Teruel vivió este pasado sábado la jornada más intensa y multitudinaria de Las Bodas de Isabel de Segura, con miles de personas volcadas en la recreación de la leyenda de los Amantes. El buen tiempo acompañó durante todo el día, favoreciendo una altísima afluencia de público en escenas, pasacalles y actividades distribuidas por el casco histórico, convertido en villa del siglo XIII.
Tal y como había prometido cinco años atrás, Diego de Marcilla regresó a la ciudad dentro del plazo concedido por el padre de Isabel, tras haber alcanzado fortuna y honor suficientes para considerarse digno de su amor. Su entrada por el Portal de Daroca fue uno de los momentos más esperados y aplaudidos de la jornada, como es tradición.
La esperanza del reencuentro se rompió, sin embargo, al conocer que Isabel se había desposado el día anterior con Don Pedro de Azagra. Decidido a comprobarlo, Diego acudió al hogar de los Azagra para hablar con ella, desencadenando la escena más emblemática de la recreación.
UN DESENLACE REFORZADO CON MÚSICA Y LUZ
Ya casada, Isabel de Segura se negó a concederle el beso que él le pedía antes de partir, fiel a su honor y a su nueva condición. Incapaz de soportar el dolor, Diego cayó muerto a sus pies, ante la mirada sobrecogida de un público que guardó un respetuoso silencio. El lamento desgarrado de Isabel, abrazada al cuerpo sin vida de su amado, puso el broche dramático a la representación del sábado, arrancando aplausos y lágrimas. La escena del balcón y la muerte de Diego contaron además este año con una propuesta artística más rotunda.
Las Bodas afrontarán este domingo su última jornada, marcada por el recogimiento y el homenaje final a los Amantes, con el sepelio de Diego, las exequias fúnebres y los actos tradicionales en honor a una historia que, ocho siglos después, sigue siendo una de las historias más emblemáticas y multitudinarias del calendario cultural aragonés.

