Una cubierta a prueba de tanques

La renovación más espectacular que acompaña a las obras del tranvía es la del cubrimiento del Huerva a su paso por Gran Vía. El deterioro de la losa, de más de 80 años, toca a su fin y unos 30 operarios se afanan en la colocación de nuevas vigas con capacidad para soportar el peso de un tanque de guerra y resistir durante 150 años más.

Zaragoza.- Un gran número de zaragozanos ha descubierto desde hace bien poco que un río cruza por debajo de uno de sus bulevares principales. Y no es el Ebro. Muchos asisten sorprendidos al desarrollo de una de las obras más impresionantes realizadas en la ciudad en los últimos tiempos: la sustitución de la antigua cubierta del río Huerva. Una superficie que ha soportado con estoicidad el paso de los vehículos por Gran Vía durante más de 80 años.

El regreso del tranvía a la capital aragonesa, además de para la renovación del asfaltado y tubería de parte de la ciudad, ha servido para atender una actuación muy demandada por los ciudadanos. Hay que recordar que la consejera municipal de Servicios Públicos, Carmen Dueso, siempre ha mantenido la vuelta de este sistema de transporte como la excusa perfecta para modernizar las infraestructuras internas de la ciudad y, sobre todo, un aliciente para la creación de empleo.

“La techumbre se encontraba en un estado deplorable -explica Dueso durante una visita al epicentro de la obra situado en los túneles del Huerva-, las vigas de sujeción antiguas se encontraban podridas y ya iba siendo la hora del cambio”.

Para ello, cerca de 30 operarios se afanan desde hace tres semanas en su lavado de imagen y en acabar con las humedades y las grietas. El objetivo, realizarlo de una manera sostenible y sin perjudicar el cauce.

Unos 30 operarios trabajan en la sustitución de las viejas vigas

El director de obra del tranvía, Santiago Cruz, explica que esto se consigue mediante una plataforma que se desplaza por debajo de los túneles, evitando que caigan cascotes a la hora de retirar las viejas vigas, un total de 170. “Las nuevas son de hormigón armado, bastante más modernas –precisa Cruz-, rectangulares con forma de doble T, llevan armadura de acero activa y pretensada. Además, son fabricadas en Aragón”.

Ni las hordas de Atila que arrasaban con todo serán un problema para la resistencia de esta nueva techumbre. Según Cruz, están pensadas para cargas que permitan pasar un carro de combate de hasta 60 toneladas. Parte del cauce ha quedado ya al descubierto. Poco a poco, para algunos con demasiada lentitud, está desapareciendo la losa que lo cubría de 404 metros de longitud.

Una grúa de 38 metros de altura

En esta obra, toda la maquinaria es de una envergadura considerable. Para la operación de retirada de las vigas es precisa la labor de una grúa de 38 metros de altura, 160 toneladas de peso y 40 de contrapeso. Esta fase de la obra, que se prolongará durante un mes, permitirá la sustitución de las viejas vigas que sustentan la losa por las nuevas.

Esta parte, iniciada hace un par de semanas, ha obligado a que el paso de peatones que bordea la plaza de Paraíso por el lado de Gran Vía se modifique levemente, con el balizamiento adecuado.

La grúa va acompañada de una retroexcavadora con un martillo que se encarga de mover la viga. Después, la pieza de hormigón se trocea en dos partes. Un operario cortará los hierros, para finalmente llevarse los escombros al vertedero. La renovación de la estructura de hormigón previsiblemente estará terminada el próximo mes de abril.

Origen de la Gran Vía zaragozana

La consejera municipal de Servicios Públicos, Carmen Dueso, durante su visita a las obras

Cuando la estructura urbana de Zaragoza consistía en apenas algo más que el cardo y decumano romano, el cubrimiento del río Huerva en la década de 1920 permitió la construcción de la Gran Vía y el Parque de Buenavista, conocido en la actualidad por Parque Grande o Primo de Rivera, uno de los ejes fundamentales del desarrollo urbanístico hacia el Sur.

El parque se convirtió en la única gran zona verde de la ciudad. El cubrimiento del Huerva se llevó a cabo en dos fases. En un primer momento, se enlazó la plaza de Aragón con la calle de Alférez Provisional y la segunda perfiló el actual paseo Constitución. Esta obra solucionó en gran medida la carencia de la ciudad de terrenos donde construir, ya que el otro posible eje de crecimiento hacia el sur, el paseo de Sagasta, estaba ocupado por la burguesía y era de difícil edificación por su pendiente.

Una vez que se elimine el pavimento, remozado ya con la nueva cubierta, esta vía zaragozana, corazón comercial de la ciudad, lucirá nueva imagen tanto en el subsuelo como en la superficie.

Las obras han permitido descubrir el puente que utilizaban otras generaciones para cruzar el río Huerva. Historias del pasado que se entremezclan con la sorpresa de muchos viandantes al conocer que el agua discurre por debajo de su querido y ya casi centenario paseo de la Gran Vía. 

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