Los enigmas de una santa convertida en patrona

¿Quién fue Santa Cecilia? ¿Por qué se convirtió en patrona de los músicos? El transcurrir de los años asimiló varias incógnitas y el arte pictórico inmortalizó a la mártir con un sinfín de instrumentos. Y como una imagen vale más que mil palabras, nadie lo dudó y el 22 de noviembre se celebra el día de la santa y el día de la música.

Zaragoza.- Un sinfín de incógnitas rodean la vida y la muerte de Santa Cecilia, quizá demasiadas para dar por sentado que deba ser la imagen de la música y la patrona de los músicos. Pero aun así, lo es. El Papa Gregorio XIII le otorgó esa distinción en el año 1584 (al designarla patrona de la Academia de Música de Roma) y, desde entonces, el 22 de noviembre, día de su nacimiento, se adoptó mundialmente como el Día de la Música.

También los aragoneses siguen con mayor o menor devoción a la santa, a pesar de que no hay muchas iglesias con su nombre. Y el próximo jueves, muchos colegios y Ayuntamientos han organizado los conciertos de rigor con los que celebrar el día de la patrona. La Banda Provincial de Zaragoza, por ejemplo, ofrecerá un recital en la iglesia de Santa Isabel de Portugal el mismo jueves. Y un día antes, aunque en el mismo escenario, hará lo propio el Conservatorio Municipal Elemental de Música de la capital aragonesa.

Las actas de la santa aseguran que Cecilia pertenecía a una familia patricia de Roma, que solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, que ayunaba varios días a la semana y que había consagrado a Dios su virginidad. Sin embargo, su padre decidió casarla con un joven patricio llamado Valeriano. Hasta aquí nada hace presagiar el culto a la música con el que se asocia la vida de la santa, pero todo cambia el día de la celebración matrimonial.

“Venit dies in quo thalamus collocatus est, et, cantantibus organis, illa in corde suo soli Domino decantabat dicens: ‘Fiat cor meum et corpus meum inmaculatum ut non confundar”. Ésta es una de las narraciones antiguas que hablan de la ceremonia y que ha sido traducida como: “El día en que se realizaría la boda, y mientras el órgano cantaba, ella sola cantaba a Dios en su corazón diciendo: ‘Haz mi corazón y cuerpo puro de modo que no confunda”.

Música durante la boda

Una interpretación que sugirió la idea de que Cecilia estaba acompañada de un órgano que tocaba ella misma. Motivo que sugirió a muchos artistas como Rafael, Van Eyck, Poussin, Dolci o Rubens a representarla tocando el órgano u otros instrumentos como la lira, la cítara, el clavicordio, el arpa, el violín… y rodeada de ángeles. Aunque en las propias actas se dice textualmente: “Durante el banquete de boda, mientras la música sonaba, ella entonaba oraciones en la soledad de su corazón, pidiendo que su cuerpo quedara inmaculado”. Una traducción en la que ya no aparece que la santa estuviera tocando instrumento alguno. Incluso, algunos documentos recogen una visión totalmente opuesta a ese amor sosteniendo que la santa rechazó la música durante toda la ceremonia calificándola como “el mortal canto de sirenas que impulsa a los inocentes a poner en peligro sus vida”.

Sea como fuere, Cecilia contrajo matrimonio con Valeriano vestida con una túnica blanca de lana, ceñidor también blanco y un manto color fuego, símbolo de inocencia y amor. Pero el novio se tropezó con una desagradable noticia durante la noche de bodas que el investigador Jesús Martí Ballester ha narrado con todo lujo de detalles: “Joven y dulce amigo, tengo un secreto que confiarte. Júrame que lo sabrás respetar”, le dice la novia en la cámara nupcial. Y continúa: “Cecilia es tu hermana, es la esposa de Cristo. Hay un ángel que me defiende, y que cortaría en un instante tu juventud si intentases cualquier violencia”.

Una declaración que a Valeriano coge por sorpresa y con mayor o menor enfado, dependiendo del investigador. El comprensivo marido le pide a Cecilia poder ver ese ángel para creer en sus palabras, todo un gesto que le honra si recordamos que Cecilia y Valeriano viven en un momento histórico en el que el cristianismo está prohibido y perseguido en el Imperio Romano. “Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo, verás al ángel”, le confiesa Cecilia.

Algunas traducciones la presentan cantando al son de un órgano el día de su boda 

Valeriano accede a ser bautizado y cuando vuelve al encuentro de su esposa ve un ángel de pie junto a ella, que coloca sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosa y lirios. Así que el marido no pudo más que respetar a su mujer y hacer del cristianismo también la causa de su martirio. Incluso convenció a su hermano Tiburcio de que siguiera sus pasos y ambos fueron arrestados y condenados a muerte por sepultar los cuerpos de cristianos.

Asfixiada y decapitada

Seguidamente, el tribunal reclamó la presencia de Cecilia para que abjurase de su fe y, en lugar de conseguirlo, el Papa Urbano la visitó en su casa y terminó bautizando a cuatrocientas personas más. El prefecto Almaquio, totalmente indignado, la condenó a morir sofocada en el baño de su casa, pero por más leña que los guardias echaban en el horno, Cecilia resistía y, según algunas biografías de la mártir, “cantaba gozosa”. Al día siguiente, decidieron cortarle la cabeza y hasta tres veces cayó la espada sobre su cuello aunque, según algunos textos, la santa resistió con vida esperando volver a ver al Papa Urbano antes de morir.

También en este punto una mala trascripción ha podido dar pie al patronazgo de la santa. “Morte candentibus organus” es el texto que aparece en la liturgia y puede traducirse por “murió con los órganos quemados”. No obstante, algunos textos recogen la frase “Morte cantantibus organus” y la traducen como “murió cantando”.

Los cristianos recogieron el cuerpo de la mártir y, sin cambiarlo de postura, lo inhumaron en un arca de ciprés. Catorce siglos más tarde, la encontraron en la catacumba de San Calixto y abrieron el arca a petición del escultor Maderna que trabajaba en una estatua para la iglesia de Santa Cecilia de Roma. “Yo vi el arca, que se encerró en el sarcófago de mármol y dentro, el cuerpo venerable de Cecilia. A sus pies estaban los paños empapados en sangre (…). Podría verse, con admiración, que este cuerpo no estaba extendido como los de los muertos en sus tumbas. Estaba la castísima virgen recostada sobre el lado derecho, unidas sus rodillas con modestia, ofreciendo el aspecto de alguien que duerme”, describe el testimonio del cardenal Baronio.

A pesar de las actas de la santa, toda su biografía no deja de ser una incógnita repetida de boca en boca y que algunos escribieron con mayor o menor acierto. La razón original del culto de Santa Cecilia reside en que estaba sepultado en un sitio de honor por haber fundado una iglesia entre el siglo II y el siglo IV, ya que ni en cuanto a la fecha se ponen de acuerdo los historiadores.

“Podemos imaginarnos a Cecilia cantando gozosa en el cielo, pidiendo al Señor que nosotros seamos dignos de cantar las alabanzas de Dios por las maravillas que obra en el mundo, unidos a su alma, limpia y enamorada”, escribe Santo Tomás. Y como él, muchos se imaginaron a la mártir en tales lides, quizá más por la tradición oral que por los textos, y las pinturas con imágenes de la santa tocando instrumentos en iglesias y basílicas se extendieron por medio mundo encumbrándola, quizá más de hecho que de derecho, como la patrona universal de los músicos. Y para llevar la contraria, Europa celebra el 21 de junio su secular Día de la Música.

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