La residencia de Villafranca de Ebro: anatomía del trágico incendio un año después
La alcaldesa de Villafranca de Ebro, Volga Ramírez, fue una de las primeras personas en entrar a la residencia de la localidad la madrugada del trágico incendio, cuyo primer aniversario se conmemora este sábado. Un año después, admite en una conversación con este diario que todavía no ha sido capaz de volver. Ni a los meses, con la tradicional visita de los Reyes Magos a los internos, ni en el resto de los días del calendario hasta sumar 365.
La acompañó su marido, con quien se encontraba al recibir la llamada del 112, y ahí dieron con varios efectivos de bomberos y agentes de la Guardia Civil. Con estos últimos coincidió más adelante. No los reconoció, tuvieron que recordarle que les había facilitado mascarillas para enfrentarse al humo que llenó uno de los pabellones del complejo Jardines de Villafranca. También estaban en los primeros instantes dos cuidadoras y su actuación evitó que la tragedia fuera a más, aunque en cualquier caso se superó el precedente de Cuarte de Huerva en 2015, que tuvo su origen en una acción intencionada.
“Consecuencia de una concatenación de circunstancias, una o varias a la vez, o hechos”. Así define el informe técnico del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil de Logroño, encargada de esta fase de la investigación, lo sucedido el 15 de noviembre de 2024, que en un inicio se achacó a un cigarrillo en contacto con una máquina de oxígeno y no a la batería de un teléfono, como se reveló más adelante.
La alarma se accionó en torno a las 5.00 horas de la madrugada, según la reconstrucción de los hechos. Para entonces, el dispositivo llevaba conectado, al menos, cuatro horas y media, las que habían pasado desde las 00.30, cuando las dos trabajadoras conectaron la máquina de oxígeno porque Isabel, la interna de la habitación número catorce, no se encontraba bien. El enchufe se colocó en la toma más alejada de la cama porque el otro estaba ocupado por el cable del teléfono, apoyado a su vez sobre una almohada o “alrededores inmediatos” de tela “impidiendo la disipación del calor” y propiciando la combustión de la batería.
HUMO Y GASES TÓXICOS
El humo, gases tóxicos y partículas salieron despedidos en todas las direcciones, ocasionando el fuego, que se extendió hacia el pasillo (sin que la máquina de oxígeno le otorgase más fuerza) por otra casualidad: a la interna “no le gustaba que la puerta estuviese cerrada, motivo por el que siempre se encontraba abierta”.
La hipótesis del cigarrillo, sustentada en que la citada usuaria “era fumadora” y tenía permiso “al ser una persona poco conflictiva y muy dependiente del tabaco”; se descartó al estudiar el origen del suceso. En cualquier caso, no había solicitado fumar esa noche y la posibilidad se limitaba a espacios concretos, pues la alarma de incendios saltaba y los cuidadores procedían a retirar el paquete, los encendedores o cerillas.
La habitación catorce quedó “totalmente destruida”, hace constar la Benemérita, y el resto de la misma ala “afectadas por humo en mayor o menor grado”. Paredes, ventanas, puertas y otros tipos de mobiliario fueron presa de las llamas. En esas circunstancias se produjo el rescate del resto de usuarios
“Lo que más me impacto fue un señor que salía a gatas del incendio, había sido médico, pierde la memoria y sabe cómo actuar en una situación grave”, narra la alcaldesa.
LOS INTERNOS EN EL PUEBLO
Un año después, la parte calcinada de la residencia sigue en obras. Los internos hacen, como hacían, vida normal. “A Fernando le tenemos un cariño tremendo, va a correos a las ocho de la mañana y lee su periódico. También Isa, Alfonso”, cuenta Ramírez.
Lo sucedido “no se va a olvidar” ni por su parte ni a la propia Villafranca de Ebro. La primera edil insiste en agradecer personalmente el apoyo a la consejera de Bienestar Social y Familia, Carmen Susín, al resto del Ejecutivo y el resto de autoridades y cuerpos y fuerzas de seguridad, las mismas que se personaron en el complejo a los pocos minutos del suceso. “Y gracias a que en Aragón tenemos las mejores emergencias de España, son para quitarse el sombrero”, subraya.