Zaragoza se ha propuesto acabar con las erratas en sus calles. En una curiosa cruzada por la ortografía, el Ayuntamiento ha comenzado a corregir miles de placas que, durante años, han paseado nombres sin tildes por toda la ciudad. Lo que a simple vista puede parecer un detalle menor, señalan fuentes municipales, se convierte ahora en una apuesta por el buen uso del lenguaje y por cuidar hasta el último rincón del espacio urbano.
En total, serán unas 5.000 placas las que se revisen y corrijan a lo largo de un año. El trabajo ya ha comenzado: de las 98 zonas en las que se divide la ciudad, 14 ya están listas. Un par de veces por semana, dos operarios recorren las calles con plantillas y pintura en mano. Con paciencia, un escalerilla y precisión, transforman puntos en tildes o añaden los acentos que faltan, respetando siempre el diseño original de las placas cerámicas.
COSTE MÍNIMO
Este pequeño gesto tiene un coste mínimo. Señalan desde el Ayuntamiento de Zaragoza que solo cuesta 55 euros el tipo de pintura que utilizan. Pero más allá del presupuesto, lo que realmente importa es el mensaje. Las mismas fuentes municipales aseguran que se trata de una forma sencilla de embellecer Zaragoza, apostando por el detalle, la corrección lingüística y el respeto por la cultura escrita.
Las placas que visten las esquinas zaragozanas son parte del paisaje de la ciudad: muchas de ellas fabricadas en cerámica, con letras azul cobalto sobre fondo blanco, suelen colocarse a tres o cuatro metros de altura. Muchas de ellas fueron creadas en épocas en las que las tildes no eran necesarias cuando se escribía en mayúscula, y ahora les ha llegado el momento de ponerse al día con el diccionario.