El olor a guiso recién hecho, casquería elaborada a fuego lento y la cocina de siempre vuelve a colarse en una de las esquinas más reconocidas de la plaza Santa Marta de Zaragoza. Allí, donde estuvo durante 27 años el querido Rincón de Curro, ahora se halla Serafín, el nuevo proyecto del sumiller Emilio Blanes y el cocinero Luis Bernad, dos nombres con solera que han unido caminos para levantar un bar con alma de taberna y corazón de cocina lenta.
Además de ser un homenaje al abuelo del summiller, Serafín representa una forma de cocinar que ambos defienden con pasión: platos con los sabores de siempre, elaborados con productos de temporada y cocciones largas. “Llevo 27 años en la profesión y he hecho cocina de vanguardia, cocina minimalista… Me tocó la época de Ferrán Adriá, pero echaba de menos un sitio con la comida de toda la vida. Creo que hacía falta en la plaza Santa Marta”, ha señalado Bernad, quien ahora enciende los fogones con una propuesta que recupera la memoria del guiso, del escabeche, la casquería hecha con cariño, paciencia y cabeza.
Blanes y Bernad se conocieron durante su trayectoria en Los Xarmientos, pero tras una conexión inmediata, decidieron emprender un proyecto propio: “Teníamos el equipo hecho, vimos este local y dijimos: para adelante”, recuerda Emilio, que lleva toda una vida en hostelería (concretamente desde los 12 años) y fue uno de los primeros sumilleres titulados en Aragón.
Apenas una semana y media después de levantar la persiana, el nuevo bar Serafín llena a diario, atrayendo tanto a los nostálgicos de aquel histórico Rincón de Curro, los fieles de Los Xarmientos o a los curiosos que visitan esta plaza de Zaragoza referente en gastronomía. Y es que el motivo está claro: buena cocina, mejor bebida y un enfoque auténtico y tradicional.
- GUISOS, CASQUERÍA Y ESCABECHES: UNA PROPUESTA DE AUTOR COMO LA DE "SIEMPRE"
- APERITIVO EN LA TERRAZA: GILDAS, GUARDIAS CIVILES Y MUCHO MÁS
- DE CURRO A SERAFÍN: 27 AÑOS DE HISTORIA Y UN NUEVO CAMINO EN SANTA MARTA
GUISOS, CASQUERÍA Y ESCABECHES: UNA PROPUESTA DE AUTOR COMO LA DE "SIEMPRE"
En la carta de bar Serafín hay más de una veintena de elaboraciones diferentes, muchas de ellas disponibles en medias raciones generosas. “Aquí no se pasa hambre y tampoco sed, porque por vino no va a ser”, señala con humor Luis, haciendo referencia a la amplísima carta de vinos, aguardientes o cavas seleccionados por Emilio.
En cuanto a la gastronomía, hay platos que destacan por recuperar sabores de siempre con un enfoque distinto. Desde unos callos según la receta de la abuela hasta una oreja confitada convertida en lingote crujiente por fuera y meloso por dentro, servido con hummus de garbanzo y curry. También elaboran escabeches con toques frescos y modernos, como el de codorniz con pochas o el de ventresca de atún o bonito con tomates fritos y notas picantes.
Luis también presume con razón de su panceta confitada a baja temperatura y luego marcada al carbón como si fuese una chuleta. “Aquí la clave es tocar tu tecla, no la de todos. Si todo el mundo hace cocina de fusión o hamburguesas, yo prefiero una carrillera bien hecha, con jugo de huesos y mantequilla. Que se note el curro”, resume.
Hay sitio también para los platos de siempre, como el salmorejo de tomate rosa con queso de oveja, el lomo de caballa con patata pescador o un secreto ibérico con puré de zanahoria y naranja. Todo hecho en casa. Incluso los postres, que elabora el propio equipo de cocina.
El menú del día —que se mantiene por demanda de su clientela habitual— incluye dos platos (uno frío y otro caliente), a elegir entre carne o pescado, postre y bebida por unos 22 euros. Los platos cambian semanalmente e incluyen propuestas como caballa a la plancha, secreto con puré de zanahoria y naranja, o noodles salteados con verduras.
APERITIVO EN LA TERRAZA: GILDAS, GUARDIAS CIVILES Y MUCHO MÁS
Aunque la cocina de Serafín es compleja, su propuesta también tiene un lado informal y festivo. En la terraza se sirven tapas como la gilda o el “guardia civil”, pensadas para quienes quieren tomar un vermut o picar algo antes de comer. Pero como todo en este bar, las hacen con personalidad.
“No me gusta hacer lo que hace el vecino. Así que sí, tenemos gilda y guardia civil como en El Lince, pero las nuestras tienen una vuelta de tuerca”, explica Luis. El pan es brioche, el tomate va en espumato, el pimiento verde se emulsiona... “Si lo hacemos, lo hacemos con cariño y con cabeza”, señala el cocinero.
Este tipo de tapas funcionan muy bien como aperitivo o entre horas. “Mucha gente viene solo a tomar algo. Se sientan en la terraza, prueban una tapa, se beben un vino y siguen la ronda por otros bares de la plaza Santa Marta. Y eso también está bien”, añade.
Otro punto fuerte de su carta son las raciones que, a parte de ser abundantes, también son asequibles para cualquier bolsillo, ya que puedes encontrar papas o rabas de calamar desde 8 euros. Esa capacidad para adaptarse a cada tipo de cliente —el que viene a comer fuerte y el que solo quiere un tentempié— es una de las claves del éxito inicial de Serafín.
DE CURRO A SERAFÍN: 27 AÑOS DE HISTORIA Y UN NUEVO CAMINO EN SANTA MARTA
La plaza Santa Marta no es solo una ubicación bonita. Para Emilio y Luis, es un punto de encuentro intergeneracional, lleno de vida, sombra y buen ambiente. “Aquí entra todo tipo de gente. Turistas, vecinos de siempre, amantes del vino, familias… Y eso nos encanta”, afirma Emilio. Para honrar esa historia, han decidido mantener en el toldo el nombre del antiguo local, Rincón de Curro, como homenaje a Ana y Curro que estuvieron allí durante casi tres décadas.
Con su apertura, bar Serafín suma una propuesta diferente al panorama gastronómico de la plaza Santa Marta, apostando por la tradición bien hecha, los guisos de siempre, una carta de vinos de nivel y un espíritu cercano. Aquí hay cocina lenta, servicio vocacional y una terraza que invita a quedarse. Porque como dice Emilio: “Serafín es para todo el mundo. Pero sobre todo, para quien disfruta comiendo de verdad”.







