Padres aragoneses, hijos ucranianos

Lágrimas, besos, abrazos y gritos de alegría. En algunos casos sólo han pasado seis meses, en la mayoría un año desde que se separaron. Éste es el reencuentro de los niños ucranianos con sus “padres” aragoneses, que han tenido que armarse de paciencia para resistir las tres largas horas de espera sumadas a los dos días que fue postergado el vuelo que transportaba a estos niños desde la capital del país eslavo, Kiev, a la capital aragonesa.

Zaragoza.- El nerviosismo es el protagonista en la espera de este reencuentro. Algunas de las familias que han llegado hasta el aeropuerto de Zaragoza a la espera del vuelo procedente de Kiev acogen a un niño por primera vez, si bien la mayoría participa en este programa de acogida, puesto en marcha por la Asociación Asistencia a la Infancia desde hace varios años. Es el caso de la familia de Tomás Nasarre, que espera por cuarta vez a su “pequeña Greta Garbo”, un nombre que le han dado a la pequeña por el parecido encontrado en la niña ucraniana cuando hace cuatro años llegó por primera vez a Zaragoza con “una bolsa de plástico llena sólo hasta la mitad”.

La familia Nasarre supo de la existencia de la Asociación Asistencia a la Infancia a través del programa televisivo “Espejo público”, que en 1999, dos años después de que esta organización iniciara su andadura, mostró un reportaje de la labor de la organización en los orfanatos ucranianos.

“Vi el programa de televisión donde salían las casas de niños en Ucrania, luego coincidió que una de las niñas que ahí salía fue la que destinaron a mi familia”, nos cuenta Tomás, quien después de este reportaje entró en contacto con la Asociación para que le explicaran todas las condiciones para la participación en ese programa de acogida.

La familia de Tomás, intentó el año pasado dejar a la niña en España para que cursase aquí sus estudios, pero unos trámites burocráticos hicieron imposible este deseo. No obstante, su empeño no decae y están buscando otras posibilidades para dar a la pequeña, una de las miles que viven una realidad difícil en su país de origen, la oportunidad de realizarse.

"UNA EXPERIENCIA QUE HAY QUE VIVIR"

Como la familia Nasarre, hay otras 800 familias aragonesas que pertenecen a Asistencia a la Infancia.  No todas tienen la posibilidad de acoger niños, pero todas colaboran, en la medida de sus posibilidades, para permitir a ese pequeño número de niños, que crece año tras año, tener una familia, al menos durante el verano.

Y es que "las madres y los padres” estivales reciben a sus “hijos” ucranianos con la misma emoción que a un hijo natural. Pilar G. asegura que sus niñas “son hijas que se van a estudiar a Ucrania y vienen a veranear”. Su familia acoge a estas pequeñas por sexta vez en el verano y por cuarta en las navidades; ahora Nadia y Tamara tienen 14 y 13 años, y "siempre vienen España a cumplir años”, explica orgullosa.

Pilar asegura que para ella esta experiencia es muy reconfortante: “Hay que vivirla”. Nada más aterrizar y reencontrarse con su "madre" española, las niñas ucranianas despliegan todos sus esfuerzos en demostrar su alegría. “Estoy contenta de estar en España con una familia que me gusta”, explica Nadia en su español básico, que no ha olvidado desde su visita anterior, a pesar de no practicarlo durante los meses que regresa a su país. 

La gran mayoría de los niños procede de orfanatos, otros provienen de familias muy necesitadas y la gran mayoría sufre las consecuencias radioactivas de la catástrofe nuclear de Chernobyl de 1987. Diez años más tarde, esta Asociación de Asistencia a la Infancia se constituyó con el fin de aumentar las esperanzas de estos niños. Entonces llegaron sólo 26 chavales que, año tras año, han ido aumentando, al igual que las familias que se han ido asociando, hasta llegar a los 203 niños de esta última acogida.

La Asociación Asistencia a la Infancia se dedica al acogimiento temporal de estos niños, no teniendo este programa ningún carácter preadoptivo, y sin limitar su labor a la acogida busca ayudas e inversiones para mejorar las condiciones de vida en el país de origen de los niños, donde la desidia gubernamental obliga a estos menores a vivir en la mayor precariedad.

ACOGIDA TEMPORAL NO PREADOPTIVA

Reencuentro

La Asociación no es contraria a la adopción, simplemente no está comprendida en sus estatutos, lo que motiva que muchos “padres” temporales se queden sin sus "hijos" si éstos, al encontrarse en “régimen de adopción”, llegan a ser solicitados por otra familia.

Éste es el caso de la familia de Clemente Latorre que este verano espera “por primera vez” a un niño; primera vez, después de un relevo de casi dos años motivado por la pérdida de ánimo que les causó saber que el niño que habían acogido dos años seguidos no podía llegar por tercera vez por haber sido adoptado por una familia americana.

“Nos sentimos muy mal, pero nos alegramos mucho por él, ya que al fin encontró una familia”, cuenta Clemente, quien al esperar al pequeño que esta vez se convertirá en un miembro más de su familia, comprende que “puede pasar lo mismo que con el anterior niño, pero lo sabemos y lo aceptamos; no podemos hacer otra cosa”. Clemente y Mari Cruz, junto a sus hijos mayores, reciben con gran emoción al pequeño Dima, de 4 años.  Dima está asustado pero no llora y “se parece al padre”, bromean.

Es tal la cercanía que tienen con estos “hijos” de verano, que mientras esperan la llegada del Boeing que traslada a los niños, los padres hablan con orgullo sobre ellos, hay quienes se atreven a confirmar que “hasta se parece a mí”. Más tarde, cuando los niños recogen sus equipajes, intentan verlos desde lejos, reconocerlos y anunciar a sus compañeros de la asociación que “se ha vuelto toda una señorita”, “se ha puesto guapa”, “ha crecido muchísimo”...; palabras que luego se vuelven a repetir, pero ya dirigidos a cada uno de los menores que esperan que, a su vez, se lanzan contra ellos con risas, abrazos, besos, saltos y alguna lagrimilla, cada quien como mejor sabe expresar su emoción.

PRIMERA VEZ

Hay quienes participan de este programa por primera vez. Es el caso de José Manuel Zapatero, Carmen Zarroca y su niña de 6 años, Bárbara, que esperan a una niña de 8 años. Ellos, además de su labor profesional, son monitores de tiempo libre y decidieron asociarse “por solidaridad”, pero no sólo con los niños que vienen y están desamparados, sino también como “ayuda a nuestra hija para que aprenda que en la vida hay otras cosas y otras realidades”, explica José Manuel, al tiempo que agrega que esta experiencia esta enseñando a su niña a “medir sus caprichos”.

“Siempre pensamos que tenemos poco, nos movemos en un mundo muy egoísta; es necesario entender que ese poco a muchos niños les sobraría”, agrega Carmen, quien también afirma que en este programa participan los tres y Bárbara espera a esa “tata” de verano con las mismas ansias que sus padres.  "Hemos comprado una cama, he dormido en ella una semana y le vamos a regalar una muñeca”, explica Bárbara. José Manuel entiende que para estos niños significa mucho saber que hay quien se preocupa por ellos; pasan “de no sentirse queridos a tener alguien que los apoya, que les da un poco de cariño”, añade.

NO SÓLO EN VERANO

Felicidad

Aunque hay algunos padres que organizan un segundo viaje en Navidades, “no todos tienen las posibilidades de traerlos dos veces al año”, explica el vicepresidente de la organización, Luis Estallo.  No obstante, y además de estos programas de acogida, la Asociación también está activa durante el resto del año. Cada familia intenta mantener comunicación con “su niño” entre viaje y viaje, mientras la Asociación busca inversiones y ayudas y controla que se lleven a cabo las obras previstas en los orfanatos ucranianos donde residen los pequeños.

En los últimos años, gracias al esfuerzo desinteresado de las familias asociadas, ha sido posible realizar reparaciones en los baños de Berezan, se han adquirido calentadores para el orfanato de Voloshka que no contaba con agua caliente, se ha reformado el comedor del orfanato de Volodarka con la ayuda del Ayuntamiento de Cariñena y se ha adquirido un medio de transporte para esta casa de menores que se encuentra alejada de núcleos habitados.

Dentro de esta línea de actividades, el caso más original es el desalojo total del orfanato de Tarashcha, puesto que todos los niños van a ser acogidos por familias aragonesas para poder realizar una reforma general del edificio, que alberga a 29 niños.  En concreto, las obras se están realizando gracias a la colaboración de la Asociación de Familias Adoptantes de Aragón (AFADA) y la empresa Imaginarium, que destinó cerca de 10.000 euros, producto de la venta de sus “ositos solidarios”.

Los programas de cooperación de Asistencia a la Infancia incluyen también envíos humanitarios de ropa, calzado, material escolar, ordenadores y productos higiénico-sanitarios y de limpieza a 15 orfanatos distribuidos en los alrededores de Kiev; sin contar con las maletas repletas que los padres envían con cada niño, a sabiendas de que serán repartidas con los niños que se han quedado en los orfanatos de Ucrania sin poder venir a Aragón a disfrutar de su "verano de esperanza".