Vecinos de Azuara tratan de resurgir tras el golpe de la riada: "La primera impresión fue impactante"
Entre vecinos, militares y voluntarios, Azuara se empeña ahora en salir adelante tras la cruenta riada que tomó con fuerza la vega del río Cámaras, afluente a su vez del Aguasvivas, el gran antagonista de la decena de pueblos aragoneses afectados por la tromba de agua en las últimas jornadas. El crecimiento del nivel del agua, por cauces hasta el viernes inéditos e inexistentes arrasó con todo a su paso, especialmente en la zona baja de un municipio en el que pasan las horas pero que todavía permanece irreconocible a la luz del día.
El pueblo, que celebró apenas hace unas semanas sus fiestas de primavera y también su conocida carrera de montaña (el Trail Azuara), está más unido que nunca antes. No puede ser de otra manera. Todos a una se están volcando para recuperar una normalidad que, eso sí, pese a que la añoran desde el viernes noche, asumen que tardará en llegar.
Es un inicio de verano completamente distinto e inédito pero los vecinos, con convicción, se emplean a fondo para recuperar sus vidas, la de sus amigos y seres queridos. En estos momentos, cada paso es importante. El de este martes, con la incorporación masiva de la UME (Unidad Militar de Emergencias) es gigante. "Muchas gracias por venir", expresaba desde el corazón y visiblemente emocionado un vecino de mediana edad a uno de los militares movilizados a Azuara este martes en el epicentro de la desgracia.
UN ESCENARIO DE GUERRA...
Ante una situación de emergencia como la acontecida en la contornada de estos pequeños pueblos de Campo de Belchite (Azuara, Almonacid, Letux..) y también otros del Bajo Martín turolense (Vinaceite o Azaila) o incluso en la Comarca de Daroca, las botas de agua -imprescindibles-, la ropa cómoda, el agua fría y las escobas para poder achicar lodo y agua son los enseres más preciados, al menos, por el momento. También, qué decir, de los materiales de limpieza que, poco a poco, ayudarán a mejorar la presencia de unos municipios todavía devastados en su parte baja.
Y es que nada ni nadie engaña a nadie. En Azuara, sin ir más lejos, aún incluso en la parte alta del casco histórico, turismos y furgonetas reflejan "marcas de guerra" en cada palmo de su carrocería. Al avanzar por las calles y descender hacia el corazón de la localidad zaragozana, el barro también sigue marcando el camino. Al menos su rastro indefinido. No hay pérdida.
Eso sí, ya abajo, junto al Ayuntamiento y la plaza de España, es cuando realmente se vislumbra el desastre. El pavimento se entrevé pero no se aprecia y la situación es sobrecogedora y difícil de cronificar con palabras. El escenario perfectamente es digno de ser protagonista en una película de Bayona. Sin embargo, en este caso y por desgracia, es mucho más real y totalmente posible. En un puñado de metros cuadrados, recargado ahora de estímulos externos, las ambulancias, los vehículos de protección civil de los efectivos de emergencias y la maquinaria pesada dedicada a la limpieza se multiplican. También los civiles que, vecinos o voluntarios, tienen claro que hay mucho por hacer y poco tiempo que perder.
Abriendo la mirada, en panorámica, el agua y sobre todo el lodo siguen haciendo suya la calle del Porvenir, ubicada junto al arroyo de la Val, y siendo esta una de las zonas habitadas más afectadas. También anegada continúa la calle San Nicolás, que abría camino hacia un Centro de Salud que se vio contra las cuerdas con dos de sus trabajadoras dentro el pasado 13 de junio.
TESTIMONIOS DE LOS VECINOS
Entre los desplazados o los vecinos presentes los hay de todas las edades y con todo tipo de circunstancias personales. Es el caso de los adolescentes Guillermo Fuertes y Enrique Higelmo que, convencidos de la magnitud del asunto, emplearán su verano a rescatar a su pueblo del lodo.
"Tenemos que echar todos una mano. Fue un espectáculo. Buscamos facilitar las cosas lo máximo posible", han expresado convincentes al ser cuestionados por ARAGÓN PRESS/ ARAGÓN DIGITAL. "Es impactante ver el pabellón en el que jugábamos a fútbol de pequeño con barro y troncos y con la puerta del baño en el techo. Es increíble. Hace un par de semanas estábamos aquí todos con normalidad. El parque era muy grande y también está en la ruina", han aclarado.
A ellos se les suman muchos otros que, ya en edad adulta y a costa de sus vacaciones, también ponen su grano de arena para sacar a Azuara del ko técnico. Es el caso de los treintañeros Víctor Aloras y Darío Cinca que, junto a un grupo de sus amigos, están volcados con Azuara, el pueblo de sus antepasados. Sentados en la parte trasera del Ayuntamiento, mientras almuerzan y se toman un respiro a la sombra, lucen barro por todo el cuerpo. Sus rostros, todavía desencajados y con claros signos de cansancio, reflejan la dureza de los últimos días. Y también de de los próximos que están por llegar.
El viernes conocieron la riada a distancia, desde Zaragoza, pero durante las últimas jornadas se han trasladado a la zona cero para colaborar. "Las primeras horas había mucho nerviosismo porque no estábamos aquí y fue caótico. No había comunicaciones y la riada ha sido histórica. Nos pudimos relajar al conocer que no había fallecidos pero aún así el panorama es desolador. Hemos estado aquí desde pequeños y la primera impresión fue impactante. Ahora a ver como se solucionan ", explican.
"Es impresionante cómo la gente se ha volcado. Hay gente de Valencia e incluso de Madrid. No hay palabras para agradecer a las personas que han venido y no tienen vínculo con Azuara. Es impresionante", han agradecido.