Detrás de algunas de las renovadas fachadas del Casco Histórico, del mantenimiento de los colegios públicos de la zona o de los “recién pintado” de las paredes de las calles, se esconden historias de superación, de enfrentamiento al miedo y de mucha solidaridad. Y es que a cargo de estas reformas y lavados de cara del centro de Zaragoza, se encuentran 50 personas en riesgo de exclusión social que forman parte del Programa de Inserción Sociolaboral de la Fundación Federico Ozanam.
Una segunda oportunidad, el cambio de vida de este colectivo y su inserción en el mundo laboral son los principales objetivos de uno de los proyectos más ambiciosos y humanos de Ozanam. En el corazón del Casco Histórico, la fundación ha tejido una red de apoyo y formación como parte del Plan Integral del Casco Histórico (PICH) del Ayuntamiento de Zaragoza. Desde hace 30 años, la fundación brinda una oportunidad a estas personas que se enfrentan a barreras significativas para ingresar de nuevo o por primera vez al mercado laboral.
Ataviados con guantes, alicates, pinzas, brochas o rodillos, un total de 50 personas en riesgo de exclusión social derivadas de los Centros Municipales de la Magdalena, San Pablo, la Jota y la zona Centro, se han puesto manos a la obra para llevar a cabo multitud de reformas en el espacio público del centro de la ciudad. Divididos en pequeños grupos, los usuarios han aprendido desde cero, bajo la guía de un instructor, una profesión pudiendo convertirse en albañiles, fontaneros, constructores, electricistas o pintores.
Para muchos ha sido su primera incursión en el mundo laboral. “Por su cultura, muchas mujeres han estado sometidas a sus maridos, no han salido de casa, no les han dejado aprender el idioma y nunca han trabajado. Es su primera salida laboral”, relata la responsable del programa, Mabel Porta.
APOYO Y AUTOESTIMA
Más allá de la recompensa económica que reciben los participantes del programa, la responsable hace especial hincapié en las relaciones personales que se forman entre ellos. Muchas de las participantes tienen “cargas familiares” y no tienen una “red social” que pueda servir de apoyo, por lo que formar parte del grupo les permite establecer relaciones entre ellos. “Una de ellas necesitaba que le cuidaran a los niños cuando se ponían malos, entonces el marido de otra de las participantes se encargaba de cuidarlos. Se establecen relaciones de amistad”, explica Porta.
Sin duda, el incremento de autoestima es el mayor efecto positivo que experimentan. El largo periodo sin trabajar y el miedo inicial a enfrentarse al mercado laboral son dos de los factores por los cuales se encuentran “bajos de autoestima”, expresa Mabel Porta. “Cuando se dan cuenta de que son capaces, se encuentran con fuerzas para salir al mercado laboral y la autoestima les sube”, indica. Tras este periodo trabajando, tienen una presencia distinta de cara a una entrevista porque “manifiestan interés e ilusión”. “Han estado hundidos por distintas razones, entonces aquí se han fortalecido, salen fuertes y siendo capaces”, asegura Porta.
Con mucha emoción, la responsable recuerda la ilusión en los ojos de una madre cuando por fin recibió su salario y pudo comprarle las zapatillas que su hijo le llevaba pidiendo desde hacía un tiempo, “fue una fiesta para ambos”. Mabel Porta ha sido testigo de un puñado más de historias conmovedoras y destaca especialmente el “orgullo” que sienten los padres cuando pasean con sus hijos y les pueden señalar las reformas y decir “esa fachada la he hecho yo”.
DOBLE LABOR SOCIAL
El programa no solo da una salida laboral a las personas en riesgo de exclusión social, sino que muchos de los trabajos realizados en viviendas particulares son de personas con escasos recursos económicos y usuarias también de los Centros de Servicios Sociales. Los trabajadores acuden a estas casas para realizar cambios de bañera por platos duchas porque muchos son mayores con problemas de movilidad, arreglan calentadores en invierno, hacen alicatados de suelo, aíslan la humedad de las casas antiguas, pintan y les realizan labores de fontanería y electricidad.
Los centros municipales son los encargados de derivar a los gremios a los distintos puntos del casco. Además de acudir a las casas particulares, realizan labores en espacios públicos: pintan fachadas de las calles hasta una altura máxima de un piso, intervienen en colegios del barrio, centros de formación, escuelas de adultos, trabajan en portales o locales del Casco Histórico.
Para poder realizar todos estos trabajos, los hombres y mujeres que participan en el programa realizan dos meses de formación totalmente práctica en un local que tiene la fundación para que puedan realizar primeras “simulaciones”. Tras estos dos meses, se les hace un contrato de trabajo y salen a la calle a realizar los trabajos, a la par que siguen aprendiendo.
A lo largo de la duración del programa, reciben orientación laboral y esta se intensifica durante los últimos meses para poder ayudarles a buscar empleo. Los participantes que lo deseen son apuntados a una agencia de colocación, les ayudan a preparar el currículum y les enseñan a realizar trámites.
REQUISITOS
El Programa de Inserción sociolaboral de la Fundación Federico Ozanam está dirigido a personas entre 18 y 65 años, desempleadas, residentes en el Casco Histórico de Zaragoza y deben ser derivadas desde los Centros Municipales de Servicios Sociales. Cada año participan 50 personas, 10 plazas por cada Centro Municipal, y la duración es desde septiembre hasta julio.
Los Centro Municipales de Servicios Sociales derivan a tantas personas como consideren. Una vez hecho esto, los posibles participantes realizan una entrevista con la directora del Centro Municipal al que pertenecen y la responsable del programa. La primera se fija en la situación personal y familiar del candidato, y la segunda se centra en el interés de la persona por trabajar y se asegura de si podrá desarrollar la profesión. Finalmente, en consenso escogen a los participantes.
