Un coletero como escondite de cocaína acaba con una mujer sentada en la Audiencia Provincial de Zaragoza
La imaginación de algunos traficantes para ocultar la droga no conoce límites. Desde dobles fondos en vehículos hasta envases cotidianos, cualquier objeto puede convertirse en escondite improvisado. En este caso, lo elegido fue un simple coletero con cremallera, que terminó delatando a su portadora y llevándola al banquillo de los acusados en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
El juicio se celebró este jueves en la Sección Tercera, donde K. H. A., sin antecedentes penales, aceptó un acuerdo de conformidad con la Fiscalía. La acusada fue interceptada por la Policía Nacional el 26 de diciembre de 2024 en la avenida Tenor Fleta, cuando los agentes observaron cómo se metía dentro de un coche BMW a cuyo conductor habían llamado previamente la atención por obstaculizar el paso en esta concurrida arteria de la capital zaragozana. Cuando ambos estaban montados en el vehículo, hicieron un intercambio de droga y dinero que no se le escapó a la Policía.
Durante el registro a la acusada, los agentes hallaron en su poder un coletero en cuyo interior había hasta seis envoltorios de cocaína, además de algo de dinero en efectivo. Los análisis confirmaron que se trataba de diversas dosis con un nivel de pureza elevado, destinadas según la Fiscalía a su distribución a terceros. Asimismo, el Ministerio Fiscal valoró la droga intervenida en casi 400 euros en el mercado ilícito.
Inicialmente, el Ministerio Público solicitaba para la acusada cuatro años de prisión, una multa de 700 euros y la expulsión de España durante cinco años. Sin embargo, tras la conformidad alcanzada en sala y la defensa ejercida por la abogada Claudia Melguizo, la pena se ha reducido a un año y siete meses de prisión y una multa de 250 euros. Además, se le ha retirado la petición de expulsión del país.
La sentencia fue dictada in voce durante la vista de este jueves, y la jueza acordó la suspensión de la pena privativa de libertad, al ser inferior a dos años, condicionada a que la acusada no vuelva a delinquir en el futuro. Un coletero, en apariencia inofensivo, se convirtió así en la clave de un proceso judicial que demuestra cómo hasta los objetos más banales pueden esconder un delito de tráfico de drogas. Dan comienzo así los primeros juicios en el máximo órgano provincial tras la vuelta de vacaciones de verano.