Zaragoza se prepara para el frío con el Albergue lleno y más personas viviendo en la calle

Personas sin hogar
Con el invierno a la vuelta de la esquina, la prioridad del Ayuntamiento es clara: que nadie duerma en la calle

La escena se repite cada noche en el parque Bruil: sacos de dormir, mantas, lonas de plástico, mochilas apiladas y un puñado de personas que buscan refugio en medio del otoño zaragozano. La jefa de Servicios Sociales Especializados del Ayuntamiento, Yolanda Mañas, admite que la situación preocupa, aunque aclara que el cierre nocturno de la estación de autobuses de Delicias no ha provocado un aumento significativo en la zona. “Puede que alguna persona se haya desplazado allí, pero no hemos visto un cambio grande”, señala.

Lo que sí parece evidente, según Mañas, es que el sinhogarismo ha crecido de forma notable en Zaragoza. El Albergue municipal está lleno “prácticamente desde primavera” y se han detectado asentamientos en distintos puntos de la ciudad. El fenómeno, explica, no es exclusivo de Zaragoza: “Está ocurriendo en todas las ciudades españolas, y tiene que ver con los movimientos migratorios y con la situación social y económica del momento”. A finales de noviembre se realizará un recuento global que permitirá comparar los datos con los de hace dos años y tener una radiografía más precisa del problema.

UNAS 150 PERSONAS VIVEN EN ASENTAMIENTOS CHABOLISTAS

El seguimiento de las personas que viven a la intemperie o en asentamientos corre a cargo de un equipo municipal en colaboración con la Fundación Adunare. “Recogemos avisos de vecinos, de la Policía Local o de otros servicios y visitamos los lugares periódicamente”, explica Mañas. Gracias a ese trabajo, el Ayuntamiento mantiene un mapa actualizado de los puntos más vulnerables. En cuanto al chabolismo, la situación se mantiene estable —entre 120 y 150 personas—, pero el perfil del sinhogarismo está cambiando: jóvenes recién llegados de Mali o Burkina Faso, posibles solicitantes de asilo, y trabajadores con bajos ingresos que no pueden acceder a una vivienda por el alto precio o la desconfianza de los propietarios.

Con el invierno a la vuelta de la esquina, la prioridad del Ayuntamiento de Zaragoza es clara: que nadie duerma en la calle. Como cada año, el operativo de frío se activará en noviembre, cuando las temperaturas bajen de los cinco grados o haya condiciones adversas. Los pabellones municipales volverán a abrirse como alojamientos de emergencia, aunque la reforma del albergue —que debía ofrecer espacios más dignos y mejor equipados— no estará lista hasta finales de mes. “Estamos buscando alternativas para cubrir ese hueco”, apunta Mañas. “Trabajamos sin descanso para que nadie pase el invierno a la intemperie”.