Buscando la excelencia del agua zaragozana

La planta potabilizadora de Casablanca es la casa del agua en Zaragoza. Recoge el cauce del Canal Imperial de Aragón y por arte de magia lo convierte en agua potable en 24 horas. Son 180.000 metros cúbicos diarios los que pasan por todo el proceso. Un trabajo arduo que consigue eliminar los residuos que llegan al Ebro desde su nacimiento.

Zaragoza.- La calidad del agua de Zaragoza está en entredicho. Diversas publicaciones han puesto a la capital aragonesa a la cola de una lista que analiza el suministro de doce ciudades españolas. Pero esto no es ninguna novedad. Zaragoza siempre ha tenido agua turbia y dura, muy diferente a la que consumen ciudadanos de otras localidades como Madrid o Bilbao. La culpa la tiene la longitud del Ebro que arrastra desde Cantabria una gran cantidad de residuos. Para limpiarlos convenientemente el Ayuntamiento de Zaragoza decidió hace unos años hacerse cargo del Ciclo Integral del Agua. Su centro neurálgico es la planta potabilizadora de agua del barrio de Casablanca.

Esta planta recibe el agua del Canal Imperial de Aragón, que deriva sus aguas del río Ebro a la altura de la localidad navarra de Fontellas a unos 80 kilómetros de la capital aragonesa. Además de esto hay un sistema alternativo de abastecimiento del río, que capta agua en un punto situado aguas arriba del barrio de La Almozara. Habitualmente, la calidad del agua aportada por el canal es superior a la del río ya que está exento de vertidos de aguas residuales por su carácter de cauce controlado y su mejor composición química. Por eso, el abastecimiento alternativo sólo se usa en periodos en los que el Canal Imperial no está disponible por obras o limpieza del cauce.

Una vez recibida el agua en la planta llega a un repartidor donde se añade una cantidad de carbón activo para que atrape la materia orgánica del agua del canal y con eso se consigue eliminar en el proceso siguiente esta materia. Así se quita uno de los primero problemas del agua. En esa primera parte, se añade una pequeña cantidad de cloro para eliminar las bacterias que están en el agua del Canal Imperial. “Este primer proceso es el pretratamiento en el que también se eliminan los productos sólidos que pueda tener el agua y que no son muchos”, explica Alfonso Narvaiza, jefe del servicio de Ciclo Integral del Agua del Ayuntamiento de Zaragoza.

Una vez pasado el primer paso, el agua pasa a los 11 decantadores de la potabilizadora. Su función es hacer la floculación y coagulación del agua, es decir se separa la parte sucia de la limpia del agua. Los lodos se quitan de los decantadores con una bomba y el agua que surge sale mucho más depurada, aunque todavía no es potable.

El tercer paso es la filtración del agua. A través de un lecho de arena silícea de 60 centímetros de altura se separan los sólidos en suspensión del agua que quedan retenidos en la arena. El agua filtrada se lleva a los depósitos de distribución donde se añade cloro para que “el proceso biológico quede muerto en la máxima medida posible”, indica Narvaiza. De ahí se distribuye a la red donde llega a todas los usuarios. El ciclo total dura aproximadamente un día y son 180.000 metros cúbicos diarios los que pasan por las instalaciones de la potabilizadora.

Alrededor de 180.000 metros cúbicos de agua pasan al día por la planta

A pesar de que el agua ya está clorada y preparada para ser consumida, el cloro debe mantenerse a través de toda la distribución, pero se va perdiendo debido al largo sistema de distribución de la capital aragonesa. Por ello, el Ayuntamiento puso en marcha hace unos meses tres estaciones intermedias de cloración que ayudan a mantener el nivel de esta sustancia en el agua. “Llevar el agua hasta Casetas lleva un tiempo importante y el cloro se va yendo. Para eso tenemos dos opciones, o poner más cloro a la salida del depósito o usar estas estaciones intermedias para que llegue la cantidad necesaria de cloro”, indica el jefe de servicio municipal. Lo bueno para el agua es que tenga 0,5 partes por cada millón de litros de cloro. Además de las tres estaciones puestas que ya funcionan en la carretera de Logroño, en el Puente del Gállego en Santa Isabel y una tercera en La Almozara. Además de estas, el Consistorio prevé instalar cuatro estaciones más.

Control de calidad

Todo el proceso está vigilado a través de un análisis continuo que se realiza en la propia planta potabilizadora de Casablanca y donde se exploran una serie de parámetros para ver y modificar los criterios de calidad. Además, para saber cómo es el agua que bebe cada ciudadano se hacen controles en las estaciones intermedias a través de los técnicos del Instituto Municipal de Salud Pública.

Zaragoza, además dispone de una línea de tratamiento de fangos que fue construida con la idea de lograr un doble objetivo: recuperar el agua y evitar el vertido de 24.000 toneladas de lodo al río Huerva. Aquí se recupera un agua susceptible de potabilizarse que representa 5 hectómetros cúbicos, un 7% del consumo de la ciudad.

Éste es básicamente el proceso de depuración del agua del Canal Imperial de Aragón. Un proceso que ha sido puesto en entredicho por el estudio de la revista Interviú. De momento, y hasta que llegue el agua de Yesa, los análisis presentados por el Consistorio zaragozano insisten en que no se superan los niveles del ya famoso trihalometano. Lo único en lo que coinciden todos es que con el agua del Pirineo, todo será más fácil y mejor.