El síndrome FOMO: ¿me he perdido algo?
Una de las causas actuales más importantes de nuestra insatisfacción es pensar que me estoy perdiendo cosas, personas o actividades muy interesantes. FOMO es el acrónimo de cuatro palabras en inglés, “Fear Of Missing Out” (miedo a perdernos algo). Este síndrome se muestra con síntomas como malestar o ansiedad ante la posibilidad de poder hacer, tener o relacionarnos con cosas, personas o situaciones que nos resultarían más interesantes que las que tenemos en la actualidad.
Desde la Ilustración, filósofos y sociólogos han definido la libertad como el valor más importante del ser humano. Así Rousseau en su obra “El Emilio” reclama la libertad como el valor fundamental y condición de la felicidad en la naturaleza humana. Precisamente, es esa libertad, la capacidad de elegir entre varias opciones, es lo que está en la base del síndrome FOMO. Y esto lo encontramos todos los días, por ejemplo, en la elección de los platos de una carta o de un menú cerrado. Una vez que hemos elegido, muchas veces nos parece que los platos elegidos por el resto de comensales a la mesa son más ricos que los nuestros.
En tal sentido, ya nos prevenía Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad”. Este libro nos viene a decir que la madurez del ser humano lo aboca a tomar continuas decisiones y, por lo tanto, a renunciar al resto de posibilidades. Esto nos llega a conformar una personalidad pesimista cuando a lo largo de la historia hemos tomado decisiones que nos parecen erróneas, ya que, un tiempo después de haberlas tomado nos parece que nos equivocamos al hacerlo. La angustia en el ejercicio de la libertad, por otra parte, nos señala Fromm lleva a algunas personas a optar por evadir su propia responsabilidad y a buscar que “otros” tomen las decisiones por su parte y, de esta forma, no sufran ese síndrome FOMO, ya que si se pierden algo no es su responsabilidad, sino de esos “otros” que las han tomado por ellos.
Esto nos lleva a una situación muy mayoritaria hoy, en especial entre los adolescentes y jóvenes, aunque también entre personas adultas. La huida del ejercicio de la libertad hace que en la actualidad seamos dominados por las redes sociales, de ahí los “trend topics”; a renunciar a nuestro derecho y deber político no votando o emitiendo el voto a favor de partidos populistas; no asumiendo la responsabilidad de tener hijos; cambiando continuamente de trabajo en función de las tendencias o las opiniones de otras personas; o no aceptando el compromiso de una pareja estable. Todos ellos son ejemplos de dejarse manipular por las tendencias sociales y renunciar al derecho a la libertad, al derecho a decidir.
En cualquier caso, decidir es renunciar a otras posibles alternativas y renunciar es aceptar que hay otras opciones que podríamos haber tomado que a nuestro juicio puedan ser mejores. Decidir, por tanto, es equivocarse, es cometer errores. Y esto viene de una falta de madurez emocional, de una falta de autoestima y autorregulación. Así, las personas que tienen claro quiénes son, cuál es su meta en la vida, toman decisiones, bien es verdad que, meditadas previamente, pero asumen el riesgo de equivocarse y, de este modo, no desarrollan el síndrome FOMO del que hemos hablado.
En consecuencia, usemos nuestra libertad para tomar decisiones meditadas y asumamos que siempre habrá otras opciones que a la larga se demuestren mejores, pero también peores, y todo ello, estando orgullosos de lo elegido sin compararnos con otras personas, sino ejerciendo nuestro proyecto personal, no como el mejor, pero sí como aquél que es totalmente nuestro.