Unas bodas de plata no se cumplen todos los días. Que se lo digan a Ahmet Saglik, dueño del kebab más antiguo de Zaragoza. Llegó a la ciudad en 1994, después de haberse enamorado de Jaca en 1989, a donde viajó con su grupo de baile folclórico para actuar. Años después, ya en Turquía, recibió una oferta de trabajo de un comerciante de alfombras zaragozano, que le facilitó un contrato con permiso de residencia para instalarse en la capital aragonesa.
En el año 2000, tras haber conocido la cultura española, decidió embarcarse en la aventura de abrir el primer kebab en Zaragoza, tras comprobar que en otras urbes como Madrid esta delicia turca ya empezaba a hacerse un hueco en España. Lo que en un principio era una apuesta arriesgada pronto se convirtió en todo un éxito.
House of Medusa es el nombre del local que todavía hoy se mantiene en pleno Casco Histórico (calle Hermanos Argensola, 8). El término homenajea tanto al mítico monstruo griego como a un kebab, con ese mismo nombre, frente a la mezquita de Santa Sofía, donde Ahmet había trabajado como camarero.
El hostelero recuerda cómo, en aquellos primeros años, los clientes se quedaban anonadados al ver cómo se elaboraba este plato tradicional de la gastronomía turca. Esa curiosidad inicial hizo que cada vez más zaragozanos se interesaran y que Ahmet llegara a contar con cuatro locales en la capital aragonesa: Hermanos Argensola, calle Cádiz, Arzobispo Doménech y María Zambrano, esquina con Valle de Broto.
UN PLATO QUE ROMPIÓ ESQUEMAS
Aunque antes de la pandemia la carta era más amplia, con ensaladas y otros platos turcos, actualmente Medusa se centra en los kebabs al gusto y en postres como el baklava. La receta clásica incluye pan de pita, ternera, lechuga, tomate y salsas, por un precio de 7 euros y también cuenta con opciones vegetarianas.
Ahmet insiste en que su secreto está en la transparencia: no hay cocina oculta y los clientes ven la forma en la que se prepara todo desde el primer minuto. "Cuento con la mejor carne de la ciudad y eso se nota en el sabor", asegura orgulloso.
LOS CLIENTES SON EL MOTOR
El negocio ha cambiado con la pandemia: ahora la mayoría de pedidos son para llevar. Sin embargo, la esencia sigue intacta. "El 95% de mis clientes son de siempre. Viene gente de Utebo solo para coger un kebab y volver a casa”, explica a ARAGÓN DIGITAL
Para él, la clave de haber mantenido el negocio durante tanto tiempo está en crear un ambiente acogedor y hacer que los clientes se sientan como en casa. Por eso, el restaurante cuenta con una decoración que te transporta a Turquía: información sobre su historia y cultura, litografías y hasta una biblioteca que invita a quedarse un rato más.
Porque, aunque el objetivo de cualquier negocio es vender, Ahmet ha logrado algo más: crear una comunidad. Y son esas experiencias humanas las que más le llenan de orgullo. “El otro día vino una señora con su hijo. Ella apenas hablaba, tenía Alzheimer. Su hijo me explicó su situación y me contó que, un día, le pidió por favor que la llevara a comer un kebab al Medusa. En ese momento se me puso la piel de gallina y pensé: soy el hombre más feliz del mundo”.
EL SECRETO DEL ÉXITO
Tras 25 años de historia, Ahmet tiene clara la receta de su éxito: “El secreto está en el día a día. Hay que estar seguro de uno mismo y de lo que haces”. Con esa filosofía ha conseguido que su kebab no solo sea un negocio, sino un lugar de encuentro para los zaragozanos.

