Madre de uno de los menores de Ateca: “Les pegaban uno por uno mientras los demás escuchaban fuera"

Las madres notaban a sus hijos distantes por videollamada
Marcela y Karelly son dos de las madres de algunos de los menores que permanecieron y sufrieron en el Centro de Menores de Ateca 

Marcela y Karelly son dos de las madres cuyos hijos estaban internos en el Centro de Menores de Ateca donde se cometían supuestas torturas, vejaciones y un agresión sexual. Su relato cuenta el calvario de unos meses en los que la preocupación por sus hijos fue en aumento a raíz de una serie de señales como las heridas que sus niños traían a casa o cómo les prohibieron desde el centro poder visitar a sus hijos. Esto supuso el culmen de una angustia que desembocaría en una serie de acontecimientos ya conocidos: la detención de cinco trabajadores del CTA, incluido su director, el cierre del centro y la posible denuncia conjunta de los padres a la DGA y al IAAS.

Con sus hijos ya en casa, Marcela Céspedes y Karelly Andrés respiran un poco más aliviadas. Tras un primer fin de semana en Zaragoza y lejos del Centro de Menores de Ateca, ambas madres han notado a sus hijos algo irascibles, raros y con un sufrimiento que a veces les cuesta exteriorizar y sufren en silencio. “Cuando mi hija empezó a hablar sobre las torturas y golpes que le daban al hijo de Marcela”, ha explicado Karelly sobre el momento determinante para que ambas progenitoras tomaran cartas en el asunto y se presentaran en el municipio bilbilitano.

Marcela, quien afirma que tiene una relación muy estrecha con su hijo, comenzó a notarle algo distante en una videollamada, y se fijó en algunos moratones que tenía en algunas partes del cuerpo, aunque él lo negaba o no le daba importancia. Cuando finalmente Marcela pudo ir al centro, tras una retahíla de negativas por parte de auxiliares y trabajadores en forma de correo electrónico a los que este medio ha tenido acceso, se encontró con una situación más adversa de lo que en un principio esperaba.

Al poder ver a su hijo y comprobar en primera persona los rastros de los abusos que se estaban perpetrando en el Centro de Menores de Ateca, no dudó en hacer fotografías, incluso videos, para presentarlos a la Guardia Civil, la Fiscalía de Menores y la Policía Nacional. “Le partieron un diente, heridas en varias partes del cuerpo, una cicatriz desde hace un año”, cuenta Marcela entre lágrimas. “Vi quemaduras redondas que apuntaban a que los propios trabajadores apagaban cigarros en los brazos y piernas de los niños”, ha señalado Karelly, otra de las madres denunciantes.

LA DGA NO SE HA PUESTO EN CONTACTO CON NINGUNA DE LAS DOS MADRES

Al ser conocedora de estos hechos y ver las pruebas con sus propios ojos, la juez del Juzgado de Instrucción número 2 de Calatayud, Aída Ramírez, ordenó prisión sin fianza para cuatro trabajadores del centro y el director, Iván Rodríguez. Al filo de sus declaraciones, ambas madres han confirmado que “los técnicos llegaron a a abusar sexualmente de varios menores del centro o grabarles mientras les pegaban en la ducha”.

Unas graves acusaciones sobre las que supuestamente el ya es director del CTA estaba informado. Sin embargo y como apuntan las últimas investigaciones, no hizo nada al respecto, sino que llegó a encubrir estos abusos y vejaciones. “No todos los culpables están entre rejas”.

“Cuando la juez vio las heridas de mi hija, se puso a llorar”, ha contado Karelly sobre aquellas declaraciones que supusieron un punto de inflexión para que la investigación saliera adelante. “La propia técnica del IAAS de protección de menores me negaba las visitas a mi hija, alegando que no era el momento y ella suponía una mala influencia para su hijo menor”, ha explicado Karelly.

Estas visitas, cuando rara vez se producían según las madres duraban entre una y dos horas, siempre supervisadas y nunca a solas. “Al llegar podíamos ver a todos los chavales con el ánimo bajo, sentados y copiando sin parar, sin apenas intimidad”, ha señalado Marcela Céspedes.

En cuanto a la habitación del terror que había, Karelly ha contado cómo a su hija y otros chavales del centro les obligaban a sentarse en fila en el pasillo de fuera a escuchar los gritos de sus compañeros mientras eran vejados. “En la puerta de la habitación había un cartel que ponía ‘Habitación Huesca o habitación del terror”, según explica Karelly sobre una de las visitas que realizó en el centro. “Los encerraban horas y horas allí, con una ventana muy pequeña, uno por uno, bajo llave y a darles golpes y contenciones mientras los demás lo escuchaban”, ha subrayado Marcela.

Nadie del IAAS o de la DGA me ha llamado para pedirme perdón, para facilitarme algún tipo de ayuda psicológica o psiquiátrica para mi hijo o para mí”, denuncia Marcela, madre de uno de lo menores de Ateca. “Estas primeras noches mi hijo comía pero luego lo vomita todo, he tenido que racionarle la comida porque allí apenas comía. Son días duros y siento que mi hijo no está bien, no lo está”, ha expresado visiblemente emocionada.