Lituénigo celebra su Pesaje de los Niños, una tradición que se remonta al siglo XVII
Lituénigo.- Un año más, la localidad oscense de Lituénigo ha revivido su tradición más famosa: el Pesaje de los Niños. Un total de veinticinco bebés han sido pesados en la Plaza de la Iglesia, el mismo lugar donde comenzó a celebrarse esta fiesta hace ya más de trescientos años. El primero de los niños se dirige hacia la báscula
Tras la misa, los mayordomos del pueblo han recorrido las casas de Lituénigo para recoger el trigo que aportan los vecinos. Después, pasadas las doce del mediodía, ha comenzado el desfile de niños que, uno a uno, han pasado por la balanza romana: en un extremo se ha colocado cada bebé y en el otro su mismo peso –aproximadamente- en trigo.
Esta vez han participado un total de 25 retoños, todos ellos nacidos en el último año, tal y como marca la tradición. Una cifra inferior a la del año pasado, debido en parte al descenso de nacimientos en el propio pueblo. Pero el bajón no se ha notado en la afluencia de público que, como siempre, ha abarrotado la Plaza de la Iglesia.
La mayoría de los bebés pesados son de Tarazona, aunque también han participado niños de otros puntos de la comarca e incluso de Zaragoza.
La subasta
Tras el pesaje, ha tenido lugar la también tradicional subasta del trigo. Las familias de cada niño han aportado un total de 792 kilos de grano, a los que ha habido que añadir el recogido por la organización en el propio pueblo. En la subasta, como siempre, han participado gentes del pueblo, pero al final ha sido Isabel Chueca, descendiente de Lituénigo, la que se ha llevado el grano.
La subasta ha alcanzado los 13.038 tantos y, en total, la ganadora deberá pagar el año que viene un total de 533,70 euros. El dinero que se recauda va destinado a financiar mejoras en la iglesia. De hecho, este año se ha restaurado la peana de San Miguel gracias a las aportaciones de años anteriores.
Una tradición arraigada
El Pesaje de Lituénigo tiene sus orígenes en el siglo XVII, cuando un matrimonio del pueblo, ante la imposibilidad de tener hijos, pidió ayuda a un familiar de Tarazona que era monje capuchino. Fray Matías aseguró que el cielo escucharía el deseo de la pareja, que prometió donar a San Miguel tantas talegas de trigo como pesara su retoño. El niño nació y los padres cumplieron la promesa delante de todo el pueblo.
Así comenzó una tradición que se conserva desde entonces y, con el paso del tiempo, aumenta en popularidad. De hecho, está declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. "Todos hemos sido pesados, mis padres, mis abuelos... me han pesado a mí, yo he pesado a mis hijos y si Dios me da salud, pesaré a mis nietos", ha afirmado José Luis García, uno de los miembros de la organización.