Opinión

Transexualidad y baños únicos en Zaragoza

Hace dos días me llamó una emisora de radio para preguntarme mi opinión profesional, como psiquiatra, sobre la nueva ocurrencia de la corporación municipal de Zaragoza de hacer que los servicios públicos sean comunes. El objetivo, según han dicho, es evitar posibles discriminaciones y el consecuente malestar del colectivo transexual.

Hace dos días me llamó una emisora de radio para preguntarme mi opinión profesional, como psiquiatra, sobre la nueva ocurrencia de la corporación municipal de Zaragoza de hacer que los servicios públicos sean comunes. El objetivo, según han dicho, es evitar posibles discriminaciones y el consecuente malestar del colectivo transexual.

Lo único que pude decir en la entrevista radiofónica es que no entendía los argumentos que nos habían dado los responsables de la medida y que, habiendo problemas sociales muchísimos más graves, me parecían simples fuegos artificiales.

Estos días hemos oído también las manifestaciones de algún político municipal local insistiendo en que había que desterrar por completo la idea de que solo había dos sexos, para una vez más así evitar la exclusión y el descontento que los transexuales pueden sentir al tener que entrar en los urinarios de su sexo biológico que, obviamente, no coincide con el sexo percibido psíquicamente por la persona, siendo esta precisamente la base de su anomalía y que ahora se llama “diversidad”.

Estoy absolutamente de acuerdo que técnicamente el sexo en el ser humano no se puede considerar como un concepto unitario, sino que tiene muchos matices y está compuesto por variables diversas que han llegado a configurar los llamados “tipos de sexo”.

Esto es, todos los humanos tendríamos un sexo genético (establecido por los cromosomas XX -YY), gonadal (testículos y ovarios), germinal (espermatozoides y óvulos), morfológico (pene y vagina), psicológico (percepción subjetiva de macho y hembra), jurídico (aquel sexo que ha sido inscrito en el Registro Civil) y jurisprudencial (modificación del sexo por sentencia judicial).

En condiciones normales; es decir, en la mayoría de las personas, todos estos “tipos de sexo” son coincidentes. Cuando ello no es así estaríamos ante los llamados “trastornos en la identidad sexual” (o transexualismo), situación que la Organización Mundial de la Salud sigue considerando por el momento como anomalía, alteración, trastorno o enfermedad.

Por lo tanto, nos guste o no, y al menos por ahora y dentro de la ciencia oficial, la transexualidad se considera un trastorno codificado en la Clasificación Internacional de Enfermedades 10ª revisión conocida como CIE 10ª. En consecuencia, no se trata de una diversidad por mucho que así se pretenda ver socialmente, sino de una alteración desde el ámbito médico, cuya corrección o tratamiento es asumida por el Sistema Público de Salud, al producir sufrimiento y limitación de la conducta del sujeto y también a veces alteraciones secundarias como la ansiedad o los trastornos afectivos.

Querer influir o modificar algo tan complejo, como es el trastorno de la identidad sexual, con algo tan burdo y simple como el hecho de que todos miccionemos y defequemos en lugares comunes, es simple y llanamente no entender absolutamente nada de lo que es un complejo problema psíquico y demostrar una sublime ignorancia del trasfondo del transexualismo. Hace poco, semáforo con falda; ahora aseos comunes. En el fondo ¡fuegos de artificio y poco más!