Opinión

La batalla del Guadalquivir

Hace un momento he leído entre los artículos de esta publicación, Aragón Digital, que Rubalcaba contará con nuestro muy querido ex presidente Marcelino Iglesias y con Pérez Anadón en la Ejecutiva del PSOE, tras las elecciones primarias. Hay que reconocer que han sido estos comicios un foco de atención mediático en estos últimos días, y han hecho buena aquella máxima de que "los peores enemigos son los que se encuentran en el propio partido".

Hace un momento he leído entre los artículos de esta publicación, Aragón Digital, que Rubalcaba contará con nuestro muy querido ex presidente Marcelino Iglesias y con Pérez Anadón en la Ejecutiva del PSOE, tras las elecciones primarias. Hay que reconocer que han sido estos comicios un foco de atención mediático en estos últimos días, y han hecho buena aquella máxima de que “los peores enemigos son los que se encuentran en el propio partido”.

Creo que a la luz de los datos, de las caras, de los gestos, de los sudores y de los chillidos que hemos presenciado, las conclusiones son varias. La primera es que, como diría mi admirado Julio Iglesias, “la vida sigue igual”. Esto es, el núcleo del principal partido de la oposición, el que tiene por su representatividad una función clave en este momento, sigue siendo el mismo que fue sancionado por los ciudadanos con una derrota monumental en las urnas. Los que la padecieron, desde el propio Rubalcaba, la achacaban esencialmente a la crisis. Ello es lo mismo que si los jugadores del Real Zaragoza imputasen la derrota a los pitos del minuto 32 o al viento que sopla en La Romareda. Al final, la gente no es idiota, a pesar de que a muchos políticos les resulte así, y saben ponderar una gestión ínfima en su justa medida.

No soy socialista, por si alguno aún lo dudaba, puesto que no hablaría en tal caso con esta libertad. Sin embargo, sí me preocupa su inestabilidad interna, en la medida de que en estos momentos sería, y es, extraordinariamente necesario un compromiso de Estado y una ayuda al partido del Gobierno para poder llevar a cabo las medidas que sean necesarias, con objeto de evitar caer aún más en picado.

En los discursos que pude escuchar del cónclave sevillano, pude advertir como líneas maestras la nula o escasísima autocrítica y dos estilos muy marcados. Chacón salió a ganar, desde un discurso altamente populista (y bien digo altamente, pues he tenido que bajar hasta el volumen de la TV), haciendo uso de los clichés favoritos del público, concatenando eslóganes pero sin dar una mínima muestra de serenidad, de aplomo. Me recordó a Hugo Chávez en “Aló Presidente”, con esa forma rotunda y tan impostada de culminar las frases, como si estuviera dando un mitin al público enfervorecido en la plaza de San Basilio de Moscú en vez de una reunión de compañeras y compañeros en una fase de primarias, donde se espera algo más que demagogia y gritos desencajados. Fue un discurso entrañable, en la medida que de ahí, de las entrañas, brotaba cada argumento. Carme (hasta la derrota, en adelante, Carme de nuevo) buscó lo que técnicamente es la forma más adecuada de hacer un discurso, que es mover sentimientos. El problema es cómo los movió, desde el descontrol de escena, perdiendo el sitio en el escenario, y donde además, insisto, esos argumentos no eran esgrimibles ante barones del partido, sino eran reflexiones de nivel raso.  

Justo lo contrario, aplomo y mucha “mili”, le sobró a Rubalcaba, que toreó al público como él sabe. Dicen los expertos del toro, que el buen toreo es lento y con la muleta abajo. Así lo hizo Alfredo. Nunca le he votado ni le votaré, pero es un tipo con el que me iría a tomar una cerveza, pues me parece una persona inteligente. El problema es la utilización de ese don, algo en lo que no voy a entrar. Alfredo entró desde la humildad, aplicó la sentimentalidad en su justa medida, dejando muy claro a los compromisarios que él representaba la tradición y estructura del partido, que la derrota fue algo inevitable y en el fondo, los allí presentes saben que imputársela a él sería obviar quién fue el capitán del barco durante ocho años. 

Marcelino no se quería mojar, algo no sorprendente en él, aunque es evidente que su inclusión en la Ejecutiva no sólo se sustancia en que, como senador, es miembro nato de la misma, sino también cierta sintonía con Alfredo, representante de la maquinaria del partido, frente a Chacón, heredera de Zapatero. Tengo para mí que si hubiera sido plebiscitado entre todos los votantes socialistas, seguramente sería Carme la nueva secretaria general, con un discurso más simplón políticamente, más “zapateril”, de menos calado que Rubalcaba (que ya es decir, de paso), pero que mueve sentimientos a los destinatarios. En esta ocasión, su emotividad, justo la contraria que cuando mandaba firmes como Ministra de Defensa, donde la voz ni le salía (quizá la emoción previa a sus famosos “Viva España”), le ha jugado una mala pasada.

Pérez Anadón es un sujeto que siempre sabe dónde situarse, y eso en política es encomiable, puesto que la política se parece bastante al fútbol. Si no eres técnicamente bueno, al menos, sitúate entre líneas, porque algún balón te caerá y, si lo enchufas, ganas el partido. Así, Anadón es un jugador no virtuoso técnicamente, digámoslo así pero, sin embargo, con una gran cintura, con una capacidad camaleónica que debe serle reconocida.

El gran perdedor de este congreso, además de Carme Chacón y su garganta ya quebrada de tanto ardor socialdemócrata, es el alcalde Belloch, que salió muy quemado. Sus quejas de lista poco integradora son la forma de crítica velada a su nombramiento. Evidentemente, en una confrontación como la que ha existido, y donde las caras de sus protagonistas hablan de la épica “batalla del Guadalquivir”, Rubalcaba no iba, una vez vencida Chacón, a ofrecerle a sus huestes sitios de privilegio en la Ejecutiva. Ello sería muy bonito, pero reitero que si algo define a Rubalcaba, es ser un tipo listo, de suerte que de integrar, solo lo hará con personas de segunda fila, que no estorben demasiado y que no dinamiten cada ejecutiva, que no se tornen en una “oposición de la oposición”.
 
No sé cuál será el futuro de este partido, y lo digo desde una pretendida visión objetiva. Lo cierto es que los resultados, el fraccionamiento, entiendo que hace de este congreso un punto de inflexión y no un primer paso de cicatrización. Y eso es grave para España, puesto que en estos momentos, el PSOE debería tirar de coherencia, admitir la pésima gestión de ocho años de “brotes verdes y ligera desaceleración” y ponerse a remar para salvarnos de la quema. No es ya cuestión de defraudar a sus votantes, de que se les acuse a los dirigentes del ser del “PPSOE”, sino que estamos en un punto en el que debemos primero asegurarnos la subsistencia, para luego, si quieren, debatir posturas políticas de fondo que sean menester. Primum vivere, deinde philosophari, es decir, primero busquemos el sustento, salvemos la situación en la que estamos, y luego, todas las ideas y filosofías que ustedes quieran.