"Lo volvería a repetir otra vez". La frase de María Pilar resume medio siglo de vida compartida con Manuel. Juntos celebran este año sus bodas de oro en el restaurante Aura de Zaragoza, rodeados de cientos de parejas zaragozanas que, como ellos, se casaron en 1975 y hoy vuelven a mirarse como entonces, medio siglo después, con la emoción de quien sabe que una vida entera cabe en una sola historia de amor.
La celebración de las Bodas de Oro organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza ha reunido este año a más de cuatrocientas parejas que han cumplido 50 años de matrimonio. En un ambiente festivo y lleno de recuerdos, la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, ha querido acompañar a los matrimonios en esta jornada tan especial, marcada por la música, el baile, una comida de homenaje y un momento muy especial: ver de nuevo sus fotos de boda, que por primera vez han cobrado vida gracias a la inteligencia artificial.
Entre las mesas, las historias se repiten y al mismo tiempo son únicas. Manuel recuerda que han sido "50 años muy bonitos", aunque no han faltado momentos difíciles. "Hemos pasado nuestras calicañas, momentos buenos, malos y duros", admite, mientras mira a María Pilar. Ahora celebran rodeados de su familia: dos hijos ya casados y tres nietos que, bromea, "se quieren de otra manera" o, en otras palabras, "los maleducamos".
MEDIO SIGLO DE VIDA COMPARTIDA
Para muchos de los asistentes, la jornada es también un reencuentro con la memoria. En la mesa de Mercedes y Pascual, por ejemplo, la celebración es doble. Ellos han acudido junto a sus cuñados, Estrella y Evaristo. Los cuatro se casaron el mismo año, aunque en meses distintos, unos en abril y otros en noviembre. "La esperanza nunca se pierde, esperábamos llegar a este día", cuenta Mercedes. En estos cincuenta años, dice, ha habido "cosas buenas, malas y regulares", pero todo se supera con familia, con hijos, con nietos y también viajando juntos, como cuando hace poco escaparon a Nerja o a Cantabria.
En otra mesa, las historias familiares se entrelazan todavía más. Nieves y su marido Santiago recuerdan que unos primos también presentes en la celebración se casaron exactamente el mismo día que ellos. Aquello obligó a la familia a dividirse entre dos bodas, algo impensable hoy pero muy habitual entonces, cuando se invitaba a toda la familia. "Hemos tenido luces y sombras, como en todos los matrimonios", explica Nieves, convencida de que el secreto es sencillo: amor y paciencia.
Quizá por eso el ambiente en Aura era este martes más que una fiesta. Era la celebración de una generación entera que ha compartido vida durante cinco décadas, superando dificultades y sumando alegrías. Y mientras suena de fondo "Mi querida España" y las fotos en blanco y negro pasan en carrusel, algunos se dan cuenta de que, después de todo, el amor también sabe cumplir cincuenta años.

