Decía Napoleón, “la victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana”. Eso mismo debe pensar hoy la pobre mujer, cuyo nombre eludo aposta, que ha tenido el dudoso honor de hacerse famosa por su voluntariosa restauración de una pintura del “Ecce Homo” de Borja, esa imagen sagrada de Jesucristo tantas veces representada en la iconografía cristiana.
He de señalar, en primer término, que parece que lo que se ha profanado en la fallida restauración fuera algo así como la Capilla Sixtina o alguna de las maravillas de la humanidad y, lejos de esto, se trata de una pintura que, sin desmerecer a su autor, creo que no consta en ninguna lista de las mejores obras pictóricas de la historia.
Ahora, de repente, viendo el mal resultado de la obra de restauración de la buena feligresa, por otra parte, inconclusa según ella, parece que se ha despertado un interés inusitado y absolutamente cruel, el ver quién la “echa más gorda” en este tema. Para empezar, hasta la prensa extranjera se hace eco del asunto, como si otros acontecimientos más relevantes no tuvieran cabida, señalando incluso algún periódico francés que se había representado a Jesucristo como un chimpancé. No son pocos los que hablan en sus comentarios casi de blasfemia o de iconoclasia.
Yo, públicamente, le ofrezco mi apoyo a esta señora, en el muy bien entendido de que, a pesar del destrozo, ni la pintura vale un disgusto tan elevado, ni por supuesto ella es la responsable del asunto. Parece jocoso que además, según he escuchado en la radio, el Ayuntamiento de Borja pretenda tomar medidas judiciales contra la autora y además, algunos responsables eludan a su costa la culpa que de este destrozo tienen. Qué valor y qué bemoles.
¿Se imaginan alguno de ustedes que esta señora, que afirma llevar varios años con su “obra” lo hizo “motu propio”, sin autorización de nadie, como si fuera una grafitera urbana? Lejos de esto, el propio Consistorio debería analizar si, en primer lugar, se trata, insisto en ello, de una obra tan reseñable y, en segundo lugar, si siendo una maravilla pictórica tal, qué clase de absoluta negligencia en su custodia se ha producido, encargando además su restauración a una amateur con más actitud que aptitud.
Más allá del anecdótico daño al cuadro, me resulta repugnante el oportunismo amarillista y miserable que parece instalado en nuestros “discos duros”, y que inevitablemente nos lleva, más que a sorprendernos por el cuadro, a buscar hacer la chanza a costa de la pintora.
Esta señora ha conseguido renombrar a Borja de una manera extraordinaria, que una pintura irrelevante se torne en lo más comentado en la red, y que además, haya mejorado la economía de la localidad, aunque sólo sea un por unos días, puesto que más de uno ha hecho una parada en el camino para ver el dichoso cuadro. Borja abre El Gran Debate de Telecinco, los informativos, los rotativos e incluso, se prevén visitas multitudinarias a la nueva obra vanguardista creada involuntariamente por esta entrañable vecina.
Lo dicho, el Ayuntamiento debería plantearse qué ciudadano ha hecho más por el pueblo de manera más rápida e involuntaria. Si no la hacen hija predilecta, al menos, no merece el desprecio y el disgusto que se está llevando.