pero ahora mismo la división de la izquierda en Aragón parece un regalo de navidad anticipado para el centro derecha, Ciudadanos incluido.

No se trata de que la ley D’Hont castigue a los terceros y cuartos partidos – que también –. Lo que están poniendo en juego con esta extraña estrategia política Podemos o Zaragoza en Común y PSOE es la posible desmovilización de los votantes de izquierda, algo que sería aún más grave porque se anuncia una participación alta. Si Aragón va a volver a ser otra vez Ohio, quizá el PP no lo tenga tan mal como están dibujando algunas encuestas: su problema principal está en Zaragoza ciudad, pero allí quienes podían ganarle prefieren combatir entre ellos y su única competencia en el centro derecha aquí apenas se deja ver.  Quizá por eso, hasta se están permitiendo despreciar al PAR, su socio de las elecciones generales que llevaron a Aznar y Rajoy a la Moncloa.