"La Expo ha sido la operación de marketing más costosa de la Zaragoza del nuevo milenio"

La periodista Diana López ha dedicado diez meses de trabajo a perseguir el nombre de Zaragoza en los titulares de prensa. Recopilando los más significativos, ha conseguido armar un viaje por la Expo que ha dado como resultado El cachirulo de las vanidades, un libro cargado de ironía que analiza minuciosamente las informaciones vertidas.

Zaragoza.- ¿Fue la Exposición Internacional 2008 un éxito? ¿Tuvo la repercusión esperada? ¿Se hizo un buen uso del dinero del contribuyente? Todas estas preguntas tienen su respuesta en un libro: El cachirulo de las vanidades, una recopilación de los titulares de prensa más importantes y representativos sobre la Muestra que tuvo lugar el pasado verano.

La periodista Diana López ha estado más de diez meses realizando el trabajo de documentación junto a Rafael López Insauti. López ha trabajado en medios regionales de prensa escrita y televisión, ha sido guionista de documentales y actualmente se encuentra escribiendo su primera novela.

Pregunta.- ¿Qué encontrará el lector en El cachirulo de las vanidades?
Respuesta.- Es un libro poco usual. El escenario es la Expo y con él hemos pretendido ir más allá recogiendo titulares que, aparentemente, ya habían caducado y los hemos convertidos en un libro. La Expo es la excusa, pero tratamos de hacer una reflexión sobre los mecanismos del poder para exagerar, tergiversar datos y hacer afirmaciones rimbombantes que no se corresponden con la realidad.

P.- ¿Por qué han elegido como escenario la Expo para un libro de este cariz?
R.- Por el exceso de información que hubo. La hiperinformación también es una forma de censura. Además, la Muestra fue muy importante a nivel local, no sólo en 2008. La lluvia de titulares comienza en 2004 y continúa hoy en 2010, así que nos parecía muy importante parase a pensar. No hay que obviar que la Expo ha sido la operación de marketing más costosa de la Zaragoza del nuevo milenio.

P.- ¿Por qué ese título?
R.- Va con el espíritu del libro. Hemos querido contrarrestar la seriedad de la prensa escrita con textos que fueran hilando la historia. El título recoge esa ironía. El cachirulo es un símbolo por excelencia de lo baturro, de lo local. La Expo también fue eminentemente local y en ella hubo mucha vanidad. Una de las palabras más repetidas fue el éxito.

P.- ¿Se sobreestimaron las expectativas?
R.- Sí, por supuesto. Por un lado con el número de visitantes porque la posibilidad de entrar y salir del recinto, junto a los pases de temporada, equiparó visitas con visitantes y favoreció el cómputo global de resultado. Las visitas previstas alimentaron un éxito desaforado y ese efecto Expo se pretendía contagiar a todos los sectores: hostelería, taxis, etc.

La periodista considera que el mensaje "Agua y desarrollo sostenible" pasó a un segundo plano

Desde el poder también hubo un claro afán por alimentar esas expectativas, aunque a medida que pasaron los días perdían importancia. El contador era muy claro y las visitas fueron menos de las esperadas, por lo que se fueron cambiando las cifras por los contenidos expositivos. A ese nivel sí hubo una clara intencionalidad por sobrealimentar unas expectativas demasiado ambiciosas.

P.- En ese momento, ¿la prensa fue crítica o contribuyó a alimentar esas expectativas?
R.- En esa euforia participamos todos y los medios de comunicación realizaron muy bien su trabajo. En ese tiempo había una fuente, Expoagua y, quizá, sí se le pueda culpar de alguna manera de exagerar, pero en líneas generales la prensa hizo muy bien su trabajo. En el libro está demostrado.

P.- ¿Cree que fue fácil vender a la opinión pública aragonesa esas expectativas?
R.- Es fácil si desde el otro lado de la orilla del poder hay un cierto adormecimiento, apatía o desconocimiento. Además, en esos momentos los ciudadanos no podíamos absorber toda la información que se publicaba porque unos temas acabaron tapando a otros. Hubo hechos muy concretos que se nos pasaron por alto y este libro demuestra que es fácil dar gato por liebre.

P.- ¿Se mintió durante la Expo?
R.- La palabra mentira tiene una carga muy fuerte, aunque tampoco me da miedo porque hemos utilizado buenas fuentes: prensa y el tribunal de cuentas. El tribunal de cuentas no entra a valorar si se mintió o no, eso lo puede sacar cualquier lector, pero sí que es mucho más sensato, sobre todo, en la cifra final de visitantes. Los gestores de la Expo aseguraron que se llegó a los cinco millones y medio de visitantes y el informe publicado en mayo de 2009 dice que fueron algo más de cuatro millones y medio.

Según "El cachirulo de las vanidades" la navegación es la atracción más cara de Zaragoza

P.- Dedican un capítulo entero a la navegación fluvial, un tema del que se habló y se sigue hablando mucho.
R.- El azud fue una obra muy controvertida que pretendía favorecer la navegabilidad. Sin embargo, desde 2005 los expertos advierten de que va en contra del lema, la sostenibilidad. Es un capítulo que está lleno de tropiezos. En 2008 los barcos se topan con la cabezonería del Ebro. El problema está en que se intentó adaptar un río mediterráneo a unas embarcaciones que no funcionaron.

Hay una contradicción tan evidente entre una exposición internacional que está dotada de un contenido a favor del medioambiente y las opiniones de los expertos que dicen que perjudica las condiciones del Ebro. Hoy por hoy, el tema está en los juzgados por un presunto delito contra los recursos naturales y la reordenación del territorio.

P.- ¿Pasó a un segundo plano el contenido y mensaje de la Muestra: sostenibilidad, ahorro y agua?
R.- Se habló mucho y bien. Hubo gente que hizo muy bien su trabajo, pero uno de los fracasos de la Expo es que no fue una exposición sostenible. Se habló mucho, pero en sus actuaciones y en su política no se apostó por el medioambiente. De hecho, Expoagua tenía dos objetos sociales: por un lado organizar la Muestra, que se hizo muy bien, y por el otro, la producción y venta de energía a través de fuentes renovables.

Pues bien, la Expo consumió la electricidad de 20.000 familias, pero sólo recuperó un 6% en energía solar. Además, el parque eólico que estaba previsto nunca se llegó a hacer. Por tanto, se incumplió ese objeto social.

Legado de la Muestra Internacional

P.- Los iconos de la Expo, Pabellón Puente, Torre del Agua, Pabellón de España, escultura “Splash”, continúan a fecha de hoy sin uso. ¿Cuál es su balance de la post-Expo?
R.- Uno de los activos de la Muestra que tendríamos que tener son los iconos de la nueva Zaragoza, pero representan un modelo de arquitectura que hoy por hoy tiene difícil reconversión. En este sentido, la Expo tampoco fue sostenible. Si esos iconos no van a poder ser disfrutados, difícilmente podemos hablar de unas infraestructuras sostenibles.

A día de hoy no sabemos qué está pasando con estos edificios, pero intuimos que puede haber problemas estructurales en su reconversión. Todo ello es ejemplo de una mala arquitectura. Hemos hecho como en los equipos de primera división, se ha fichado a grandes figuras, como Zaha Hadid, pero luego no sabemos si los vamos a poder disfrutar.

Para la autora, los edificios de la Expo son poco sostenibles, como la torre del agua, con una "difícil reutilización"

P.- En su opinión, y tras el análisis, ¿cuál fue la mayor mentira de la Expo?
R.- Para mí lo más preocupante fue la prostitución del medio ambiente. Cualquier ciudadano que pasee por el centro descubrirá vallas y marquesinas recordando que Zaragoza es una ciudad marca, pero el medio sostenible no puede ser un atributo de marketing, tiene que plasmarse en políticas concretas. Creo que hay indicios para suponer que Zaragoza no es una ciudad sostenible.

P.- ¿Qué le parecen las múltiples candidaturas a las que opta Zaragoza: Expo Paisajes 2014, Capitalidad Europea de la Cultura 2016 y Juegos Olímpicos de Invierno 2022?
R.- Como zaragozana, todo lo que sea promocionar la ciudad me parece fantástico, pero estamos en un momento de pararse a pensar. El desarrollo sostenible también tiene que ver con el movimiento “Slow”, pararse a pensar y cuestionar todo lo que se nos vendió y que no ha tenido políticas concretas. Me parece que hay un exceso de actuaciones, habría que elegir mejor y pensar si la Expo fue un éxito y qué podemos mejorar. Hay que vender Zaragoza, pero con políticas reales.

P.- Expo, ¿éxito o fracaso?
R.- Poniendo de un lado de la balanza todas las expectativas que nos intentaron vender los gestores de la Expo fue un fracaso. Pero ya no el evento en sí mismo, que fue disfrutado por una amplia mayoría de gente, el gran error fue no apostar por políticas medioambientales concretas. Hoy en día se hablaría mucho más de Zaragoza si en el actual parque empresarial tuviéramos, por ejemplo, un museo de la ciencia, arquitectura bioclimática y los zaragozanos pudieran disfrutar de los iconos de la nueva Zaragoza. Eso, para mí, sería el éxito.