Las familias afectadas por los presuntas agresiones sexuales cometidos por un trabajador de la escuela infantil privada Waldorf Munay, en el barrio del Arrabal de Zaragoza, han decidido unirse en la Plataforma Afectados Munay, un colectivo que busca “proteger a sus hijos y buscar justicia frente a los presuntos abusos sexuales”. Según sus portavoces, la agrupación no tiene fines políticos ni económicos, sino que persigue tres objetivos claros: justicia y reparación, protección para los menores y visibilizar la situación para evitar que se repita.
El caso saltó a la luz a principios de septiembre, cuando la Policía Nacional detuvo al profesor tras las denuncias de varios padres por supuestos abusos a menores. Tras pasar por los juzgados, el hombre quedó en libertad, lo que ha generado una sensación de inquietud entre las familias afectadas, quienes insisten en que “el proceso judicial continúe hasta esclarecer la totalidad de los hechos y garantizar la seguridad de todos los niños del centro”.
En la web de la plataforma se recogen varios testimonios que ilustran el impacto emocional que han sufrido los niños y sus familias. Una madre relata cómo “confiaron en Munay para el cuidado de nuestra hija. El dolor viene no solo del hecho tan grave que ha sucedido, sino de la falta de empatía por parte de la escuela”. Otro testimonio señala cómo la confianza depositada en la institución se transformó en miedo y ansiedad para los más pequeños: “Llevamos a nuestra pequeña con toda la ilusión del mundo, pensando que era un centro respetuoso. A los pocos meses su carácter se volvió muy ansioso y empezó a tener miedo de los varones a los que no conocía. Lloraba porque no quería ir al colegio y se hacía pis encima al salir porque no quería usar el baño”.
LAS FAMILIAS: “HEMOS OÍDO ALGUNAS RESPUESTAS QUE HIELAN LA SANGRE”
Lo vivido por otra familia refleja la angustia que provoca enfrentarse a preguntas que ningún padre debería tener que formular a su hijo, como así lo constatan: “Hay preguntas que uno nunca se imaginaría tener que hacerle a un hijo, pero, tras las primeras denuncias y con la orientación profesional adecuada, hemos oído algunas respuestas que nos han helado la sangre. Es muy duro enterarse, pero queremos saber la verdad para poder buscar reparación y sanación”.
Otras familias destacan el impacto emocional y el sentimiento de traición que supone descubrir que un entorno considerado seguro se convierte en fuente de daño: “Durante un tiempo creímos sinceramente que este era un jardín de infancia maravilloso; un lugar lleno de calidez y potencial para los niños y niñas. La conclusión es desgarradora. La gestión de esta crisis ha sido dolorosa, llegando incluso a intentar el descrédito de las familias más afectadas”, apunta otro de los testimonios.
Los miembros de la Plataforma Afectados Munay subrayan que su intención es dar voz a las familias y evitar que la situación se repita en otros centros. “Nos sentimos extremadamente decepcionados después de varios años confiando en la escuela Munay. Sentimos una inmensa tristeza por los niños afectados y sus familias y nos persigue una inquietud continua respecto a todo lo que puede haber ocurrido y que todavía no ha salido a la luz”, recalcan.
Hasta la fecha, las investigaciones continúan abiertas y la Unidad de Atención a la Familia y a la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional mantiene su labor de recopilación de pruebas y declaración de testigos para aclarar los presuntos delitos. Mientras tanto, los padres reclaman mayor implicación de las autoridades educativas y del propio centro en la protección de los menores, así como transparencia en la gestión de la crisis y que los niños afectados reciban el apoyo y la protección que necesitan.

