Huesca.- El juicio por la paliza en el bar La Luna de Huesca ha quedado esta mañana visto para sentencia tras las declaraciones de los últimos testigos, los peritos policiales y la lectura de las conclusiones, en las que tanto la Fiscalía como la acusación y la defensa han mantenido sus peticiones iniciales de once años de prisión para cada uno, por un delito de lesiones con abuso de superioridad, y absolución, respectivamente. Entre los testimonios ha resaltado el de una camarera del establecimiento que ha ubicado a tres de los cinco acusados en los hechos, así como el de la hija de la víctima.
La trabajadora, que ya no reside en la ciudad, ha identificado a estas tres personas aunque, durante su declaración como testigo protegido, ha dicho en primer lugar quiénes fueron los dos atacantes que reconoció y después ha modificado la identidad de uno de ellos. Según esta versión, el número de involucrados en la paliza fue de “ocho o nueve personas” y que se trataba de “un grupo de jóvenes de etnia gitana”. En un primer momento tuvo “miedo de declarar” porque vio que “ellos no tenían límites”.
Por su parte, la hija del agredido, cuya vivienda habitual se encontraba sobre el establecimiento, ha declarado que se asomó al balcón al oír ruidos procedentes de la calle, que bajó y que vio entonces a un compañero del instituto que según su declaración se encuentra entre los acusados en la puerta del recinto profiriendo una amenaza: “Si sales te mato”.
Durante la lectura de las conclusiones, el Ministerio Fiscal ha reconocido que se había tratado de una investigación “muy difícil” desde que ocurrieron los hechos, la madrugada del 22 de julio de 2013. Considera demostrado que se trató de una agresión multitudinaria llevada a cabo por un grupo de personas “mayoritariamente de etnia gitana” y clientes habituales del bar”.
Ha señalado como clave el testimonio de una persona que conocía y vio a los cinco acusados en La Luna esa noche y también con ellos al único condenado hasta la fecha por la paliza y que entonces era menor de edad. Las imágenes de cámaras de vigilancia que tras los hechos recogieron a las personas juzgadas y otra declaración de un testigo al que este menor indicó que habían agredido a una persona “que les había molestado, y en esos casos actuamos todos a una”.
La acusación particular, representada por el letrado Ricardo Orús, ha definido la testificación de la camarera como “demoledor e implacable”, y como una “prueba suficiente para que haya sentencia condenatoria”.
Por su parte, las tres abogadas defensoras han coincidido en que hay “vacíos probatorios” que impliquen a sus clientes en la paliza, con cambios en las declaraciones, y que no han quedado acreditadas ni las circunstancias ni cómo se llevó a cabo ni cuántas personas intervinieron en el proceso. En este sentido, Carmen Cifuentes ha dicho que “no me sirve esta testigo” ya que, ha argumentado, “dijo otras cosas en la fase de instrucción, como que mi defendido llevaba una camiseta blanca cuando era roja o que se agachó en el suelo durante la pelea”.
La abogada Carmen Sánchez sí considera que este testimonio “da un giro al caso” que puede llevar a los tres acusados a ser condenados; no así a su cliente, que no se encuentra entre los identificados por la entonces trabajadora del establecimiento y que “se encuentra en el banquillo por ser gitano”.
Por último, Cristina Dolcet ha concluido que “cinco personas que no han hecho nada puede ir a prisión” y que “algo ha fallado durante la investigación. El cuñado, que estaba con la víctima, no reconoció a ninguno de los cinco y hay contradicciones en la declaración de la camarera”.