Piden 26 años de cárcel a un joven de Zaragoza por presunto maltrato y abuso sexual a dos menores
La Audiencia Provincial de Zaragoza ha sentado en el banquillo a un joven de 23 años acusado de maltratar y abusar sexualmente a dos chicas de Calatayud con las que mantuvo sendas relaciones sentimentales y seguidas en el tiempo y con las que además tiene una diferencia de edad de cuatro y cinco años, respectivamente.
Las denunciantes, quienes se conocían previamente dado que incluso llegaron a salir juntas antes de verse con el acusado, mantienen un relato de maltrato habitual y abuso sexual continuado por los que la fiscalía pide 26 años de prisión.
Durante la vista oral de este martes sobre “unos hechos de difícil discernimiento”, según ha calificado el propio Ministerio Público, la defensa ha solicitado la absolución del joven ante una “ausencia total de prueba” por “unas relaciones consentidas y conocedoras por todas las partes”.
Para entender qué pudo haber pasado, o al menos cuáles son los presuntos hechos enjuiciados, es preciso situar a las tres partes. Por un lado, J. G. B., el acusado y nacido en 2002, vivía en Calatayud con su abuela y su madre cuando conoció a las denunciantes, dos chicas nacidas en 2006 y 2007, también residentes en la ciudad bilbilitana. Los tres implicados pertenecían a la misma pandilla de amigos y fue a principios de 2021, según el escrito del Ministerio Fiscal, cuando el procesado y la primera denunciante comenzaron a salir juntos, cuando ella tenía 15 años y él 19.
- “LOS TRES SOMOS MÁS SENSIBLES DE LO NORMAL”
- UNA DENUNCIANTE: “OPTÉ POR DESAPARECER MENTALMENTE, DEJANDO SOLO EL CUERPO”
- LA DEFENSA: “LAS RELACIONES FUERON TÓXICAS Y PATOLÓGICAS, PERO CONSENTIDAS”
“LOS TRES SOMOS MÁS SENSIBLES DE LO NORMAL”
Según el mismo escrito de acusación, durante dicha relación el joven le profirió insultos y expresiones tales como “no eres suficientemente buena” o “subnormal”. El primer episodio de violencia física llegaría en el verano de 2022, poco antes de que terminara la relación, durante las fiestas del Carmen, cuando el acusado presuntamente la empujó, cayéndose al suelo y haciéndose daño en la rodilla. Poco más tarde, en julio de ese año, la denunciante ha explicado durante su declaración cómo su pareja de entonces eyaculó sobre su torso mientras ella dormía. “Me quedé quieta, nunca me había pasado algo así”, ha dicho ante los jueces.
“No se me da bien gestionar las emociones hasta que me siento segura para contarlas”, ha manifestado también, antes de sostener que “se sintió menospreciada por el acusado al final de la relación”. Ante las preguntas de la defensa, en manos del abogado Juan José Roa, la denunciante ha explicado que los tres implicados (procesado y presuntas víctimas) son “más sensibles que el resto de personas, todo nos afecta más de lo normal”.
En cuanto a la segunda denunciante, esta mantuvo una relación con el acusado nada más terminar con la primera menor de edad. Ambas eran amigas, y según han asegurado, ellas también mantuvieron una relación antes de salir con el joven. Según la fiscalía, antes de que comenzara esta segunda relación, J. B. G. “tocaba los pechos con ánimo libidinoso de forma semanal”. “Él me decía que eso era algo normal entre amigos, a mí me parecía extraño y lo hizo más de dos veces”, ha mantenido la segunda querellante ante la Sección Primera.
UNA DENUNCIANTE: “OPTÉ POR DESAPARECER MENTALMENTE, DEJANDO SOLO EL CUERPO”
Una vez iniciada la relación, que duró hasta octubre de 2023, el primer episodio de relación sexual aparentemente no consentida llegó tras un año y medio, cuando, según la víctima, “acudió a casa del acusado porque no podía dormir pero con la intención de no hacer nada, hasta que se despertó en mitad de la noche porque él le estaba penetrando vaginalmente”. Según su relato, desde esa fecha mantuvieron relaciones sexuales no consentidas, algo que el denunciado, quien no ha podido evitar el llanto durante el juicio, ha negado rotundamente. “Opté por desaparecer mentalmente, contaba los minutos hasta que acabara, dejaba que solo estuviera el cuerpo sin oponer resistencia”, ha llegado ha decir la supuesta segunda víctima.
El Ministerio Fiscal considera más graves los hechos producidos en esta segunda relación, y solo por el presunto delito de abusos sexuales interesa una pena de doce años de prisión. La joven, que en el momento de iniciar la relación con el acusado tan solo tenía 14 años, ha renunciado a cualquier tipo de compensación económica. “No quiero sacar provecho económico de esto”, ha subrayado la denunciante.
Una cuarta persona en discordia, el nuevo novio que la segunda demandante se echaría después de terminar con el acusado, ha afirmado haber escuchado una llamada en manos libres donde el procesado “reconocía las agresiones o abusos”, aunque nunca vio ni presenció nada. “He visto algunos moratones pero no sé de qué eran, ella me dijo que tenía anemia”, ha apostillado. La madre y la abuela del acusado se han posicionado a favor del procesado y han negado cualquier abuso o maltrato. “Sabía que iban a acabar mal, los dos tenían problemas psicológicos”, ha llegado su progenitora.
La psicóloga del joven, con quien se entrevistó regularmente durante tres años, aunque mucho antes de los hechos enjuiciados, ha definido al acusado como “un paciente complejo, muy vulnerable al entorno social entre iguales y con una actitud de ‘hiperresponsabilidad’ ligada a su extrema sensibilidad”, al menos en el intervalo de tiempo que la psicóloga en calidad de perito lo trató.
LA DEFENSA: “LAS RELACIONES FUERON TÓXICAS Y PATOLÓGICAS, PERO CONSENTIDAS”
El letrado de la defensa, Juan José Roa, se ha mostrado disconforme con la gran parte del relato de las denunciantes y la fiscalía, y no entiende cómo “las dos víctimas fueron reiterada y voluntariamente a casa del acusado, incluso después de terminar la relación” y tras las supuestas agresiones. “Las relaciones entre todos eran tóxicas y patológicas, pero consentidas”, ha insistido, antes de pedir la absolución para su representado y pedir rigor “ya hay en juego 26 años de cárcel y “una ausencia total de pruebas”.
En su turno de última palabra, el joven acusado se ha terminado de derrumbar al tiempo de manifestar “no entender” por qué estaba ahí. “En ningún momento les he hecho daño a ninguna, las he visto sufrir y las he apoyado, les he limpiado las heridas”, ha dicho entre lágrimas. Aunque ninguna de las dos denunciantes se ha presentado en la causa como acusación particular ya que renunciaron a ello, la fiscalía solicita un total de 26 años de prisión: cuatro por dos delitos de maltrato habitual, dos por otros dos delitos de maltrato, 17 años por dos delitos continuados de abusos sexuales a menores y tres años por un delito de abuso sexual.