Castejón de Valdejasa y Tauste tienen cuevas habitadas y excavadas a mano en los siglos XIX y XX
Ejea de los Caballeros.- Las cuevas fueron la primera vivienda del hombre desde sus orígenes y lo siguen siendo en el siglo XXI en las localidades de Tauste y Castejón de Valdejasa (Zaragoza), en donde todavía algunas de las excavadas en roca a mediados del SXX y finales del SXIX, respectivamente, siguen habitadas.
En Tauste, vecinos del barrio de San Antonio o los descendientes de quienes excavaron las cuevas a primeros de los años 50 del siglo pasado viven en ellas como residencia principal, en vacaciones y fines de semana. Otros, como la familia Gargallo-Martínez, las quieren rehabilitar después de haber vivido en ellas cerca de 50 años ininterrumpidos.
Dichas cuevas fueron excavadas por los obreros de los diez hornos de cerámica o tejerías que se asentaron a mediados del siglo XX alrededor de un monte de propiedad municipal.
La familia Gargallo-Martínez ocupó tres de las 20 cuevas de dicho monte desde 1952 hasta el año 2000. Desde hace trece años, los hijos viven con el objetivo de poder rehabilitar las cuevas en las que nació uno de ellos. Se trata de una “cuestión sentimental; forman parte de nuestra vida y nos gustan mucho”, ha explicado José Gargallo, el hijo mayor.
El patriarca de la familia, Francisco Gargallo, de 94 años de edad, comenzó a excavar la cueva a pico y pala con la ayuda de un albañil en 1950, en las temporadas en las que le faltaba trabajo en el horno de cerámica.
Al cabo de dos años, la cueva disponía de espacio suficiente para albergar a la familia. Pero los Gargallo-Martínez continuaron excavándola al mismo tiempo que residían en ella y nacían más hijos.
A medida que transcurrían los años, esta familia taustana convirtió la ladera del monte, en donde excavaron la cueva, en un huerto y un corral con conejos, cerdos y gallinas, al tiempo que acondicionaron dos cuevas contiguas como granero y bodega.
Durante 25 años, los Gargallo-Martínez vivieron sin alcantarillado y quince años sin agua, si bien la luz “la tuvimos prácticamente desde el principio”, ha explicado Francisco Gargallo.
Después de 48 años de residir en esta particular vivienda, esta familia tuvo que abandonar la cueva en el año 2000 debido a la avanzada edad de los padres.
En la actualidad, los dos hijos de Franscico Gargallo y Mercedes Martínez continúan cultivando el huerto y utilizan una de las tres cuevas como bodega.
El objetivo de sus descendientes se centra en “rehabilitar las cuevas para utilizarlas como segunda vivienda”, han explicado los hermanos José y Jesús Gargallo.
Cuevas en Castejón de Valdejasa
En Castejón de Valdejasa una de las quince construidas desde finales del siglo XIX es la segunda vivienda de una familia de Zaragoza, que lleva más de un cuarto de siglo haciendo reformas y mejoras: los Lumbiarres-Arguedas.
Almacén, guarda de animales, oficios perdidos o bodega constituyen algunos de los usos más frecuentes de las cuevas de Castejón excavadas en un monte público en el último siglo.
La familia Lumbiarres-Arguedas, que compró la cueva por poco menos de 500 euros a mediados de los años 80, realiza trabajos de reforma y acondicionamiento en la misma desde hace 28 años.
Carlos Lumbiarres, fotógrafo de 63 años y polifacético, decidió comprar la cueva “porque así podía cumplir un sueño de niño”. En concreto, este vecino de Zaragoza vivió en Barcelona, donde conoció a niños que vivían en casas-cueva, “algo que me parecía fascinante, maravilloso”, ha apuntado.
Los Lumbiarres-Arguedas compraron la cueva ya excavada, pero tuvieron que realizar reformas y picar la piedra a pico y pala para ganar espacio. Para ello, siguieron los consejos de un ingeniero de minas “para hacer los trabajos con un mínimo de seguridad”, ha explicado Carlos Lumbiarres.
A los dos años de comprarla, una vez desparasitada y con unas condiciones mínimas de habitabilidad, Carlos y su mujer, Mariví Arguedas, empezaron a vivir en ella algún fin de semana. De hecho, “llevábamos la comida preparada desde Zaragoza y limpiábamos la vajilla cuando volvíamos a casa”, han comentado Arguedas.
Durante el tiempo que duró la excavación hasta la actualidad, Carlos Lumbiarres ha calculado que pudo extraer hasta 25 toneladas de tierra y escombros.
La red de saneamiento de agua sucia llegó hace menos de dos años y el agua tardó en llegar. Por esta razón, se duchaban utilizando un bidón que llenaban de agua de una fuente y dejaban al sol para que se calentara.
Como váter los Lumbiarres-Arguedas utilizaban uno químico, como los de las caravanas, y para alumbrarse usan linternas con tecnología led hasta que llegue el suministro eléctrico.
El Ayuntamiento de Castejón prevé que a lo largo de este otoño se dé el paso definitivo para que haya red eléctrica. En concreto, “está todo acordado; sólo falta que vengan a ponerla”, ha explicado el alcalde, Jesús Prado.