Posible agresión sexual en Zaragoza: “Estaba desnuda, en shock y mis amigos me habían dejado tirada"

Los hechos sucedieron tras una noche de fiesta en una discoteca del Casco de Zaragoza, donde presunto autor y víctima se conocieron
“Yo soy inocente, nunca he violado a nadie”, ha señalado el acusado, entre lágrimas, en la Audiencia Provincial de Zaragoza
photo_camera El acusado, en la Audiencia Provincial de Zaragoza

“Me desperté desnuda, en estado de shock y sin entender por qué mis amigos me habían dejado tirada y yéndome a casa de un extraño”, ha relatado una mujer que afirma haber sido víctima de una agresión sexual después de salir por el Casco de Zaragoza y no recordar nada hasta horas después. El acusado defiende su inocencia y sostiene que todo fue consentido: “Yo soy inocente, nunca he violado a nadie”, ha señalado entre lágrimas en la Audiencia Provincial. El testimonio de la víctima, única prueba del caso, se ha llegado a poner en entredicho por la declaración de un amigo, a quien ella acusa de haberla “dejado tirada a manos de un desconocido”.

Todo comenzó horas antes, cuando la denunciante, C. G., invitó a su amigo J. P. Z. a su casa para comenzar a beber. La ingesta de alcohol durante el transcurso de ese día, el 2 de octubre de 2021, no hizo más que ir en aumento, y C. G. se reunió con el resto de su habitual grupo de amigos hasta llegar al lugar de los hechos, un conocido bar-discoteca de la zona del Casco de Zaragoza.

Cuando la presunta víctima y el acusado, un chico de origen colombiano, se conocieron en la discoteca, la ingesta de alcohol no disminuyó, y ambos han admitido esta mañana, durante la vista oral del juicio, que dentro del local se bebieron copas y chupitos. “No tengo recuerdo de mantener una conversación relevante con él”, ha señalado la presunta víctima. Llegada la hora del cierre, alrededor de las 3 o 4 de la madrugada, ella deja de recordar pero, aparentemente, se fue a casa del acusado, donde tuvieron relaciones sexuales con penetración.

“NO DENUNCIÉ ANTES PORQUE MIS AMIGOS ME DISUADIERON”

Tras una laguna en su memoria de varias horas, la mujer se despertó desnuda en una cama, y vio cómo parte de su ropa estaba recién lavada y puesta en el radiador. “Él me negó que hubiera pasado algo malo”, ha descrito la denunciante esta mañana, “y si no denuncié antes fue porque mis amigos me dijeron que todo estaba bien y que si me había ido a su casa habría sido por algo”. Pero antes de despedirse de su presunto agresor, C. G. estuvo hora y media más con él.

Ya había amanecido, y ambos fueron al parking de la avenida César Augusto para coger la furgoneta del acusado e ir a buscar droga. En su bajada al aparcamiento una cámara les grabó, captando a la presunta víctima en “actitud risueña”, según ha señalado el abogado de la defensa, Alejandro Sarasa, algo que no cuadraría con la presunta agresión sexual. “Si te han violado, no tiene sentido que luego te vayas a buscar cocaína con tu supuesto agresor”, ha apuntado el letrado.

“Estaba en shock, esa noche no había sido yo y no me reconocía”, ha sostenido C .G., que también ha explicado que tras hablar con su amigo después de lo ocurrido, éste le dijo “que se fuera a casa, ya que todo estaba bien”. Los hechos concluyeron cuando el presunto agresor acercó con el coche a la víctima hasta donde estaba su amigo. “Después fui a casa pero no quería admitir lo que había pasado”, ha reconocido la mujer. “Se lo conté a mi hermana y fue ella la que me acompañó a denunciar”, ha manifestado.

EL RELATO DE LA VÍCTIMA, ÚNICA PRUEBA DEL CASO

La denuncia, efectivamente, no se produjo hasta varios días después. Realizados los análisis forenses pertinentes, se encontraron restos biológicos del acusado en la denunciante, confirmando que la relación sexual sí se produjo. Si existió o no consentimiento, será el Tribunal de la Sección Sexta de la APZ quien lo dirima.

La acusación particular, en manos de Juan Carlos Royo, ha incidido en que el relato de la víctima, pese a las lagunas de memoria, ha sido consistente en cuanto los hechos se refiere, así como el que ha aportado el amigo de ella en calidad de testigo. “Su amigo era consciente del mal estado de mi clienta cuando salieron del bar, y los dos testimonios se deberían tener en cuenta como pruebas irrefutables”, ha apuntillado el letrado.

La defensa, por su parte, cree que el delito de agresión sexual que se está juzgando se basa en un recuerdo nulo de los hechos. Asimismo, el abogado ha argumentado que no se practicó ninguna prueba de drogas a la víctima para comprobar siquiera que había sido drogada, “ya que si no se acuerda de nada, ¿cómo subió a casa del acusado?”, se ha preguntado el letrado Sarasa.

“UNA DUDA RAZONABLE” PARA LA DEFENSA DEL ACUSADO DE AGRESIÓN

La prueba en la que la defensa sustenta la inocencia del acusado también se basa en la declaración del amigo de la víctima, ya que durante su primera declaración, dijo que ella le había confirmado, horas después de lo sucedido: “Haber puesto el culo en pompa, gemir un poco, hasta darme cuenta de que tenía novio”. El testigo y examigo de la víctima no lo ha ratificado esta mañana, alegando no recordarlo.

Un segundo testigo, camarero del bar y aportado por la defensa, ha mantenido que tanto agresor como víctima estuvieron ya hablando dentro del bar. Por su parte, varios psicólogos han confirmado la asistencia que la víctima necesitó tras lo sucedido, mostrando “un cuadro de ansiedad reactiva originada ante una posible situación de estrés post-traumático”. Un cuadro clínico que le ha hecho cambiar de amigos y vivir el ocio de manera diferente. “Los pensamientos intrusivos y sentirse defraudada con sus amigos es una victimización secundaria que muchas veces puede incluso ser más grande que los propios hechos, en este caso, haber sufrido una agresión sexual”, ha manifestado la psicóloga de la presunta víctima.

Para la fiscal, la no declaración del acusado hasta bien desarrollada la investigación, delata la estrategia de la defensa, y cree que no se podría tratar de un relato fabulado por parte de la víctima “por todas las pérdidas que le ha supuesto contarlo”. Pide 9 años de cárcel para el acusado y una indemnización de 50.000 euros por un delito contra la libertad sexual. La acusación particular ha sumado un año más de prisión a la pena solicitada y asciende a 150.000 euros la compensación económica. La defensa, no obstante, pide la absolución por existir “una duda razonable”.

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