El incendio de la Flying, 36 años después: así ocurrió una de las peores tragedias de Aragón

El incendio de la discoteca Flying de Zaragoza, sucedido la madrugada del 14 de enero de 1990, se cobró la vida de 43 personas. Fuente: CARTV
El 14 de enero de 1990, un incendio en la discoteca Flying de Zaragoza causó 43 muertos y abrió un largo proceso judicial sin indemnizaciones para las familias

Este miércoles, 14 de enero, se cumplen 36 años del incendio de la discoteca Flying, una de las mayores tragedias de la historia reciente de Zaragoza y de Aragón. Aquella madrugada de 1990, el fuego y, sobre todo, los gases tóxicos acabaron con la vida de 43 personas, en su mayoría jóvenes, en un local del Casco Histórico que se convirtió en cuestión de minutos en una trampa mortal. Tres décadas y media después, el recuerdo sigue marcado por el dolor de las familias y por una larga batalla judicial que nunca logró cerrar del todo las heridas.

La discoteca Flying se encontraba en la confluencia de las calles Trinidad y Don Teobaldo, en el barrio de la Magdalena. El local contaba con dos plantas: una a pie de calle y otra en un sótano al que se accedía por una escalera interior, además de una salida de emergencia. Esa noche estaba programada la actuación de una orquesta y, según distintas fuentes, en el interior había entre 70 y 130 personas cuando, pasadas las dos y media de la madrugada, se produjo un apagón que precedió al incendio.

UNA TRAMPA MORTAL EN MINUTOS

Las investigaciones posteriores situaron el origen del fuego en un fallo eléctrico del sistema del aire acondicionado en el falso techo de la planta superior, una zona donde confluían cableado, materiales de insonorización y revestimientos altamente combustibles. El incendio se propagó con rapidez por ese espacio oculto y, cuando el encargado del local detectó las llamas, el humo ya había descendido al sótano. Muchos clientes ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar.

El lugar donde se ubicaba la discoteca Flying, en la Magdalena, en la actualidad.

Los bomberos que intervinieron encontraron una escena devastadora. Algunos cuerpos aparecieron en las escaleras, tanto en la principal como en la de emergencia, pero la mayoría fueron hallados en la sala inferior, muchos aún sentados. El informe forense determinó que las víctimas murieron por asfixia por inhalación de monóxido de carbono, generado por la combustión de moquetas, espumas y otros materiales plásticos. El fuego fue controlado con rapidez y apenas duró media hora, pero las pérdidas humanas, incalculables

DÉCADAS DE PROCESOS JUDICIALES Y SIN INDEMNIZACIONES

A la tragedia humana se sumó un proceso judicial que se prolongó durante más de 20 años. En la vía penal, el encargado del local y el propietario fueron condenados por imprudencia, aunque las responsabilidades económicas nunca se hicieron efectivas. El encargado falleció sin que se ejecutaran las indemnizaciones y el propietario fue declarado insolvente, llegando incluso a ser condenado posteriormente por insolvencia fraudulenta al acreditarse que ocultó su patrimonio para eludir los pagos.

Ante la imposibilidad de cobrar las compensaciones, los familiares de las víctimas acudieron a la vía civil y contencioso-administrativa, reclamando responsabilidad al Ayuntamiento de Zaragoza y al Gobierno de Aragón, que habían otorgado las licencias al local. Sin embargo, los tribunales concluyeron que no existían pruebas suficientes para atribuirles responsabilidad directa, aunque sí reconocieron un funcionamiento anormal de la administración y deficiencias en los procedimientos de control.

Una sentencia de la Audiencia Provincial de Zaragoza, dictada más de dos décadas después del incendio, subrayó que la falta de acreditación exacta del origen del fuego impedía fijar nuevas responsabilidades, pese a constatar irregularidades en instalaciones como la climatización y la modificación del sistema eléctrico sin la correspondiente autorización administrativa.

UNA HERIDA ABIERTA EN LA MEMORIA DE ZARAGOZA

El incendio de la Flying marcó un antes y un después en la percepción de la seguridad en locales de ocio nocturno. Junto a tragedias como el incendio del Hotel Corona de Aragón o el de Tapicerías Bonafonte, forma parte de una lista negra que cambió normativas, protocolos y exigencias técnicas. Sin embargo, para muchas familias, la sensación de falta de justicia y reparación sigue presente.

Treinta y seis años después, la discoteca ya no existe. Son viviendas las que ocupan lo que un día fueron pistas de baile. A escasos metros, el IES Pedro de Luna. La pared del edificio en la confluencia de las dos calles, abarrotada de grafittis. Dependiendo de la hora, se pueden encontrar grupos de jóvenes distribuidos en la hilera de bancos que se enfrentan al bloque que un día albergó una de las discotecas más populares de la capital aragonesa y que acabó en una de las mayores tragedias de la historia reciente de Aragón.