Cuando llega Semana Santa, Aragón se llena de ecos antiguos. En el Bajo Aragón retumban los tambores y bombos; en las capitales, las procesiones desbordan solemnidad y emoción. Pero hay otros lugares más silenciosos, más humildes, donde la tradición se vive con la misma intensidad, aunque lejos de los focos. Lugares donde la devoción ha echado raíces profundas, y el tiempo parece detenerse durante unos días al año.
Uno de esos sitios es Campillo de Aragón, un pequeño pueblo de la comarca de Calatayud que, cada Jueves y Viernes Santo, abre las puertas de su iglesia parroquial para mostrar su mayor tesoro: una copia de la Sábana Santa de Turín que, según expertos internacionales, es una de las tres más precisas del mundo. Allí, entre muros de piedra y fieles en silencio, se revela una historia tan desconocida como fascinante.
- UNA RÉPLICA QUE DESPIERTA ADMIRACIÓN
- UN REGALO DEL OBISPO DE MALTA A SU PUEBLO NATAL
- UNA DEVOCIÓN QUE SE TRANSMITE DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
UNA RÉPLICA QUE DESPIERTA ADMIRACIÓN
La llamada Sábana Santa o Síndone es una de las reliquias más veneradas y debatidas del cristianismo. Según la tradición, envolvió el cuerpo de Cristo tras la crucifixión. Aunque la original se conserva en Turín, durante siglos se han realizado copias que hoy se veneran en todo el mundo. Una de las más singulares está en Campillo de Aragón, donde se conserva desde el siglo XVII.
El jesuita Jorge Loring, una de las voces más autorizadas en el estudio del Sudario, llegó a decir que era “la mejor copia de España y una de las tres mejores del mundo”, junto a las de Bolonia (Italia) y Santiago del Estero (Argentina). Su nivel de detalle es tal que reproduce con exactitud las marcas de sangre, las llagas del cuerpo y hasta las costuras del incendio que sufrió la original en 1532.
UN REGALO DEL OBISPO DE MALTA A SU PUEBLO NATAL
La historia de esta copia arranca en 1650, cuando fray Lucas Bueno Nuño, natural de Campillo y gran prior de la Orden de San Juan, recibió el sudario como obsequio de la Casa Real de Saboya. Tres años más tarde lo hizo llegar a su pueblo natal, donde fue transportado en una arqueta de roble tapizada con raso y enrollado en varas de ébano. En 1675, los vecinos construyeron una capilla para custodiarlo, gracias a donaciones y limosnas.
Desde entonces, la sábana ha permanecido guardada en este templo, solo visible tres veces al año: en Semana Santa, en agosto y el 14 de septiembre, durante la Exaltación de la Santa Cruz. En todas esas ocasiones, vecinos y visitantes se acercan para contemplar este relicario de fe, que también puede mostrarse a grupos organizados bajo solicitud.
UNA DEVOCIÓN QUE SE TRANSMITE DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
Más allá del valor artístico o histórico, la Sábana Santa de Campillo ha sido durante siglos objeto de veneración y símbolo de protección. Las madres del pueblo pasaban a sus hijos bajo el lienzo para encomendar su salud, y no son pocos los fieles que le atribuyen propiedades milagrosas. A día de hoy, sigue siendo el alma espiritual de Campillo.
Junto a esta joya, el visitante puede descubrir un patrimonio inesperado: la iglesia de San Juan Bautista, la ermita de Santa Lucía, una casa-palacio barroca y uno de los peirones más bellos de Aragón. Campillo, a pesar de su pequeño tamaño, es uno de esos lugares donde las historias grandes habitan en los pueblos más pequeños.


