Opinión

Cuidado: ¡Peligro! Estamos llenando la vida de diagnósticos psiquiátricos

Hace unos años a penas se hablaba de la salud mental y de las enfermedades psíquicas y cuando se hacía era a escondidas. Ahora parece que se ha puesto de moda y es raro el medio de comunicación, red social o magazín informativo en el que no se habla de este tema pasando, quizá, a trivializar y a dejar sin contenido claro un problema sanitario, social, legal y político de primer orden.
rocañin tribuna

Hace unos años a penas se hablaba de la salud mental y de las enfermedades psíquicas y cuando se hacía era a escondidas. Ahora parece que se ha puesto de moda y es raro el medio de comunicación, red social o magazín informativo en el que no se habla de este tema pasando, quizá, a trivializar y a dejar sin contenido claro un problema sanitario, social, legal y político de primer orden.

Observo también que se está produciendo, por un lado, un cierto “empacho” social sobre un tema: el de la enfermedad mental, sensible y complejo. Por el otro, al “psiquiatrizar” la existencia ya casi no hay conducta que no tenga un diagnóstico médico-psiquiátrico. Esto, además de ser error conceptual y técnico, es una falacia, ya que hay comportamientos, situaciones o momentos en los que es normal y esperable, por ejemplo, estar triste, comer menos, hablar poco, sentirse solo o tener algún nivel de ansiedad sin que ello conlleve trastorno alguno.

La enfermedad mental y los trastornos psíquicos están determinados por la existencia de una serie de síntomas y signos clínicos que los delimitan y constituyen entidades muy concretas. Abrir el abanico es peligroso, ya que al final “todo” son problemas psiquiátricos y entonces “nada” es un problema psiquiátrico. Y esto es justo lo que un servidor cree que está pasando, en gran medida, en las llamadas redes sociales.

Hoy, ante tanta proliferación de psicoterapeutas, entrenadores emocionales, expertos, influencers, consejeros, todólogos, etc. se están poniendo cantidad etiquetas sobre las personas solo por tener una determinada forma de ser, o por una reacción en un momento concreto, o por una mirada, un silencio, un gesto… que otro, el pseudoexperto, interpreta como anormal, enfermizo o simplemente raro. Y a partir de ahí tenemos una situación que le puede complicar muchísimo la vida a la persona, ya que estos “diagnósticos psíquicos” tienen consecuencias personales, familiares, sociales y legales muy desagradables, y a veces imprevisibles.

Una cosa es ocuparse en tener la mejor salud posible y otra es querer ser perfecto y hacer de nuestra vida un cúmulo de felicidad y dicha. No se puede ser feliz siempre y en todo, es simple y llanamente imposible, la condición humana no lo permite.

La vida es un carrusel, una montaña rusa, una carrera de obstáculos. Eso hay que aceptarlo y llevarlo de la mejor manera posible. La tolerancia a la adversidad y a la frustración es lo que llamamos ser una persona sana, madura psíquicamente y con una buena autoestima. Es decir, lo que en el fondo sería la esencia del bienestar y de lo que algunos llaman felicidad.