Las patatas más famosas de Bélgica llegan a Zaragoza
Zaragoza tiene nuevo objeto de deseo gastronómico en pleno centro: El Belga, un pequeño local que guarda un enorme secreto en su interior. Abrió el 28 de diciembre en la siempre transitada calle Alfonso y, desde entonces, su olor a fritura tradicional belga está atrayendo a todo el que pasa. No hablamos de unas patatas cualquiera, sino de esas frites crujientes que muchos han probado en Bruselas y que ahora, por fin, pueden saborearse sin coger un avión.
La historia detrás del proyecto es tan auténtica como su sabor. Una pareja mitad española y mitad belga decidió traer a Zaragoza la experiencia que siempre enamora a los viajeros que aterrizan en Charleroi: un cono de patatas recién hechas, irresistibles por fuera y cremosas por dentro, coronadas con salsas que solo se encuentran allí. Querían que los zaragozanos vivieran ese momento tan especial… y lo han conseguido.
CARACTERÍSTICAS DE EL BELGA
El rasgo más distintivo del local es su proceso de doble fritura tradicional, una técnica que comienza cada mañana con el corte a medida de las patatas a 14 milímetros. La primera fritura se realiza durante seis minutos en grasa de ternera importada, y la segunda, mucho más breve, se hace al momento de servir, buscando el equilibrio entre un exterior crujiente y un interior muy tierno.
El Belga cuenta además con nueve salsas artesanales, entre ellas la mayonesa clásica, la tártara o propuestas más intensas como la samurái. Todas llegan desde Bélgica, y los conos están diseñados de forma que permiten utilizarlas sin complicaciones. Aunque la patata es el producto principal, el local incorpora también varios snacks típicos belgas como fricandelle, boulettes, mexicano, poulicroc o cervela XXL.
La carta apuesta por precios accesibles: un cono cuesta 4,60 euros y los menús comienzan a partir de 7,20 euros, con opciones individuales, para dos personas o para grupos. No es un restaurante ni un local de comidas largas; se trata de un formato rápido que centra la experiencia en un único producto, preparado con fidelidad al modo belga.
DÓNDE SE ENCUENTRA
El establecimiento está situado en un punto clave de la ciudad: calle Alfonso, una vía que garantiza un flujo constante de vecinos y turistas. Con solo 25 metros cuadrados, El Belga ha optado por un modelo take away, lo que permite que el espacio funcione de manera ágil y sin esperas prolongadas.
Para facilitar el consumo en la calle, las bebidas se ofrecen en envases de medio litro con tapón roscable, un detalle práctico que encaja bien con la dinámica del local. El horario amplio y la ubicación céntrica lo convierten en una parada habitual para quienes recorren el Casco Histórico, estudiantes que se mueven entre facultades o trabajadores en pausa.
Aunque la carta aún no incluye cervezas belgas, está previsto incorporarlas pronto. También se plantea ofrecer delivery en una segunda fase, una vez que el funcionamiento interno esté consolidado. Plataformas como Just Eat ya han mostrado interés previo.