La Semana Santa en Zaragoza es más que una festividad, es todo un sentimiento que no solo se vive durante nueves días al año, sino que se extiende a lo largo del año en ensayos, actos solidarios, tertulias, exposiciones, y hasta en los bares. Por que hay lugares en los que se pueden oír los tambores incluso en septiembre y donde el olor del incienso nunca termina de irse del todo. Lugares donde la devoción y la vida social se entrelazan sin necesidad de calendario.
La cafetería La Pasión es uno de esos lugares. Un rincón de Zaragoza que se ha ganado el respeto y el cariño de cofrades, turistas y vecinos por igual y donde la Semana Santa se ha convertido en el día a día de quien lo visita. La Pasión abrió sus puertas el 4 de diciembre de 1997 con una propuesta tan arriesgada como especial: un bar temático dedicado completamente a la Semana Santa.
Hoy, casi tres décadas después de su apertura, es todo un templo cofrade, un pequeño museo, situado en la calle Mayor 47, y que está lleno de tallas, medallas y recuerdos de cómo ha ido evolucionando la Semana Santa. Sin embargo, su dueño, Javier Luesma, conocido por todos los que lo visitan como Chavi, aún recuerda cómo fue ese primer día de andadura. “Nevaba, y mi madre me dijo eso de año de nieves, año de bienes. Y así fue. Desde el primer momento fue todo un éxito”, declara Chavi a ARAGÓN DIGITAL.
UN BAR NACIDO DE LA PASIÓN POR LA PASIÓN
Chavi es el alma de este lugar que respira devoción, anécdotas y café bien servido. Es cofrade desde niño y por ese motivo tuvo una idea que no dudó en presentar a sus jefes: “Trabajaba de camarero en otro bar del Casco y convencí a mis jefes para montar una cafetería dedicada a la Semana Santa. Les pareció una locura… pero funcionó”, cuenta entre risas. Lo que empezó con unos cuantos cuadros y el mítico cofrade que reside en el grifo de cerveza desde que abrió el local, ha ido creciendo hasta convertirse en lo que es hoy: un museo en miniatura donde se mezcla la fe, la cultura popular y la cultura de bar que tanto nos caracteriza a los españoles.
“Un día me dije: ¿por qué no convertir esto en un sitio donde se respire Semana Santa los 365 días del año? Y poco a poco, lo fuimos haciendo”, explica. En 2019 llegó la gran transformación: tallas, las medallas de las 25 cofradías de Zaragoza, faroles, una nueva estética y hasta una barra reconvertida en un paso de palio, con su dosel blanco y dorado. “No hay nada igual. Es como estar dentro de una procesión mientras te tomas una caña”.
UNA IDENTIDAD DE UNIÓN Y RESPETO
Más allá de la decoración, lo que se respira en La Pasión es respeto. “Yo soy cofrade desde crío, y esto para mí era algo muy personal. Tenía claro que si lo hacía, tenía que hacerlo con respeto. Nunca se ha frivolizado con esto. Todo se ha cuidado”. Por eso, no extraña que cofrades de todas las hermandades se pasen por aquí, ya sea en Cuaresma o en pleno verano. “Antes, cada cofradía iba a un bar distinto. Aquí conseguimos algo muy bonito: que todas las hermandades tuvieran un punto de encuentro común. Se han creado amistades, cuadrillas, incluso parejas. Ahora ves mesas mezcladas, gente que se conoce aquí… Eso antes no pasaba”, cuenta.
Y si el visitante no es cofrade, también tiene su sitio. “Con solo entrar puedes hacerte una idea de lo que es la Semana Santa de Zaragoza, que es una de las fiestas religiosas y culturales más importantes que tiene la ciudad”. Además, resulta un lugar que despierta la curiosidad de quienes cruzan su puerta. Y es que un monaguillo te espera tras ella. Una talla que ha sido protagonista de decenas de fotos y bromas: “Hay gente que entra solo para hacerse una foto con él”, relata Chavi.
Y aunque los días de Cuaresma y Semana Santa son una locura, el día a día de la cafetería es tranquilo y familiar. “Aunque vengas sola, siempre conoces a alguien. No hace falta quedar con nadie. Aquí te cruzas con caras conocidas”, dice Chavi. Y es que en eso reside la esencia de La Pasión, esa cercanía que Chavi quiere conservar pase lo que pase.
“Sí que me he planteado ampliar. Pero claro, cambiar de local es complicado. Si te vas del centro, pierdes parte de la esencia”, admite. Es una reflexión que escucha a diario, incluso entre sus clientes más fieles: “Unos te animan a crecer, otros dicen que si nos vamos de la Calle Mayor, ya no será La Pasión”. Aun así, tiene claro qué desea por encima de todo: “Me gustaría que La Pasión, dentro de 10 años, siguiera siendo exactamente igual que ahora”.
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