El acusado de apuñalar hasta casi la muerte a un supuesto amigo durante las fiestas de la localidad zaragozana de Alpartir en el verano de 2023 se ha excusado en las drogas y el alcohol para justificar unos hechos por los que la acusación particular pide hasta 10 años de cárcel por un delito de homicidio en grado de tentativa. “Llevaba tres días sin dormir e iba muy bebido y drogado de cocaína”, ha manifestado Badreddine B. L., que antes de apuñalar hasta seis veces a la víctima había subido a su tejado para orinarse en su patio por una discusión previa en el pabellón municipal. El joven acuchillado, que casi pierde el conocimiento y fue salvado por un amigo que logró quitarle el cuchillo, murió en un accidente de tráfico hace meses.
“Lo que pasó es como un trauma, pensaba que me iba a morir, sentí que un fuego me iba a salir por la garganta como un volcán”, ha explicado el acusado, Bradeddine B. L., de 27 años y de origen magrebí pero con DNI español, sobre el día del crimen, sucedido en la mañana del 18 de junio de 2023. El contexto eran las fiestas de Alpartir, un municipio zaragozano ubicado en la comarca de Valdejalón.
El acusado y la víctima, un hombre de 31 años, coincidieron de madrugada en una verbena ubicada en el pabellón municipal. Aunque el agredido falleció hace un tiempo en un accidente de tráfico, durante la vista oral del juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Zaragoza se ha reproducido la declaración que éste hizo durante la fase de instrucción del caso poco después de los hechos.
UNA DISCUSIÓN PREVIA EN LA VERBENA DEL PABELLÓN MUNICIPAL
“No teníamos ni buena ni mala relación”, llegó a decir la víctima en junio de 2023. “Yo estaba haciéndome una foto con unas chicas y de repente pasó por mi lado y me dio un empujón, por lo que yo se lo devolví”, relató en relación al incidente previo. al acuchillamiento que le costó hasta seis heridas en cara, cabeza y tórax. La cosa no quedó ahí, y debido al volumen de la música, salieron fuera del pabellón, donde hubo un cruce de acusaciones pero sin llegar a las manos, momento en el que ambos fueron separados por amigos de la peña.
Todo parecía haberse quedado en eso, una simple discusión de fiestas de pueblo, pero la violencia más tosca aún estaba por llegar. El típico almuerzo mañanero se convirtió en el precedente del crimen. Tal y como han afirmado algunos de los testigos que han desfilado esta mañana por la Sección Sexta de la APZ, Badreddine habría insinuado en una de las peñas del pueblo la sangrienta venganza que más tarde se cobraría. “El acusado me dijo que había discutido con alguien y lo iba a matar” o “Voy a hacer la fiesta del cordero”, son algunas de las amenazas que el acusado habría dicho, según testigos y la declaración de la víctima tras el incidente.
“APARTA EL CUCHILLO DE MI VISTA QUE SINO VOY A MATAR A ALGUIEN”
Nadie lo creyó en su momento y no le dieron más importancia, pues todos ellos lo achacaron a la importante ingesta del alcohol del ambiente. “Eran fiestas del pueblo y todo el mundo iba muy bebido”, ha explicado uno de los testigos. “El acusado iba bebido pero como todos los demás. Nada exagerado”, ha apuntado otro. Uno de ellos, que se dedicó a cortar una empanada para el almuerzo, ha verbalizado como Badreddine le dijo: “Quitarme el cuchillo de delante porque sino voy a matar a alguien”.
Llegó el turno de la primera vaquilla y cuando la víctima se disponía a ver el encierro, le pillaba de camino la casa de sus padres del pueblo, ya que él vivía en Zaragoza. Para su asombro, observó al acusado subido al tejado mientras orinaba en dirección al patio de dicha propiedad. “Baja de ahí que te vas a romper la cabeza”, le llegó a decir la víctima a Bradreddine, aunque éste hizo caso omiso. Fue entonces cuando decidió subir y una vez arriba, el procesado sacó el cuchillo que tenía guardado y comenzó el ataque. “Sentí un primer golpe, y lo siguiente que recuerdo es forcejear con él porque estaba atacando. Noté mucha sangre manando de mi cuerpo”, explicó la víctima en su declaración.
“PEDÍ AYUDA A MI AMIGO PORQUE ESTABA PERDIENDO EL CONOCIMIENTO”
El filo del cuchillo le hizo heridas en la cara, el tronco, la espalda e incluso las piernas, además de las que había en las manos a modo de defensa para intentar sujetar el arma blanca que portaba el acusado. “Llegó un punto que no podía más, justo vino un amigo y le pedí que me ayudara porque estaba perdiendo el conocimiento”, articula casi entre lágrimas la víctima en la grabación reproducida en sala. En ella habla de un amigo suyo que, al percatarse de lo sucedido, ya que al principio los que vieron la pelea pensaron que se trataba de puñetazos, subió al tejado a ayudarle. “Me dijo que le quitara el cuchillo porque se estaba quedando sin fuerzas. Me costó pero al final lo conseguí”, ha relatado el amigo de la víctima ante los jueces.
Tras esto, el agresor intentó huir, aunque fue perseguido por los vecinos hasta que la Guardia Civil dio con él. “Estaba cubierto de sangre y mucha gente le perseguía”, ha dicho uno de los agentes actuantes. La víctima fue bajada del tejado, y atendida rápidamente a la llegada de los servicios sanitarios. Necesitó de 161 días de curación para todas las heridas sufridas, además de un trastorno por estrés postraumático y una importante cicatriz en la cara. “Tengo ataques de pánico donde revivo lo ocurrido, me recetaron orfidal y he empezado ir a terapia”, son algunas de las últimas aportaciones de la víctima antes del fundido a negro de la grabación de su explicación de los hechos.
EL ACUSADO SE ENFRENTA A 10 AÑOS DE CÁRCEL
El psiquiatra perito propuesto por la defensa que realizó un examen al acusado para la detección de posibles psicopatías ha expuesto ante los magistrados que el episodio violento pudo deberse a un estrés agudo, cercano al miedo insuperable, y una intoxicación cerebral causada por el alcohol. “Tiene un perfil típico de persona adicta”, ha sostenido el perito, lo que dadas las circunstancias podría haber desarrollado “una pérdida del control total”.
Es por ello que la defensa del acusado de homicidio en grado de tentativa, en manos del letrado Juan Carlos Macarrón, solicita una pena de dos años de prisión y tiene en cuenta la atenuante de drogadicción, la de miedo insuperable y la de reparación del daño. El Ministerio Fiscal, sin embargo, pide una pena de ocho años de cárcel y no considera probada la intoxicación etílica. La acusación particular, que representa a la familia del fallecido, eleva la pena interesada a los 10 años de prisión.



