Brujas y Flandes: el tesoro del Actur que conquista paladares con su "magia" gastronómica

Si buscas una experiencia para el recuerdo, mientras cuentas con un servicio de lo más completo, a la par que agradable, la magia y la “brujería” del Brujas y Flandes aguardará por ti desde el interior del Actur
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photo_camera Este establecimiento es considerado por muchos como uno de los mejores restaurantes de la zona

Desde su fundación, el barrio del Actur de Zaragoza ha destacado por ser un barrio multidisciplinar, con disponibilidad de servicios para todos sus vecinos. ¿Necesitas un centro comercial? Tienes Gran Casa. ¿Quieres ir al cine? Se puede acudir a la sala de Cinesa. ¿Buscas colegios o institutos para matricular a los hijos? También los tienes, colindantes con Pedro Saputo o Pablo Ruiz Picasso, por decir unos pocos.

 

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Los clientes pueden encontrar platos y raciones populares
  1. EL NACIMIENTO DEL BRUJAS Y FLANDES
  2. PLATOS Y RACIONES MÁS DESTACADAS
  3. UN AMBIENTE FAMILIAR
  4. EL FUTURO DEL RESTAURANTE

Sin embargo, esta gran ventaja de tener de todo y para todos también le ha llegado a pasar factura en ocasiones. Algunos han llegado a considerar al Actur un entorno aislado, demasiado alejado del bullicio y del centro, donde se supone que pasan la mayoría de “asuntos importantes”. Por ello, los visitantes de otros barrios acuden al Actur, pero puede que a algunos les cueste repetir salvo que sea por un asunto de gran importancia.

Precisamente, en esos contextos, una de las claves que más importancia tienen para hacer que los visitantes no solo vengan, sino que vuelvan, son los restaurantes. Y en pleno interior del Actur, en la calle de María Zambrano, 48, enfrente de la parada del tranvía de Adolfo Aznar, es donde destaca un bar - restaurante que consigue atraer al público cada día. Nos referimos al Café Brujas y Flandes de Zaragoza, considerado por muchos como uno de los mejores restaurantes de la zona. ¿El secreto para ese éxito? Trabajo, trabajo y más trabajo, para brindar un servicio y unos productos de calidad al gusto de cualquier comensal.

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El nacimiento de este restaurante se remonta entre el año 1999 y el año 2000

Por ello, en el tradicional esquema que este diario muestra sobre algunos de los restaurantes y establecimientos de la ciudad, queremos mostrar el pasado, presente y futuro del Café - Restaurante Brujas y Flandes. Desde sus orígenes, sus platos y sus raciones más destacadas, hasta algunos de los momentos más curiosos que ha atravesado el local en sus casi 25 años de historia.

EL NACIMIENTO DEL BRUJAS Y FLANDES

El nacimiento de este restaurante se remonta entre el año 1999 y el año 2000, cuando su propietario Javier Yagüe (1977), con tan solo 21 años de edad, decidió arrancar con todo y empezar esta aventura hostelera junto con su hermano, en aquel entonces copropietario del local. “Yo siempre me he dedicado a la hostelería, desde que empecé con 15 años en las piscinas de Montón (Zaragoza). Aunque con 21 años me fui por un tiempo a una fábrica, siempre llevaba en mente montarme mi propio bar. Como pasaba por esta zona todos los días, vi un cartel en el que se anunciaba que este espacio estaba en alquiler. Pregunté, me gustó el sitio y me atreví a montarlo”, arranca Yagüe.

En el 99 el negocio se fundó, y ya en julio del 2000 el telón se levantó para dar paso a un local que ya resultaba llamativo por su nombre. Aunque, como explica el propietario, ese particular bautismo fue resultado de “una carambola. En un principio, quería llamarlo Café de Flandes, porque a mi hermano, a mi mujer y a mí nos gustaba la región de Flandes y la guerra de Flandes (pertenece principalmente a Bélgica, aunque algunas de sus partes también son adyacentes de Francia y Países Bajos), pero vi que salió registrado en Madrid”. Al final, patinando un poco entre distintas probativas, y metiendo otro factor en la ecuación como la ciudad belga de Brujas, salieron resultados como Brujas de Flandes. Y, tras unos últimos ajustes, surgió su nombre definitivo: Café Brujas y Flandes.

Y aunque para muchos pueda sorprender la elección de este curioso nombre, lo cierto es que Yagüe afirma que, en la primera década y media del restaurante, sí que apostaron por una decoración enfocada a la ciudad belga de Brujas. “Al principio sí que nos dedicamos mucho más a homenajear Brujas, con una decoración dirigida a lo que son las cervecerías tradicionales de allí, con mucha presencia de la madera. Pero en 2016 lo reformamos y le dimos un enfoque más dirigido a un café-bar con mucha luz”, afirma el zaragozano.

Desde luego, una elección que muchos clientes considerarían acertada, ya que es precisamente esa decoración actual la que concede un ambiente acogedor que acompaña a los comensales en todo momento durante su estancia gastronómica.

PLATOS Y RACIONES MÁS DESTACADAS

Y, por supuesto, no se puede hablar de un restaurante sin mencionar la comida y sus servicios. El Café - Restaurante Brujas y Flandes cuenta con dos menús, uno de diario disponible de martes a viernes y otro para los sábados, enfocado para una experiencia algo más elevada. Además, no hay que olvidarse de su ambiciosa carta, con raciones tan populares como sus bisaltos, salteados o con salsa de foie; sus pimientos asados; sus zamburiñas, sus chipirones, a la plancha o escabechados; sus cocochas o sus huevos rotos con jamón ibérico y foie.

Asimismo, tampoco hay que dejar sin mencionar su tierno solomillo, sus sabrosos entrecots y chuletones o sus especialidades de bacalao, merluza o dorada, estas dos últimas a la plancha o en estilo orio. La experiencia gastronómica se puede complementar con un vino, a la carta, con Denominaciones de Origen Protegidas, como Bodegas Care de Cariñena; Somontanos; Rivera del Duero y Garnachas de Aragón. Y se puede culminar con un buen café, por el que este restaurante también es reconocido. “Intentamos tener de todo un poco. Servimos desayunos, tapas, pinchos, raciones, menús, a la carta... Que la gente tenga un abanico un poco variado”, asegura Yagüe.

UN AMBIENTE FAMILIAR

Todos estos elementos dan pie a un local acogedor y familiar, acondicionado para un desayuno, un pequeño café de mediodía o una buena comida o cena. Además, la plantilla de nueve empleados que conforman este restaurante (en abril serán diez) son los primeros que dan paso a ese ambiente acogedor, ya que como asegura Yagüe, “tengo gente de muchos años y, la verdad, es que estoy muy contento con la plantilla que tengo. Yo creo que no hay ningún secreto para ese buen ambiente, más que darles algún día de fiesta, lo que se merecen, y estar un poco pendientes de ellos, sin quemarlos de horas”.

Esa fórmula concede cierta satisfacción y emoción a Javier, ya que cuando echa la vista atrás, ve “muchos clientes que han dejado de ser clientes, y se han convertido en amigos. Pero, también veo lo dura que es la hostelería. Antes, teníamos que estar dedicados al local las 24 horas del día y, claro que hemos tenido nuestros fallos. Ahora por suerte, cerramos los domingos y lunes”.

Además, qué sería de un restaurante sin ninguna anécdota curiosa: “Cuando todavía estaba mi hermano trabajando aquí, en los comienzos del local, una señora se dejó un bolso con un montón de sobres de dinero y boletos de lotería. Al pasar día y medio y ver que no volvía, llamamos a la policía, se contó el dinero y había, aproximadamente, unos 12.000 euros en efectivo. Se lo dimos a ellos y la señora nos acabó contactando para preguntar por él y dijimos que lo tenía la policía. La señora lo recuperó y, para Navidades, nos regaló un jamón ibérico y un lomo ibérico por ello", relata Yagüe.

EL FUTURO DEL RESTAURANTE

A día de hoy, el Café Brujas y Flandes sigue su rumbo sin grandes planes de expansión, apostando por la continuidad y la estabilidad. "Nosotros seguimos a nuestro ritmo, a la "marchica" del día a día", comenta el aragonés de 47 años. Mantener una línea de trabajo durante 25 años no es tarea fácil, pero han logrado perdurar pese a los retos y contar con el clamor de la mayoría de sus visitantes. Algunas de sus cifras lo avalan, como sus más de 1.800 reseñas y una puntuación de 4,5 estrellas en Google. Pero, el reconocimiento más importante es que, una vez que la gente prueba este local, la mayoría repite.

En cuanto a su futuro lejano, Yagüe prefiere no pensar mucho en ello, ¿pero cómo le gustaría que le recordase la gente cuando se jubile?: “Me quedan todavía bastantes años para eso, pero como quiera cada uno. Con que me recuerden, y nos recuerden a todos como amigos, como gente que les hacía pasar un rato agradable aquí, me es suficiente”, concluye el propietario.

Así que, ya sabes, si buscas una experiencia para el recuerdo, mientras cuentas con un servicio de lo más completo a la par que agradable, la magia y la “brujería” del Brujas y Flandes aguardará por ti desde el interior del Actur. Todo ello como un local que, a través del recuerdo de sus clientes, se ha convertido en un patrimonio de este barrio zaragozano.
 

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