Zaragoza refuerza un programa para proteger a menores vulnerables y alejarlos de calle en nueve barrios
Dirigir a los niños y adolescentes entre 8 y 16 años en situación de vulnerabilidad o conflicto social que pasan la mayor parte de su tiempo libre en la calle a recursos municipales como ludotecas, centros deportivos o centros de empleo es el objetivo del programa de Educación de Calle del Ayuntamiento de Zaragoza. La iniciativa pretende que los menores puedan dejar ese entorno y desarrollarse a nivel social y personal con el fin de tener un “mejor” futuro.
La medida se implanta en nueve barrios de la ciudad: Delicias, Oliver, Valdefierro, Las Fuentes, San José, Torrero-La Paz, Actur-Rey Fernando, Arrabal y Casco Histórico. Según ha señalado la consejera de Políticas Sociales, Marian Orós, la iniciativa busca que puedan dejar ese entorno de calle “para garantizar el derecho a protección frente a la violencia y discriminación y acompañar para que tengan un desarrollo adecuado”.
El programa cuenta con un presupuesto de 2.930.952,12 euros por un periodo inicial de tres años, prorrogable por dos años más. Esta cuantía se ha reforzado en un 45% respecto al anterior contrato para actualizar los salarios del personal, mejorar el servicio y adaptar los horarios para posibilitar la realización de actividades puntuales en fines de semana.
LA FIGURA DEL EDUCADOR
En todos los barrios, el programa contacta e interviene con la población infantil y adolescente que ocupa su tiempo libre en la calle, con la finalidad de insertarla en otros recursos más estables, a través de un acercamiento en su propio entorno. Este acercamiento se realiza a través de la figura de los educadores que buscan establecer relación con los grupos de menores para promover los cambios que les permitan lograr su desarrollo. Orós ha señalado que son estas personas quienes tiene que ser “figuras de referencia” para los menores, sobre todo aquellos que tienen familiares ausentes.
Se distinguen diferentes fases en la intervención. La primera es la de observación y contacto, dirigida a establecer contacto para intervenciones futuras, y la segunda fase, la de intervención educativa. Por último, se realiza un seguimiento, a través de contactos puntuales posteriores al cierre de la intervención.
En el último año, los educadores de calle contactaron con 516 menores. En la segunda fase, se trabajó con 48 grupos compuestos por 380 menores, y a nivel individual con otros 19. En la fase final, el seguimiento se dirigió a 152 jóvenes en el último año.