Agua Compartida, el desafío de gestionar las cuencas fluviales

Laberintos, escaleras, miradores y rampas se entrecruzan para dar forma a la más desconocida de las plazas temáticas de la Expo, Agua Compartida. La instalación pone el acento en algo evidente a priori, pero que tantas veces olvidamos. Las ciudades, las provincias, los países e incluso los continentes, deben compartir cuencas fluviales.

Zaragoza.- Proyectado sobre la ribera del Ebro, el gran círculo metálico que distingue a la plaza temática Agua Compartida esconde un inesperado jardín que, más allá, de su función educativa, es todo un regalo para la vista. Aún así, ésta es la más desconocida y menos visitada de las instalaciones temáticas del recinto de Ranillas, aunque quizá una de las más interesantes.

Agua Compartida tiene por objeto la sustitución del mundo político en el que vivimos por el mundo de las cuencas hidrográficas, mostrando la gestión compartida de las mismas.

“Ya se sabe… Cuando varias ciudades o países deben compartir la cuenca de un río, surgen los problemas y los conflictos de intereses”, explica una visitante de la plaza a la salida de la misma. “Aquí nos enseñan que hay que saber convivir y participar en este proceso que nos atañe a todos”, completa su compañero, que reconoce que les ha gustado la plaza.

Conflicto de intereses

En esta instalación expositiva se enmarcan ejemplos significativos de contradicciones en todo el planeta, quebrando la imagen de los visitantes sobre la división tradicional del mundo, para así llegar a mostrar el logro que supone una gestión del agua en la que todos los habitantes de la cuenca participen.

Agua Compartida expone las realidades del mundo hidrográfico y fomenta la reflexión sobre múltiples contradicciones derivadas de los accidentes geográficos. Accidentes que, en muchas ocasiones, son resultado de la acción del hombre: la división política de territorios fronterizos derivada de pactos postbélicos, el abuso de los recursos de un río compartido, los protocolos y leyes de actuación contradictorios que se establecen sobre la gestión hídrica de un río o el protagonismo de las empresas privadas en la gestión del agua por encima de los intereses públicos.

Agua Compartida desafía estas normas establecidas y fomenta nuevos planteamientos en la gestión compartida del agua.

La estructura de la plaza

Agua Compartida se compone de cinco espacios distintos. El primero de ellos es el Laberinto, “El mundo político en que vivimos”: el visitante comienza el recorrido expositivo a través de un espacio laberíntico que refleja el caos de la división política actual.

La Escalera, “El desafío de repensar”. Al punto más alto de la plaza se accede a través de una escalera que transporta al visitante a las primeras etapas del mundo en que vivimos, donde se aprecian las sucesivas modificaciones que el hombre ha ejecutado a lo largo de los años sobre el medio físico.

El Mirador, “El medio físico”. Es en la cumbre de la plaza, a 14 metros de altura y sobre el Ebro, donde el espectador se enfrenta al desafío de repensar y analizar el lugar en el que vive. Emprender un nuevo camino que solucione los conflictos derivados de la gestión del agua.

La Rampa, “La gestión de la cuenca”. Desde el mirador desciende una rampa que pierde paulatinamente la visibilidad de la cuenca. La Rampa plantea la necesidad de lograr decisiones que mantengan el equilibrio de la cuenca, promuevan el consenso entre los diferentes organismos implicados y valoren la cooperación como forma de trabajo.

Y, por último, la Cuenca Fluvial, “La cuenca, nuestra casa común”. La Cuenca hidrográfica supone el último tramo del recorrido de Agua compartida. Un espacio que permite al visitante tomar conciencia sobre la responsabilidad de todos en la correcta gestión del agua y la necesidad de la participación individual y colectiva en la toma de decisiones o acciones.