La Virgen del Dulce Nombre de Zaragoza es repuesta al culto tras su restauración
La imagen de María Santísima del Dulce Nombre, titular mariana de la Hermandad y cofradía de La Humildad y Dulce Nombre de Zaragoza, ha sido repuesta al culto tras culminar satisfactoriamente el proceso de restauración al que ha sido sometida en las últimas semanas. La sagrada imagen fue trasladada para su intervención al taller del imaginero Francisco Berlanga de Ávila, autor de la propia talla devocional.
El escultor, natural de Sevilla y discípulo de Francisco Buiza Fernández, ha sido también el encargado de ejecutar el resto de imágenes del misterio, incluida la de Nuestro Señor Jesús de la Humildad. La reposición al culto de la Virgen coincide con la celebración del solemne quinario en honor de Jesús de la Humildad, en un marco de especial intensidad espiritual para la corporación.
La imagen, de 1,72 metros de altura, es una talla de candelero en madera policromada para vestir, concebida según los cánones de la imaginería sevillana. Su rostro recoge el instante exacto en que María rompe a llorar ante el sufrimiento de su Hijo, condenado a muerte por el Sanedrín. La expresión refleja un dolor contenido, profundamente humano, que se funde con la ternura maternal de quien acompaña a Cristo en su Pasión.
BENDECIDA DESDE 1994
La imagen fue bendecida el 19 de marzo de 1994 en una solemne función celebrada en la iglesia de Santa Mónica, por el entonces obispo auxiliar de Zaragoza, D. Carmelo Borobia Isasa, junto con la imagen de Jesús de la Humildad. El hermano mayor de la cofradía, Alejandro Longines, ha destacado que "la vuelta al culto de la Virgen del Dulce Nombre supone un momento de profunda emoción para todos los hermanos. Hemos querido que su restauración la realizara su propio autor para preservar con total fidelidad la esencia y la expresión que él mismo concibió hace más de treinta años".
Finalmente, el hermano mayor ha invitado a todos los fieles y devotos a acercarse al templo para "reencontrarse con el rostro de una Madre que llora con nosotros y por nosotros, pero que también nos enseña a esperar con fe". La advocación del Dulce Nombre remite a la tradición de la Iglesia que celebra el nombre recibido por la Santísima Virgen ocho días después de su nacimiento, según la costumbre judía, agradeciendo los beneficios y gracias que los fieles reciben por su mediación.
Con su regreso al culto, en el contexto del quinario de su Hijo y enmarcada en el altar preparado por la priostía, la Cofradía de La Humildad y Dulce Nombre invita a hermanos y devotos a contemplar de nuevo el rostro de la Madre que llora con esperanza, testigo fiel del misterio redentor de Cristo.