Opinión

Adán y Eva, esa extraña pareja

Cuando no hay posibilidad de elección, no es posible el amor, me advirtió mi profesor de matemáticas en Barbastro. De ser cierto, ¿no habrá que aceptar igualmente que de la lectura del Génesis no se sigue que Adán y Eva se sintieran unidos por un vínculo amoroso? Primero porque ellos jamás pudieron elegir y, segundo, porque es preciso optar entre amar al otro o conocerlo, aunque sea en sentido bíblico.

Cuando no hay posibilidad de elección, no es posible el amor, me advirtió mi profesor de matemáticas en Barbastro. De ser cierto, ¿no habrá que aceptar igualmente que de la lectura del Génesis no se sigue que Adán y Eva se sintieran unidos por un vínculo amoroso? Primero porque ellos jamás pudieron elegir y, segundo, porque es preciso optar entre amar al otro o conocerlo, aunque sea en sentido bíblico. Un viejo mito de Hollywood, Mae West, advirtió que cuando se veía obligada a elegir (y parece que le ocurría con frecuencia) entre dos males, procuraba elegir el que todavía no había probado.

Aunque la versión más conocida de la creación de Eva tiene su origen en una costilla de Adán, en la Biblia hay dos versiones diferentes sobre la creación de los seres humanos. En el capítulo I del Génesis leemos: “Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen suya lo creó, y los creó macho y hembra”. Sin embargo, el capítulo II ofrece la versión más conocida y aceptada, porque a tenor del salario medio que continúan recibiendo las mujeres por su trabajo, es también la más injusta. Allí vemos que primero creó Dios al hombre y después, alarmado por su soledad, “Hizo Yavé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor y, dormido, tomó una de sus costillas... y de la costilla que del hombre tomara, formó Yavé Dios a la mujer y se la presentó al hombre”.

Tal contradicción entre estas dos versiones tiene su origen en la manera en que se confeccionó la Biblia, a partir de varios documentos anteriores reunidos finalmente en dos versiones en el Génesis. Sin embargo, los judíos creían que el único autor del Génesis fue Moisés y resolvieron la citada contradicción estableciendo una nueva conjetura. Antes de que Eva fuera creada existió una mujer anterior, Lilith.

Siguiendo la primera versión, Lilith fue creada con Adán del barro primordial y, desde el primer momento, tuvo perfecta conciencia de ese hecho. Por eso jamás quiso someterse a la voluntad de Adán. Su indisciplina se manifestó en su rechazo a ponerse debajo de Adán durante el acto sexual, pues semejante postura la consideraba humillante para su dignidad y origen. “¿Por qué he de situarme debajo de ti? Yo también he sido hecha de polvo y soy tu igual”.

Adán insistió en mantener su hegemonía y Lilith invocó el nombre mágico de Dios. Yavé le concedió unas alas y con ellas Lilith huyó del Edén y de Adán, quien sintiéndose solo, porque el sentimiento de la soledad sigue siendo para el varón signo irrefutable del paso del tiempo y señal de vejez, reclamó una nueva compañera, Eva, más dócil y complaciente y dispuesta a no representar un papel protagonista en competencia con el de Adán. Entonces, “El hombre exclamó: Esto sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne y se llamará varona, porque del varón ha sido tomada”.

Tanto la figura como la leyenda de Lilith, y sobre todo su rebelión contra Adán, ha llevado a algunos movimientos feministas a convertirla en símbolo de liberación sexual y de lucha contra el patriarcado.

Que Lilith fuera la primera esposa de Adán lo saben hasta los niños más pequeños, porque la mayoría de ellos conocen o han leído El león, la bruja y el armario del escritor católico C. S. Lewis. La acción transcurre en el capítulo 8: “...en eso basa su pretensión de ser reina. Pero no es hija de Eva. Desciende de la primera esposa de vuestro padre Adán —aquí el señor castor realizó una inclinación de cabeza—, aquélla a la que llamaban Lilith y que pertenecía a la raza de los genios. De ahí es de donde proviene ella por una parte, y por la otra, de los gigantes. No, no, no existe ni una gota de sangre humana en la bruja". “— Por eso es mala de los pies a la cabeza, señor castor —corroboró su esposa.”

“No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino” escribió Shakespeare, aunque a renglón seguido afirmó que la mujer es un manjar digno de los dioses... un manjar que lo guisa el diablo.

A pesar de C. S. Lewis, y algo menos de Shakespeare, Lilith se atrevió a pensar que tenía derecho a su propia voz, derecho a la palabra, derecho a dar nombre a las cosas. Se atrevió a pensar que podía decidir sobre su propio cuerpo, sobre su placer y su sexualidad, porque la finalidad del deseo no es sólo satisfacerlo, sino también prolongarlo.