Una pelea de pareja tras salir de fiesta en Zaragoza termina con una puñalada en la pierna: "Recuerdo sangre y toallas"
La pelea entre una pareja tras una noche de fiesta en Zaragoza terminó casi de la peor manera posible. Y es que el varón casi acaba desangrándose tras recibir por parte de su entonces novia una puñalada en el muslo derecho que le atravesó la vena femoral. Este martes ambos se han sentado en el banquillo de la Audiencia Provincial de Zaragoza reprochándose lo sucedido y pidiendo penas de cárcel que alcanzan hasta los nueve años para el caso de ella, Nichole V. M., quien a su vez le acusa a él de un delito de lesiones y otro de maltrato, ya que acabó con la nariz fracturada. El Salud, que intervino hasta en tres ocasiones al hombre por su herida en la pierna y sus derivadas complicaciones, le reclama a la acusada más de 50.000 euros en concepto de gastos sanitarios.
Para entender qué pudo pasar la noche de los hechos y estos relatos cruzados, cuya disparidad se ha hecho palpable esta mañana en sala con la distancia mantenida entre ambos procesados, es preciso remontarse al 21 de diciembre de 2024. Tanto L. F. L. como Nichole salieron, o se encontraron, en una discoteca de la capital aragonesa aprovechando que una amiga de ella había venido de visita desde Barcelona. Según ha relatado la acusada ante la Sección Primera, “él comenzó a ponerse celoso” cuando le vio bailar y reírse con su amigo. “Me fui al baño y él me siguió y comenzó a insultarme mientras me pegaba puñetazos en la cara”, ha asegurado la joven, quien prefirió continuar la juerga sin darle más importancia. Él ha negado esta versión, alegando que se marchó antes a casa “porque estaba cansado” y que volvió a la discoteca porque ella le pidió que “fueran juntos a casa”.
Y dicho y hecho. Los dos acusados, el amigo de él y la amiga de ella cogieron un taxi hasta el domicilio de Nichole en la calle Rodrigo Rebolledo, donde supuestamente todos iban a tomar algo tranquilamente. Sucedió todo lo contrario y la pareja comenzó a discutir de nuevo. “Me empezó a recriminar y a pegar puñetazos en la cara otra vez y tenía tanto dolor que me fui a la cocina a por hielo”, ha respondido la acusada a preguntas de la Fiscalía. El acusado, no obstante, mantiene que fue ella quien quería retomar una relación que supuestamente ya estaba rota, y que Nichole pudo haber ido a la cocina para coger el cuchillo que momentos después acabaría clavado en su pierna. Ha expuesto que incluso llegó a escuchar cómo ella le decía que “lo que le iba a hacer no se podía comparar a lo que había pasado antes”, refiriéndose a un episodio pasado donde ella también lo atacó, pero él prefirió no denunciar. La encartada, por su parte, ha declarado que hubo un forcejeo con el cuchillo en el que él le gritó que “tenía que matarla” y después, “por rabia, se lo clavó a sí mismo”.
Un matiz que no ha convencido mucho a ninguno de los allí presentes y que, a tenor de la insistencia de la fiscal y el recuerdo por parte del juez Alfonso Ballestín de su derecho a no declarar, ella ha terminado reconociendo con un escueto “sí” ser la autora de la cuchillada. “Recuerdo sangre y toallas”, ha declarado un agente de la Policía Nacional que acudió al domicilio donde tuvo lugar la agresión. Antes de eso entró en escena la madre de la acusada, quien, viviendo dos pisos más arriba, escuchó los gritos y llantos de su propia hija. “Entré y vi a mi hija con la cara ensangrentada e intentando reanimarle a él, quien estaba recostado en el sofá”, ha atestiguado la progenitora, quien además ha insistido en que fue ella quien le arrancó el pantalón e hizo presión sobre la herida antes del torniquete que realizaron los agentes de las patrullas Z que intervinieron.
Ambos fueron trasladados al hospital, y él fue operado de urgencia y permaneció ingresado una semana, necesitando más de 200 días de curación. “Aún voy cojo y no puedo conducir”, ha expresado el hombre. “De no haber recibido atención médica inmediata, hubiera muerto desangrado”, ha manifestado la médico forense también esta mañana.
Con todo, el Ministerio Fiscal considera a ambos culpables de un delito de lesiones y pide para cada uno dos años de cárcel. En el caso de Nichole, la acusa de “lesiones graves” al considerarla la autora de la puñalada, aunque cree firmemente que no “tuvo ánimo de matar”. La defensa del acusado, en manos del abogado Rafael Ariza, sostiene que se trata de un delito de homicidio en grado de tentativa y pide nueve años y medio de prisión. El abogado de la mujer interesa para él hasta cuatro años por un delito de lesiones y nueve meses más por un delito de maltrato.