El problema del suicidio, en un ámbito también especial como es la Policía Nacional, se puede considerar complejo, con múltiples facetas y que, según como se enfoque, puede levantar ampollas. No es esa mi intención. Como médico psiquiatra solo pretendo señalar el problema e intentar dar algunas pautas para paliarlo.
Lo que expongo a continuación está basado en la información que han proporcionado los medios de comunicación y en algunos datos adicionales que han surgido en los últimos años de fuentes oficiales.
Sin ir más lejos, hace unos días salta la noticia de que policías se habían suicidado el mismo día. Este hecho puntual, pero tan llamativo, ha disparado los comentarios y también la preocupación en uno y otro lado (gestores políticos y sindicatos policiales). La existencia de 10 suicidios en lo que va de 2025 refleja una tendencia preocupante que ha sido objeto de debate durante años, aunque los datos no permiten atisbar una mejoría de la situación.
Lo que está claro es que las cifras de suicidio en la Policía Nacional y la Guardia Civil superan la media de la población general (recordemos que la tasa de suicidios en la población general se sitúa en España en torno a 10 suicidios por cien mil habitantes). Para añadir más preocupación se ha documentado que el suicidio es la principal causa de muerte no natural entre estos colectivos; en 2024, 11 guardias civiles y 10 policías nacionales se han suicidado.
La naturaleza de la profesión policial, con la exposición constante a situaciones de alta tensión, violencia, muerte y trauma, ejerce una presión psicológica extrema que no siempre se aborda de manera adecuada. La salud mental en los ámbitos policiales se considera una cuestión de "máxima urgencia".
A pesar de las denuncias de sindicatos como Jupol sobre la falta de respuesta, es importante señalar que la Dirección General de la Policía (DGP) sí ha puesto en marcha medidas para abordar el problema.
- Plan de Promoción de la Salud Mental: En 2020, la Policía Nacional aprobó un "Plan de Promoción de la Salud Mental y Prevención de la Conducta Suicida". Este plan incluye un Equipo de Intervención Psicosocial y una línea telefónica de atención psicológica las 24 horas, con el objetivo de proporcionar apoyo rápido y confidencial a los agentes. El plan fue incluso reconocido con el Premio Nacional Prevencionar en 2022.
- Protocolos y formación: Las autoridades han implementado protocolos para la retirada del arma a los agentes con patologías psiquiátricas y se han realizado miles de reconocimientos médicos para la detección temprana de estos problemas.
- Colaboración: Se ha destacado la importancia de la colaboración con asociaciones como "Ángeles de Azul y Verde", que también ofrecen apoyo y formación especializada a los agentes.
Aunque el Ministerio del Interior ha tomado medidas, los sindicatos policiales continúan denunciando que estos esfuerzos son insuficientes y no se ajustan a la magnitud del problema. Los principales puntos de crítica son:
- Recursos limitados: Los sindicatos argumentan que la plantilla de psicólogos y los recursos del Gabinete de Intervención Psicosocial no son suficientes para atender a los casi 75.000 policías nacionales.
- Falta de formación preventiva: Se demanda una formación más especializada y obligatoria para todos los agentes, especialmente para los mandos, con el fin de que puedan identificar las señales de alerta y gestionar de manera adecuada a sus equipos.
- Estigma y barreras: Persiste un estigma en el colectivo policial que dificulta que los agentes busquen ayuda psicológica por temor a consecuencias profesionales, como la retirada del arma reglamentaria o la exclusión de ciertos puestos.
En respuesta a la inacción que denuncian, algunos sindicatos han creado sus propios servicios de apoyo. Por ejemplo, Jupol ha puesto en marcha un servicio de atención psicológica telefónica para sus afiliados, lo que subraya la percepción de que los recursos oficiales no son suficientes.
En resumen, la crisis de salud mental en la Policía Nacional es un problema grave y persistente, reconocido tanto por los sindicatos como por la administración. Aunque se han implementado planes y servicios de ayuda, la crítica principal se centra en que estos recursos son insuficientes y no logran mitigar un problema que sigue cobrándose la vida de agentes a un ritmo alarmante.