Pedro Gil baja la persiana de Casa Buisán tras 44 años dedicados al sector: “Internet me termina de matar"

Pedro Gil es el propietario del establecimiento desde hace 15 años
El local, uno de los bares más populares de El Tubo de Zaragoza, se ofrece en traspaso

La persiana de Casa Buisán, en la calle de José Pellicer Ossau, 1, sigue levantándose cada día en pleno Tubo de Zaragoza. Sin embargo, este gesto podría tener fecha de caducidad. Pedro Gil, propietario del establecimiento desde hace 15 años, y con una trayectoria de 44 en el sector hostelero, ha decidido traspasar el negocio y poner punto final a una vida entera detrás de las barras.

El local, uno de los bares más populares y reconocibles de la zona, se ofrece en traspaso. Gil lo cogió cuando estaba vacío y lo convirtió en una referencia tras haber gestionado previamente otros dos bares en el entorno de El Tubo. “Estaba el local vacío y lo cogí”, resume con la naturalidad de quien siempre ha entendido la hostelería como un oficio más que como una empresa.

  1. PRINCIPALES MOTIVOS PARA EL TRASPASO DE CASA BUISÁN
  2. CIERRE TRAS MUCHOS AÑOS DE SACRIFICIO DEDICADOS AL SECTOR

PRINCIPALES MOTIVOS PARA EL TRASPASO DE CASA BUISÁN

A sus 64 años, la fatiga ha terminado imponiéndose. “Estoy ya cansado del oficio”, explica. No es una decisión tomada de un día para otro. Lleva cerca de dos años intentando encontrar a alguien que continúe con el proyecto, sin prisas, pero con la certeza de que el momento ha llegado. “Cuando me jubile, ¿qué hago?”, se pregunta, consciente de que cerrar una etapa tan larga no es sencillo.

Estoy ya cansado del oficio

Entre los motivos que le han empujado a dar el paso no solo está la edad. Gil apunta a las dificultades crecientes del sector, especialmente la falta de personal y el cambio en la relación con los clientes. Pero si hay un factor que, según él, ha marcado un antes y un después es internet.

El hostelero habría deseado que el negocio continuara en manos familiares

“Internet es el que me termina de matar”, afirma con rotundidad. Sin redes sociales ni presencia digital propia, ha visto cómo los comentarios y reseñas online pueden condicionar la reputación de un negocio. “La gente que se va contenta apenas pone nada, pero al final te matan mucho las reviews”, señala acerca del día a día tras la barra de su establecimiento.

La gente que se va contenta apenas pone nada, pero al final te matan mucho las reviews

CIERRE TRAS MUCHOS AÑOS DE SACRIFICIO DEDICADOS AL SECTOR

Pese a todo, Gil no reniega de su clientela. “La mayoría son buenos”, aclara, aunque reconoce que basta un mal encuentro para estropear la jornada. Jornadas, por cierto, que han sido interminables durante años. “Me he pegado tres años sin tener un día de fiesta”, asegura. Desde el pasado verano, admite, no ha guardado descanso ni un solo día.

El hostelero habría deseado que el negocio continuara en manos familiares, pero sus hijos han optado por otros caminos. “Los entiendo”, dice sin reproche. Tampoco ha comunicado oficialmente su decisión a la plantilla, aunque el rumor ya circula. Casa Buisán sigue funcionando con normalidad mientras se busca un relevo que mantenga vivo el espíritu del local.

Me he pegado tres años sin tener un día de fiesta

Pedro Gil no sabe todavía qué echará más de menos cuando llegue la jubilación. Quizá los primeros meses pesen más que el resto. Lo que sí tiene claro es que, tras más de cuatro décadas de sacrificio, ha llegado el momento de bajar el ritmo, aunque la persiana aún tarde un poco en cerrarse definitivamente.
 


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