Caso sumisión química Tecnocasa: crónica de un relato inconcluso

El documento de la UFAM enfrenta dos versiones de lo sucedido teniendo en cuenta más de 15 declaraciones, incluida la de la presunta víctima y el presunto agresor

La fase de instrucción sigue abierta y fuentes cercanas al caso no descartan más declaraciones
photo_camera La fase de instrucción sigue abierta y fuentes cercanas al caso no descartan más declaraciones

Ninguno de los presentes en el club Rosé de Santander, que al día siguiente acudirían a la convención nacional de la empresa Tecnocasa, olvidarán la noche del viernes 14 de junio de 2024. Pero dada la sucesión de los acontecimientos posteriores, se trata de un recuerdo confuso, mezclado con drogas y alcohol, al que se añade el ingrediente mediático, catalizador de una historia convertida en un relato opaco de la realidad.

La fase de instrucción de diligencias aún sigue abierta y fuentes cercanas al caso no descartan más declaraciones de testigos en los próximos días, lo que dirimirá en la decisión de la jueza de Santander: dar carpetazo al caso por una presunta sumisión química en una fiesta previa a una convención de Tecnocasa o abrir un proceso judicial que promete ser tan mediático como complejo. El documento de la Unidad de Apoyo a la Familia y la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional, que adelantó El Mundo y al que también ha tenido acceso ARAGÓN PRESS, enfrenta dos versiones de lo sucedido teniendo en cuenta más de 15 declaraciones, incluida la de la presunta víctima, Elena C.H., y el presunto agresor, G.G.B.

Fue el 20 de junio, seis días después de la noche de fiesta y la convención de Tecnocasa en Santander, cuando Elena decide acudir a la UFAM de Zaragoza para denunciar la supuesta sumisión química y agresión sexual de la cual no recordaba nada. “No suelo beber alcohol pero esa noche, como algo excepcional, me bebí un ron cola sobre la 1 de la madrugada”, reza la declaración. Lo siguiente que recordaba, al menos en ese momento, era despertarse desnuda ocho horas después en su habitación de hotel viendo cómo alguien salía de su habitación 315 con “dolor vaginal, marcas en las muñecas y un moratón en el muslo”.

El 10 de julio, Elena vuelve a personarse en la Brigada de la Policía Judicial porque “había recordado nuevos datos que podrían ser de interés para la investigación”. En esa declaración, la presunta víctima ya es más explícita acerca de lo sucedido, y aunque el informe médico comienza a contradecir su versión, ella asegura haber sido “inmovilizada y golpeada”.

LA PRESUNTA VÍCTIMA, DESPEDIDA DOS DÍAS ANTES DE LA DENUNCIA

Cabe señalar que, dos días antes de ir a la Policía e interponer la denuncia que daría paso a la investigación por sumisión química, Elena recibió la primera carta de despido que pondría fin a su relación laboral con la franquiciada de Tecnocasa, en Zaragoza. En ella, la empresa argumenta las pérdidas acumuladas de la empresa y un pequeño incidente de ese mismo día, 18 de junio, en el que Elena y su compañero fueron pillados “comiendo pipas y conversando en vez de estar trabajando”.

Cinco días después, el 24 de junio, llegaría la segunda y última carta de despido. Esta vez, dando unos motivos más detallados, acusando a Elena de usar el móvil del trabajo para un uso personal y acusándola de contar la historia de la presunta sumisión química en varias de las oficinas de las franquiciadas de Tecnocasa. Asimismo, mencionan una supuesta amenaza que Elena y su compañero, ahora amigo, profirieron antes de irse cuando fueron notificados del despido: “Piénsate las cosas bien, porque esto podría acabar muy mal”, puede leerse. Un segundo procedimiento se abrió, esta vez por despido improcedente contra la presunta víctima, Elena C. H. Su abogado pide una indemnización de hasta 200.000 euros.

Las diligencias recogen conversaciones entre la presunta víctima y otros empleados
Las diligencias recogen conversaciones entre la presunta víctima y otros empleados

Pocos días después, entre el 10 y 12 de julio, Elena se encuentra hasta en dos ocasiones con su presunto agresor, ya en Zaragoza, donde ambos residen. Algo, que según ella, “ha ayudado a ir recordando la laguna negra que supone la noche del 14 de junio”. Estos cruces casuales le provocaron una supuesta crisis de ansiedad, que instó al Juzgado de Santander a interponer una orden de alejamiento a no menos de 200 metros al presunto agresor, además de prohibirle comunicarse con la víctima. G. G. B., quien también solicitó medidas cautelares contra ella, ya que según él, estos encuentros no han sido fortuitos, sino provocados por Elena y su amigo, que “conocían perfectamente dónde trabajo y la ruta comercial que hago”. La jueza desestimó su solicitud.

"FUE ELLA LA QUE SE ACERCÓ A MÍ Y ME INVITÓ A UN CHUPITO", DICE EL INVESTIGADO

La Policía tomó declaración del investigado el 25 de junio, y no fue hasta el 10 días después cuando llamaron a Elena para intentar reconocerlo. En su declaración, el investigado da una versión contraria, como suele ser normal. En ella relata cómo el fin de semana del 14 al 16 de junio, el de la convención, una chica se acerca a él y le invita a un chupito. Él afirma ser ella la que inicia el “tonteo” y en el resto de la declaración da detalles de varias relaciones sexuales consentidas hasta que él decide irse alrededor de las 9.00 horas del sábado 15, dejando a Elena despierta en su habitación de hotel.

El día de la convención, G. G. B. no ve a Elena, pero sí que le llegan a sus oídos “cómo ella ha ido alardeando de haberse acostado con Míster España”. Asimismo, en su declaración, el investigado la acusa a ella y su amigo de las pintadas encontradas en su oficina de Zaragoza en las que se puede leer “Violador”.

La siguiente fecha es el 29 de julio, cuando Tecnocasa lanza un comunicado en el que recalca su “tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia, abuso o acoso, ya sea sexual o cualquier otro tipo de agresión o discriminación”, así como el anuncio de la suspensión temporal de la relación comercial con la franquiciada de Zaragoza en la que trabajaba Elena. El 11 de septiembre se produjeron las declaraciones de la presunta víctima, presunto agresor y siete personas más ante la jueza del Juzgado de Instrucción número tres de Santander por videoconferencia desde la Ciudad de la Justicia de Zaragoza, cuando el tema ya había salido en muchos medios de comunicación.

EL INVESTIGADO Y LOS TESTIGOS DAN LA VUELTA AL RELATO DE LOS HECHOS

Pero ha sido la declaración de una decena de testigos y las grabaciones del hotel en que supuestamente sucedió la agresión lo que ha comenzado a desmontar la versión de Elena, o por lo menos, emborronar todo este asunto. “Iba puesta hasta arriba”, “Me he tirado a Míster España y la tiene pequeña”, “menuda drogada llevo encima”, son algunas de las frases que muchos testigos aseguran haber oído de la boca de Elena durante el fin de semana de los hechos. Otros aseguran haberlas oídos de terceros. Conversaciones de Whatsapp de un supuesto grupo confirman, según lo recogido en el informe de la Policía, que Elena hace alarde de lo sucedido, aunque ella más tarde ha asegurado no ser ella quien lo escribía, sino su amigo, antes compañero de trabajo.

También testigos aseguran haberla visto en “actitud cariñosa y saltando hacia él” durante la fiesta en el pub Rosé de Santander, donde ambos se conocieron. No obstante, la defensa de la joven asegura que todas estas versiones “son distintas y se contradicen”. “Había mucho alcohol de por medio, y muchos que acudieron a esa discoteca llevaban bebiendo desde las cuatro o cinco de la tarde”, ha asegurado la abogada que lleva el caso penal, Vanesa Fernández.

En este complejo escenario, entre Santander y Zaragoza, será la jueza del Juzgado de Instrucción número 3 de la capital montañesa, María del Prado García, quien tenga que arrojar un poco de luz al asunto, y por lo menos, decidir si seguir con la investigación y que haya juicio oral, o bien dar carpetazo y cerrarla para siempre.

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