Adiós a los últimos retazos de las Fiestas del Pilar: retiran la Ofrenda de Flores a la Virgen

Más de 112.000 oferentes depositaron sus flores ante la Virgen del Pilar el pasado 12 de octubre
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photo_camera Los operarios han comenzado a retirar este viernes el manto floral de la Virgen del Pilar | Foto: Pilar Álvare

El olor a flores al pasar por la plaza del Pilar, a los pies de la Basílica, dice adiós, por lo menos, hasta el próximo octubre. Este mismo viernes y desde primera hora de la mañana, los operarios han comenzado a retirar los ramos depositados durante la Ofrenda de Flores después de una semana en la que zaragozanos y turistas han podido conseguir la estampa más deseada: la de la Pilarica con un gran manto floral bajo su figura.

"¿No quedan de las de la Guardia Civil?", preguntaba una señora que se acercaba curiosa, con la esperanza de llevarse un ramito como recuerdo. Pero nada. Esa parte de la Ofrenda de Flores ya había sido retirada. En cambio, de la figura de la Policía Nacional sí quedaban flores, y los trabajadores las han ofrecido a un grupo de adolescentes que pasaban por allí en plena excursión escolar.

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Dos mujeres recogen algunas de las flores de la Ofrenda | Foto: Pilar Álvarez

Y es que si hay algo también muy típico en torno a la Ofrenda es que decenas de personas acudan en el día de su retirada para conseguir algunas flores que llevar a sus hogares. En esta ocasión, algunas mujeres cogían flores de aquí y de allí para montar pequeños ramos que después llevarse consigo.

¿QUÉ PASA CON LAS FLORES DE LA OFRENDA?

En cualquier caso, las flores, una vez retiradas, no se pierden. Estas son trasladadas al Centro de Tratamiento de Residuos Urbanos de Zaragoza, donde se transforman en compost para parques y jardines. Es decir, lo que un día fue ofrenda, dentro de unas semanas nutrirá la tierra que volverá a florecer en primavera. Una especie de segunda vida para miles de claveles, gladiolos y margaritas.

Con cada ramo que se va, la plaza parece despedirse poco a poco de las fiestas. Los grandes escenarios ya se desmontaron, los gigantes y cabezudos descansan en sus almacenes y los fuegos artificiales son solo un recuerdo. Quedan, eso sí, los últimos pétalos en el suelo, pegados a los pies de la Virgen del Pilar, como si se resistieran a irse.

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