¿Votamos a un partido político u otro en función de nuestro género?
13 de diciembre de 2023 (11:15 h.)
Ismael Crespo Martínez, Universidad de Murcia y José Miguel Rojo Martínez, Universidad de Murcia
A finales de los años sesenta del pasado siglo, se desarrolló el concepto de “clivaje” para designar a aquellos elementos que dividían a los miembros de la sociedad generando grupos con características e intereses diferentes y que, habitualmente, estaban en conflicto. La fractura que se producía entre estos grupos sociales se trasladaba al campo político, explicando el nacimiento de los diferentes partidos e influyendo en las actitudes, creencias y sentimientos de los individuos, así como en su comportamiento electoral.
La clase social, la tensión territorial centro/periferia o urbano/rural y también la religión son algunos de los clivajes que más importancia han alcanzado en la mayoría de las democracias europeas. El género apenas ha sido atendido como una de esas fracturas de la sociedad capaces de influir en el conflicto político.
Esta tendencia está cambiando al empezar a comprender cómo el género tiene una dimensión estructural y cultural que puede influir en la posición política de las personas, al mismo tiempo que los intereses materiales de clase pierden entidad como división social con efectos políticos.
Ismael Crespo Martínez, PhD Candidate in Journalism, Universidad de Murcia y José Miguel Rojo Martínez, Investigador FPU, Universidad de Murcia
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
Un debate feminista cada vez más presente
La introducción de la agenda feminista en el debate partidista, y la emergencia de organizaciones de mujeres que buscan posicionar determinadas reivindicaciones con ejercicios de acción colectiva tan relevantes como las huelgas, refuerzan la idea de que el género se está convirtiendo en un importante elemento de confrontación sociopolítica. Afirmar que en España el género se está convirtiendo en un clivaje político es aún arriesgado, pues rompe con medio siglo de evidencias académicas que han tendido a no encontrar diferencias significativas en el comportamiento político según el género del votante. Para impugnar esta tradición sería necesario constatar, al menos, dos hechos:- La existencia de partidos con una base electoral altamente feminizada o masculinizada (“partidos de mujeres” o “partidos de hombres”).
- Diferencias notables en las actitudes políticas según género.