Si hay algo de lo que los pueblos aragoneses pueden estar orgullosos con matrícula es, sin lugar a dudas, de los sabores de su gastronomía. En España y en varios rincones del mundo lo saben, por ello muchas veces los productos aragoneses son vistos como una prueba del sello de calidad que podemos degustar en nuestro país o que, incluso, podemos llegar a exportar a otras naciones.
La gastronomía de los pueblos aragoneses es sabrosa, gracias a productos como sus carnes y embutidos; y también es saludable, gracias a las frutas y verduras de huertas como las de la cuenca del Ebro. Sin embargo, en este “súmmum” alimentario, existen seis localidades aragonesas especialmente destacadas, cada una famosa por un producto en particular, que llevan en el “boca a boca” de la gente desde tiempos inmemoriales y que cuentan con el sello C’ Alial, la Marca de Garantía de Calidad del Gobierno de Aragón.
¿Cuáles son esos pueblos? ¿Cuál es el producto por el que son reconocidos? ¿De verdad sus alimentos son de una calidad que no encuentras en otra parte? Si quieres despejar estas tres incógnitas, sigue leyendo. Porque en este artículo te presentamos seis pueblos aragoneses famosos en todos los rincones por sus productos gastronómicos.
LOS SEIS PUEBLOS ARAGONESES CON GARANTÍA DE CALIDAD
En este listado figuran tres pueblos de la provincia de Huesca, dos de la provincia de Teruel y, finalmente, uno de la provincia de Zaragoza. Cada uno de estos pueblos aragoneses destaca por un producto en particular.
Algunos han obtenido varios de los premios gastronómicos más importantes del mundo y, más concretamente, dos de ellos, cuentan con la aclamada categoría de Denominación de Origen Protegida. Veamos cuáles son:
Almudévar: Trenza de Almudévar
Empezamos este listado con uno de los dulces más populares de España: la trenza de Almudévar. Y es que además de su gran castillo, sus ermitas o sus iglesias, la localidad oscense de Almudévar es conocida en todo el panorama por este producto que genera “placeres culpables”.
Para los que no hayan probado este plato, la trenza de Almudévar se trata de una pieza de hojaldre con mantequilla, elaborada con masa madre fermentada durante 72 horas, y rellena de una yema especial, nueces, almendras fileteadas y pasas maceradas en ron. El toque final lo concede una cubierta glaseada para darle un brillo y una textura crujiente.
El icónico sabor artesano de la trenza de Almudévar, elaborada por la hogareña sede de Pastelerías Tolosana, se ha convertido en una marca de referencia y calidad entre los pueblos aragoneses y, más recientemente, en todo el país, ya que ha llegado a satisfacer los paladares de iconos como Victoria Abril o Mikel López “El Comidista”.
Barbastro: Tomate Rosa
Continuamos por tierras oscenses para destacar el tomate rosa de Barbastro, probablemente uno de los productos aragoneses más condecorados hasta la fecha. El tomate rosa de Barbastro es una variedad que, a simple vista, destaca por su gran tamaño y el característico color que le da nombre.
Sin embargo, cuando se prueba, uno se da cuenta de que este tomate no se parece a nada que haya degustado antes. Se trata de un producto muy carnoso, con una piel fina que apenas tiene semillas. Además, posee una mezcla muy equilibrada entre dulzor y acidez.
A día de hoy, el tomate rosa de Barbastro acumula una gran popularidad, gracias a su promoción a través de eventos como la Muestra de Frutas y Hortalizas de la localidad o el Congreso Nacional del Tomate Rosa, adscrito en el marco de la Feria Regional de Barbastro. Pruebas vivas de que Aragón está orgullosa de este producto y busca, de manera incansable, expandir su renombre por todos los rincones.
Calanda: Melocotón
Transitamos de Huesca hasta Teruel para llegar a Calanda, tierra de cineastas como Buñuel, de milagros y también de melocotones. El melocotón de Calanda ha conseguido, de manera merecida, la categoría de Denominación de Origen Protegida gracias a su tamaño, su color sin estrías, su sabor y su dulzura.
Pero, ¿cuál es la clave para haber conseguido esta repercusión? La diferenciación del melocotón de Calanda se basa en dos técnicas a la hora de su cultivo y recogida: el aclareo y el embolsado. El primero busca eliminar una parte importante de los frutos de cada árbol para poder obtener una uniformidad en sus calibres.
Mientras tanto, el segundo busca mantener los melocotones envasados y protegidos de cualquier polución en el aire hasta el momento de la recolección. Este proceso de producción tiene siglos de antigüedad, puesto que los registros históricos constan la existencia y producción del melocotón de Calanda desde la Edad Media. Un proceso centenario que le ha llevado a contar con una gran repercusión y expansión de venta por toda la comunidad de ciudades y pueblos aragoneses.
Fuentes de Ebro: Cebolla
Llegamos hasta el único pueblo aragonés perteneciente a Zaragoza en esta lista, Fuentes de Ebro. Cuando uno se pregunta sobre la particularidad y diferenciación de una cebolla a otra, seguramente le costará notar una diferencia; pero existe, y se halla precisamente en matices muy concretos.
La cebolla de Fuentes de Ebro destaca por esos matices, ya que se trata de una cebolla de color blanco-paja, jugosa por su alto contenido en agua y, sobre todo, se diferencia de las demás por su sabor suave, digestivo, de escaso picor y con un leve retrogusto en la boca.
Estas propiedades la vuelven la cebolla perfecta para caramelizar sin necesidad de añadir azúcar o para poder complementar una ensalada a gusto de un público general, sin picores excesivos. Unas características que han llevado a la cebolla de Fuentes de Ebro a recibir la categoría de Denominación de Origen Protegida.
Graus: Longaniza
El ayuntamiento renacentista y la Basílica de la Virgen de la Peña son algunos de los monumentos más emblemáticos que Graus tiene por ofrecer. Sin embargo, también cuenta con un monumento gastronómico: su longaniza. La longaniza de Graus, al igual que el Melocotón de Calanda, es un producto con siglos de antigüedad, cuyos orígenes se remontan hasta el siglo XVI.
En aquella época, este embutido artesanal ya viraba por todos los rincones de los pueblos aragoneses, y en la actualidad cuenta con una gran fama por todo el país gracias a su sabor espectacular, elaborado con los mejores cortes de la carne de cerdo (mínimo 70% de carne magra de cerdo y no más de un 30% de panceta, papada o tocino).
Este proceso, complementado con condimentos como la sal, la pimienta, la nuez moscada o el anís, hacen de la longaniza de Graus uno de los productos más sabrosos a la par que multidisciplinares en la gastronomía aragonesa. Y es que puedes consumirla de varias formas: asada o frita, en bocatas, en un plato combinado con patatas, en lentejas o potajes o, incluso, servida en rodajas en una tapa. El límite a su variedad lo pones tú.
Tronchón: Queso
Terminamos esta lista con un producto que conmueve los paladares más exquisitos, el queso, concretamente, el queso de Tronchón. Esta variante natural de la comarca turolense del Maestrazgo destaca por su forma circular, con un hueco en forma de volcán en ambas caras y un característico dibujo en forma de flor sobre su corteza.
Su sabor es de connotación profunda e intensa, y se realiza con leche cruda o pasteurizada de oveja, cabra o ambas en función del ganado que haya disponible en el momento. Eso sí, siempre con ovinos de razas aragonesas, como la rasa o la guirra, entre otras. Con el sello C’ Alial en su figura desde el año 2008, la textura y el sabor del queso de Tronchón han cobrado tanta fama que su producción se ha llegado a extender hasta territorios como la Comunidad Valenciana, en provincias como Castellón.
Pero no es de sorprender, ya que los registros históricos confirman que en 1615 ya era un queso célebre en toda España. Tan célebre que hasta Miguel de Cervantes lo llegó a mencionar en dos capítulos de su obra magna, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, una prueba más de la marca e influencia de los pueblos aragoneses sobre el país.
De esta manera, Aragón, con su rica tradición y su pasión por los sabores auténticos, ha convertido a estos seis pueblos en guardianes de su legado culinario. Cada producto, desde la delicada trenza de Almudévar hasta el intenso queso de Tronchón, lleva consigo la historia, el esfuerzo y la dedicación de los precursores de los pueblos aragoneses. Con su marca de Garantía de Calidad, son más que alimentos; son símbolos de identidad, orgullo y excelencia. Porque se puede viajar por Aragón visitando su cultura y su patrimonio, pero también es necesario realizar “viajes” de sabores a través de sus productos, a través de su identidad. ¡Prueba estos productos autóctonos cuando tengas la oportunidad! No te arrepentirás.

