Los voluntarios de la Expo
Hoy me van a permitir ustedes que les escriba de uno de los patrimonios más importante que tiene la Exposición Internacional de Zaragoza: sus voluntarios. Desde que este proyecto comenzó a caminar con la ilusión propia de una ciudad dispuesta a trasformarse desde la iniciativa de los colectivos ciudadanos, un grupo de hombres y mujeres decidieron arrimar el hombro para, en un ejercicio de civismo más que elogiable, aportar su tiempo y su experiencia para hacer ciudad con mayúsculas.
La Exposición no es de quien la organiza, sino de quien participa. Y en esta lista de participantes están los países, las empresas, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades autónomas, los visitantes y para mí, de forma especial, los voluntarios.
Son la auténtica musculatura social de este gran proyecto de ciudad que es Zaragoza. Pero la ilusión y el civismo han ido a mucho más. En todas las capitales de España e incluso en algunas de otros países hay voluntarios. Esa red de ciudadanos es la que dará consistencia al éxito que sin duda será nuestra Exposición Internacional.
Hoy, en el ecuador del año 2007, cuando su trabajo comenzará a ser cada día más visible, me permito ante ustedes la licencia de hablar de mi casa, de la Expo, para felicitarme por estas personas que tanto ejemplo dan a una sociedad acelerada como la nuestra. Nuestros voluntarios han conseguido decir al mundo que dar tu tiempo para los demás es uno de los mayores gestos de generosidad que se puedan conocer.
Por eso, quiero agradecerles su dedicación. Me siento orgulloso de un equipo de trabajo que está diseñando y ejecutando una Exposición, donde lo más importante no serán los ladrillos ni los espectáculos, sino las personas. Esas más de cincuenta mil personas que son nuestros voluntarios. Muchas gracias amigos.