Opinión

Cuidarse de uno mismo: el mejor regalo que podemos hacer

Cuando llega el fin de año es frecuente hacer un balance de lo conseguido y de lo que nos falta por lograr. Estas valoraciones producen habitualmente cierto grado de estrés, al ver que muchos objetivos planificados el año pasado no se han logrado, sobre todo cuando la carencia es de tipo afectivo/emocional, más que económico/laboral.
rocañin tribuna
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Cuando llega el fin de año es frecuente hacer un balance de lo conseguido y de lo que nos falta por lograr. Estas valoraciones producen habitualmente cierto grado de estrés, al ver que muchos objetivos planificados el año pasado no se han logrado, sobre todo cuando la carencia es de tipo afectivo/emocional, más que económico/laboral.

Es esencial el autocuidado mental, sobre todo en una sociedad cada vez más enferma; ha leído bien, enferma, en la que hay muchos objetos, pero en la que falta el bienestar y la paz emocional. Tenemos tanto que, quizá, por eso no lo podemos o sabemos valorar.

Somos tan afortunados en todo lo material que no nos damos cuenta del auténtico infortunio como es la enfermedad incurable que nos va a arrebatar la vida; la soledad impuesta y agobiante; la falta de afecto en todos los sentidos, la ausencia de respeto y de educación, la ambición desmedida, el que “el fin justifique los medios”, la carencia de honestidad y lealtad…, en fin, de todo lo intangible e incuantificable, lo que no se puede comprar ni vender en Internet, en definitiva, de lo que algunos llaman “valores”.

Desde la consulta de un psiquiatra se observan muchas cosas y es un termómetro para medir la “fiebre social”, y cuando el psiquiatra lleva casi 40 años en el ruedo todavía es más claro y más fácil aventurar algunos diagnósticos. Y eso es lo que me pasa casi todos los días cuando desde mi plataforma de observación, mis consultas, observo con preocupación creciente que hoy, en el siglo de la IA y de la comunicación, en la llamada pomposamente sociedad del bienestar, cada vez hay más personas desgraciadas y afligidas por una percepción deformada de la realidad.

Las cosas no van bien, mejor dicho, van mal. Cada vez somos más infelices y estamos más agobiados por un futuro incierto y lleno de paradigmas. No es un problema de estadísticas médicas, sino de intuición clínica y de experiencia profesional. No es pesimismo, creo, sino realismo fruto de la observación empírica.

Cada vez vemos más personas adictas a sustancias (legales e ilegales) y a conductas (internet, sexo, vigorexia, etc.…) que les hacen sufrir, les quitan la libertad y fomentan fantasmas y miedos. Se ha disparado el número de pacientes desorientados, desubicados, solitarios, que no saben cómo encauzar su vida, y que sufren de forma intensa al compararse con “la gente” y “vivir demasiado pendientes de la gente”.

Es frecuente ver a personas que tienen muchas cosas y no saben qué hacer con ellas. Que se aburren y despotrican incesantemente. Que se autoengañan hasta que llega un momento en el que no pueden hacerlo porque la realidad se impone. Yo les recomiendo, les receto, les prescribo esta lo siguiente:

  1. Planifiquen con un poquito de antelación su vida, pero no olviden nunca que el azar es el rey, y que somos seres humanos llenos de imperfecciones.
  2. Pongan límites y practiquen el arte de saber decir "no". Es imposible agradar a todos.
  3. Trabajen, pero inviertan tiempo en cuidar su cuerpo y su espíritu con 15-30 minutos al día muchas veces será suficiente.
  4. Huyan del perfeccionismo; hay metas inalcanzables, no se las planteen.
  5. Paseen una hora, duerman siete y coman nuestra comida mediterránea clásica, el aparato digestivo es el segundo cerebro.
  6. Eviten el “estrés financiero”. Las cosas más importantes no siempre son las más caras y acostúmbrense a dejar un pequeño remanente para imprevistos.
  7. Intenten cuidar a su familia y dediquen tiempo a las personas verdaderamente importantes en su vida, empezando por uno mismo.
  8. Es normal sentir estrés, nostalgia o, incluso, tristeza. No son siempre enfermedades, sino reacciones normales y esperables en la vida. 
  9. Expresen lo que sienten siempre, con respeto y buenas formas, pero con claridad y honestidad, no es saludable ser “políticamente correcto”.
  10. No olviden nunca que en 3 generaciones, como mucho, nadie sabrá que existimos.

Les deseo sinceramente que el próximo año sean moderadamente felices y que el destino les sonría.